/ jueves 16 de noviembre de 2017

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Su primer biógrafo, el padre Diego Calleja, escribió que ella había nacido el viernes 12 de noviembre de 1651 a las 11:00 de la noche, lo que se tuvo por cierto durante 250 años.

¿Por qué se quitaba los años?, por una razón de fondo: Sor Juana trataba de ocultar su ilegitimidad, no quería que se supiera que era “hija de la Iglesia” o “hija natural”, situación que claramente decía su partida bautismal encontrada en Chimalhuacán, jurisdicción eclesiástica a la que pertenecía Nepantla, Estado de México, lugar en donde había nacido y que tiene como fecha 2 de diciembre de 1648.

En ese entonces, mediados del siglo XVII, el que se conociera que era hija natural, que su padre había abandonado a su madre y sus dos hermanas y a ella, era un obstáculo muy grande no sólo para estudiar, también para entrar a la corte virreinal, como dama de la virreina, para tener pretendientes con posibilidades, para ingresar al convento, para ser tratada en los altos círculos religiosos, culturales sociales, en fin, para ser tomada en cuenta y ser respetada.

Después de aprender a leer y escribir, sin el permiso de su madre, decidió un día irse al embarcadero de Ayotzingo, en Chalco, cruzar el lago, entrar por el Canal de La Viga hasta la plaza mayor de la “Imperial Ciudad de México” y llegar al muelle que se encontraba en el costado sur del palacio virreinal, el centro del poder político de la Nueva España.

Al llegar a esa gran ciudad, y en el trayecto hacia la casa de su tía, hermana de su mamá, casada con un hombre influyente, seguramente le comentaron que en 1629, unos años antes de que ella naciera, había sucedido la más grande inundación jamás vista y mantuvo a la ciudad anegada durante cinco años, lo que ocasionó epidemias y muertes.

Con el apoyo del tío, a los 16 años de edad entra a la corte virreinal, convirtiéndose en poetisa oficial de palacio y su prestigio fue cada vez mayor, ocultando su origen de “hija natural”, inclusive cuando la presentaron en la corte tuvo que afirmar: “ser hija legítima del capitán español Pedro Manuel de Asbaje, quien lamentablemente había fallecido”; lo mismo dice a dos de sus enamorados, y que no se sabe si descubrieron la verdad de su origen y la desilusionaron. Y a quien ella dirigió sendos duros y claridosos poemas, con un dolor profundo, y decepción amorosa, uno a “Silvio” y otro a “Fabio”.

Una vez más el problema de su origen “natural” se presenta cuando quiere ingresar a un convento, ella no tenía vocación religiosa, entonces ¿porque al ser hija ilegítima abandonada por su padre a la edad de dos años, carecía de apoyos y de una “dote” para aspirar a un matrimonio de cierto rango? No se sabe.

Pero vuelve a ocultar su origen en el libro de las Profesiones de San Jerónimo “Yo, Sor Juana Inés de la Cruz, hija legítima del capitán Pedro M. de Asbaje y de Isabel Ramírez... hago voto de vivir y morir todo el tiempo y espacio de mi vida, en obediencia. Pobreza, perpetua clausura y castidad”...

Sor Juana Inés de la Cruz tenía muchas razones, impuestas por una sociedad que marginaba y señalaba duramente a los hijos naturales, por las cuales ocultaba su origen y fecha de nacimiento.

Su primer biógrafo, el padre Diego Calleja, escribió que ella había nacido el viernes 12 de noviembre de 1651 a las 11:00 de la noche, lo que se tuvo por cierto durante 250 años.

¿Por qué se quitaba los años?, por una razón de fondo: Sor Juana trataba de ocultar su ilegitimidad, no quería que se supiera que era “hija de la Iglesia” o “hija natural”, situación que claramente decía su partida bautismal encontrada en Chimalhuacán, jurisdicción eclesiástica a la que pertenecía Nepantla, Estado de México, lugar en donde había nacido y que tiene como fecha 2 de diciembre de 1648.

En ese entonces, mediados del siglo XVII, el que se conociera que era hija natural, que su padre había abandonado a su madre y sus dos hermanas y a ella, era un obstáculo muy grande no sólo para estudiar, también para entrar a la corte virreinal, como dama de la virreina, para tener pretendientes con posibilidades, para ingresar al convento, para ser tratada en los altos círculos religiosos, culturales sociales, en fin, para ser tomada en cuenta y ser respetada.

Después de aprender a leer y escribir, sin el permiso de su madre, decidió un día irse al embarcadero de Ayotzingo, en Chalco, cruzar el lago, entrar por el Canal de La Viga hasta la plaza mayor de la “Imperial Ciudad de México” y llegar al muelle que se encontraba en el costado sur del palacio virreinal, el centro del poder político de la Nueva España.

Al llegar a esa gran ciudad, y en el trayecto hacia la casa de su tía, hermana de su mamá, casada con un hombre influyente, seguramente le comentaron que en 1629, unos años antes de que ella naciera, había sucedido la más grande inundación jamás vista y mantuvo a la ciudad anegada durante cinco años, lo que ocasionó epidemias y muertes.

Con el apoyo del tío, a los 16 años de edad entra a la corte virreinal, convirtiéndose en poetisa oficial de palacio y su prestigio fue cada vez mayor, ocultando su origen de “hija natural”, inclusive cuando la presentaron en la corte tuvo que afirmar: “ser hija legítima del capitán español Pedro Manuel de Asbaje, quien lamentablemente había fallecido”; lo mismo dice a dos de sus enamorados, y que no se sabe si descubrieron la verdad de su origen y la desilusionaron. Y a quien ella dirigió sendos duros y claridosos poemas, con un dolor profundo, y decepción amorosa, uno a “Silvio” y otro a “Fabio”.

Una vez más el problema de su origen “natural” se presenta cuando quiere ingresar a un convento, ella no tenía vocación religiosa, entonces ¿porque al ser hija ilegítima abandonada por su padre a la edad de dos años, carecía de apoyos y de una “dote” para aspirar a un matrimonio de cierto rango? No se sabe.

Pero vuelve a ocultar su origen en el libro de las Profesiones de San Jerónimo “Yo, Sor Juana Inés de la Cruz, hija legítima del capitán Pedro M. de Asbaje y de Isabel Ramírez... hago voto de vivir y morir todo el tiempo y espacio de mi vida, en obediencia. Pobreza, perpetua clausura y castidad”...

Sor Juana Inés de la Cruz tenía muchas razones, impuestas por una sociedad que marginaba y señalaba duramente a los hijos naturales, por las cuales ocultaba su origen y fecha de nacimiento.

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