/ martes 6 de agosto de 2019

Rescate Tierra / Las redes sociales y los jóvenes

… El tercer grupo, es una generación que utiliza la tecnología para comunicarse. Chatean, se enamoran, socializan, compran, se informan, aconsejan, hacen política, por medio de dispositivos electrónicos, redes sociales y aplicaciones, hacen amigos por Facebook o Tinder, ven imágenes en Instagram, compran boletos de cine o vuelos por apps, se enteran de noticias falsas en sus redes sociales, sustituyen la posibilidad de contacto presente por un mensaje que elimina el contacto, la vista, la voz y el aprecio…

Esa generación de jóvenes, recibirá una generación de menores hoy en formación o deformación, resultado en algunos casos, de familias de una sola Mamá o Papá, o educados por una sociedad que decidió perder su identidad y niega el ser, por el hacer.

Crear una identidad, no es fácil, cuando menos se requieren dos generaciones que repitan los mismos parámetros de comportamiento para que estos se consoliden. Un ejemplo es la identidad nacional definida a mediados del siglo pasado con las películas de charros. El mexicano de palabra, que hablaba del respeto al derecho ajeno, de las naciones, que protegía los intereses latinoamericanos. Un México, visto como líder en centro y Sudamérica. De hombres cabales y mujeres abnegadas.

Hoy la inseguridad, el crimen organizado, la corrupción identifican a nuestro país más allá de las fronteras. El proceso de globalización de las comunicaciones bombardea nuestra sociedad, haciendo lenta la asimilación de una identidad mexicana y promoviendo una cultura que tiene un poco de todo, tenemos racismo, porque en el norte de la frontera hay grupos que desprecian a los de color negro, se intentan legalizar las drogas, porque del otro lado de la frontera la marihuana y la cocaína son comunes y pareciera qué del otro lado del mar, también. Nos imponen una revolución sexual impulsada por años en naciones donde el amor al ser humano, fue derrotado por el amor a las cosas, al dinero, al estatus y sólo había que buscar la satisfacción momentánea, sin lazos, sin responsabilidades. El valor del hombre, tiende a ser medido por su riqueza. Hoy nuestros jóvenes no quieren casarse y tampoco tener hijos. Al mundo le urge bajar la tasa de natalidad y para lograrlo, los líderes de opinión y quienes definen las políticas públicas mundiales impulsaron una percepción y acciones para reducir los nacimientos, promover el aborto e impulsar relaciones sexuales en parejas no fecundas.

El resultado ha sido un endurecimiento del corazón. La empatía humana se ha reducido. Somos objetos de uso, útiles para el trabajo y la generación de riqueza, para naciones que niegan los derechos humanos, las pensiones y que quizá pronto, aceleren la eutanasia para escapar de una vida sin esperanza.

Dicen los que saben, qué el ser humano cumple ciclos y lo que hoy es moda, mañana no lo es. Que la pérdida de valores en otra vuelta se recupera y la alternancia en el poder hace desaparecer a los malos gobiernos. Sin embargo, la globalización mundial, impide que los ciclos se cumplan y a menos que haya un conflicto o crisis mundial, la anestesia de los sentidos en la lucha por la supervivencia, acelera la destrucción del mundo en que vivimos y del ser humano.

Ojalá alcancemos a hacer un alto…

… El tercer grupo, es una generación que utiliza la tecnología para comunicarse. Chatean, se enamoran, socializan, compran, se informan, aconsejan, hacen política, por medio de dispositivos electrónicos, redes sociales y aplicaciones, hacen amigos por Facebook o Tinder, ven imágenes en Instagram, compran boletos de cine o vuelos por apps, se enteran de noticias falsas en sus redes sociales, sustituyen la posibilidad de contacto presente por un mensaje que elimina el contacto, la vista, la voz y el aprecio…

Esa generación de jóvenes, recibirá una generación de menores hoy en formación o deformación, resultado en algunos casos, de familias de una sola Mamá o Papá, o educados por una sociedad que decidió perder su identidad y niega el ser, por el hacer.

Crear una identidad, no es fácil, cuando menos se requieren dos generaciones que repitan los mismos parámetros de comportamiento para que estos se consoliden. Un ejemplo es la identidad nacional definida a mediados del siglo pasado con las películas de charros. El mexicano de palabra, que hablaba del respeto al derecho ajeno, de las naciones, que protegía los intereses latinoamericanos. Un México, visto como líder en centro y Sudamérica. De hombres cabales y mujeres abnegadas.

Hoy la inseguridad, el crimen organizado, la corrupción identifican a nuestro país más allá de las fronteras. El proceso de globalización de las comunicaciones bombardea nuestra sociedad, haciendo lenta la asimilación de una identidad mexicana y promoviendo una cultura que tiene un poco de todo, tenemos racismo, porque en el norte de la frontera hay grupos que desprecian a los de color negro, se intentan legalizar las drogas, porque del otro lado de la frontera la marihuana y la cocaína son comunes y pareciera qué del otro lado del mar, también. Nos imponen una revolución sexual impulsada por años en naciones donde el amor al ser humano, fue derrotado por el amor a las cosas, al dinero, al estatus y sólo había que buscar la satisfacción momentánea, sin lazos, sin responsabilidades. El valor del hombre, tiende a ser medido por su riqueza. Hoy nuestros jóvenes no quieren casarse y tampoco tener hijos. Al mundo le urge bajar la tasa de natalidad y para lograrlo, los líderes de opinión y quienes definen las políticas públicas mundiales impulsaron una percepción y acciones para reducir los nacimientos, promover el aborto e impulsar relaciones sexuales en parejas no fecundas.

El resultado ha sido un endurecimiento del corazón. La empatía humana se ha reducido. Somos objetos de uso, útiles para el trabajo y la generación de riqueza, para naciones que niegan los derechos humanos, las pensiones y que quizá pronto, aceleren la eutanasia para escapar de una vida sin esperanza.

Dicen los que saben, qué el ser humano cumple ciclos y lo que hoy es moda, mañana no lo es. Que la pérdida de valores en otra vuelta se recupera y la alternancia en el poder hace desaparecer a los malos gobiernos. Sin embargo, la globalización mundial, impide que los ciclos se cumplan y a menos que haya un conflicto o crisis mundial, la anestesia de los sentidos en la lucha por la supervivencia, acelera la destrucción del mundo en que vivimos y del ser humano.

Ojalá alcancemos a hacer un alto…

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