/ sábado 16 de marzo de 2019

Resignificado de los Derechos Humanos


La paz es un derecho humano

La construcción de la paz no es solamente una utopía, ni un ideal, es un derecho y un deber de los Estados, de los pueblos, los grupos y los individuos.

La Declaración de Derechos Humanos Emergente expresa que “todos los seres humanos y los pueblos en que se integran tienen derecho a que la vida humana sea garantizada por un sistema social en el que los valores de paz y solidaridad sean esenciales y en el que los conflictos se resuelvan mediante el diálogo y otras formas de acción social pacíficas”. Es necesario que todas las personas y las instituciones desde nuestras acciones cotidianas construyamos este sistema de coexistencia pacífico; hay que abrir la mente para entender que la concordia no sólo se manifiesta con la ausencia de guerra o conflictos, sino que es un derecho humano, prerrequisito indispensable para el ejercicio de otros derechos; por lo que necesariamente tenemos que trabajar para tener entornos seguros, sin violencia; un mundo que no destruya las capacidades de los individuos, donde no se transgreda al otro, donde no se le vulnere por ser diferente, donde se pueda acceder sin limitantes a los derechos fundamentales.

El Estado tiene la obligación de promover mejores condiciones económicas, políticas, sociales y culturales con miras a impulsar esta existencia común; donde se permita la libre determinación de sus pueblos, se desaliente el racismo, la discriminación y la segregación. Incluso se debe emprender la promoción de solidaridad y apoyo interestatal, donde entidades y municipios trabajen por la armonía de sus similares. Ni una colectividad ni una persona podrán vivir en paz sabiendo que su bienestar se produce a costa de los derechos de los demás.

La paz debe prevalecer en todos los entornos de convivencia, reflejada en un ambiente donde se respete la dignidad y cada quien pueda ejercer sus libertades.

La paz ha de unir a las naciones, pero en este siglo XXI emerge para unir a las personas y recordar a los Estados el deber que tienen con cada una de ellas.

El respeto y la aceptación de puntos de vista diferentes, la creación de canales de comunicación y respeto mutuo, la resignificación y la sociabilidad de los derechos humanos configuran un deber; y representa acciones indispensables que sin duda se han de emprender en el Estado de México.

“La paz es nuestra recompensa”, Mahatma Gandhi.


La paz es un derecho humano

La construcción de la paz no es solamente una utopía, ni un ideal, es un derecho y un deber de los Estados, de los pueblos, los grupos y los individuos.

La Declaración de Derechos Humanos Emergente expresa que “todos los seres humanos y los pueblos en que se integran tienen derecho a que la vida humana sea garantizada por un sistema social en el que los valores de paz y solidaridad sean esenciales y en el que los conflictos se resuelvan mediante el diálogo y otras formas de acción social pacíficas”. Es necesario que todas las personas y las instituciones desde nuestras acciones cotidianas construyamos este sistema de coexistencia pacífico; hay que abrir la mente para entender que la concordia no sólo se manifiesta con la ausencia de guerra o conflictos, sino que es un derecho humano, prerrequisito indispensable para el ejercicio de otros derechos; por lo que necesariamente tenemos que trabajar para tener entornos seguros, sin violencia; un mundo que no destruya las capacidades de los individuos, donde no se transgreda al otro, donde no se le vulnere por ser diferente, donde se pueda acceder sin limitantes a los derechos fundamentales.

El Estado tiene la obligación de promover mejores condiciones económicas, políticas, sociales y culturales con miras a impulsar esta existencia común; donde se permita la libre determinación de sus pueblos, se desaliente el racismo, la discriminación y la segregación. Incluso se debe emprender la promoción de solidaridad y apoyo interestatal, donde entidades y municipios trabajen por la armonía de sus similares. Ni una colectividad ni una persona podrán vivir en paz sabiendo que su bienestar se produce a costa de los derechos de los demás.

La paz debe prevalecer en todos los entornos de convivencia, reflejada en un ambiente donde se respete la dignidad y cada quien pueda ejercer sus libertades.

La paz ha de unir a las naciones, pero en este siglo XXI emerge para unir a las personas y recordar a los Estados el deber que tienen con cada una de ellas.

El respeto y la aceptación de puntos de vista diferentes, la creación de canales de comunicación y respeto mutuo, la resignificación y la sociabilidad de los derechos humanos configuran un deber; y representa acciones indispensables que sin duda se han de emprender en el Estado de México.

“La paz es nuestra recompensa”, Mahatma Gandhi.