/ miércoles 17 de abril de 2019

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El retrato y Notre Dame

El retrato era de Antonieta Rivas Mercado, mujer mexicana que fue la más grande mecenas en México en el siglo XX. Seguramente influyó su padre, el famoso arquitecto en la época de don Porfirio Díaz, al que el propio presidente le mandó diseñar y construir el monumento a los héroes más destacados de la Independencia que tiene una estatua dorada de la victoria en la parte alta de la columna, monumento mejor conocido como El Ángel. Se dice que fue su hija Antonieta la modelo del ángel

El retrato de Antonieta estaba arriba del escritorio de Andrés Henestrosa, en medio de muchos libros que de manera desordenada unos estaban en el librero, otros en el piso de la pequeña oficina de Andrés, ubicada en la calle de Palma en el centro de la Ciudad de México, Andrés era mi compañero en el Senado de la República.

Al ver el retrato pregunté quién era, se molestó Andrés, tomó el retrato y me dijo: “La mujer que transformó el mundo cultural de México, para mí la más bella, yo tratando de suavizar el momento le dije no tanto, de nuevo enojado me dijo fue la mujer cuya belleza, porte, cultura, (hablaba 5 idiomas) y un gran conocimiento de las artes, inspiraba a quienes estábamos cerca y compartíamos el hambre por el conocimiento”.

Seguía contando Andrés, “la conocí siendo yo muy joven, apenas estaba aprendiendo español, pues sólo hablaba zapoteca, vine de Juchitán a la capital del estado, Oaxaca, me alojé en casa del famoso maestro de pintura Manuel Rodríguez Lozano, tenía una casa muy grande y estábamos alojados jóvenes a quienes nos interesaban las artes, la poesía, la pintura, la cultura en general.

Un día apareció la musa, Antonieta, eran fines de los años 20, recorrió la casa, vio las pinturas del maestro, se quedó a conversar con cada uno de los jóvenes artistas y me saludó, sentí algo extraño, desde ese momento nunca me separé de ella, aunque sólo se quedó unos meses a vivir en casa del maestro que sirvieron para que se enamorara perdidamente de él”, siguió contando Andrés.

“Antonieta regresó a México, pues ella estaba pagando todo lo necesario para formar la Orquesta Sinfónica Nacional y ayudando a artistas jóvenes a vivir, a estudiar, artistas que ahora son orgullo nacional. Antonieta se había casado y tenido un hijo, pero no le fue tan bien en el matrimonio”.

Yo la iba a saludar, y un día de 1929 me dijo: “quiero conocer al candidato a la presidencia de México, José Vasconcelos, ayúdame, averigüé que el candidato andaba en Toluca haciendo campaña, como pude conseguí más datos y le comenté a Antonieta, me dijo vámonos a Toluca, lo alcanzamos, subimos a su coche y llegamos hasta las afueras del Instituto Científico y Literario en donde me dijo preséntamelo, se lo presenté. A partir de ese momento Antonieta se encargó de los gastos de la campaña política de Vasconcelos, enamorada de él, lo acompañó por diferentes estados de la República”.

“Cuando él perdió las elecciones presidenciales se fue a Francia, Antonieta después de tratar de arreglar algunos asuntos relacionados con su divorcio y la tutela de su hijo, perdiendo ya todo su dinero, todavía alcanzó a Vasconcelos en París, en donde no fue muy bien recibida por él, lo que ocasionó la terrible decisión de tomar la pistola que estaba en el departamento de Vasconcelos, llevársela hasta Notre Dame, sentarse en una silla del lado derecho del altar mayor y dispararse en el corazón, tenía 30 años. Fue enterrada en un panteón de París, pero al paso de los años permitidos, (no tenía perpetuidad) fue exhumada y depositada en la fosa común”, los ojos de Andrés se llenaron de lágrimas y el retrato de nuevo lo colocó en el lugar preferente de su escritorio.



El retrato y Notre Dame

El retrato era de Antonieta Rivas Mercado, mujer mexicana que fue la más grande mecenas en México en el siglo XX. Seguramente influyó su padre, el famoso arquitecto en la época de don Porfirio Díaz, al que el propio presidente le mandó diseñar y construir el monumento a los héroes más destacados de la Independencia que tiene una estatua dorada de la victoria en la parte alta de la columna, monumento mejor conocido como El Ángel. Se dice que fue su hija Antonieta la modelo del ángel

El retrato de Antonieta estaba arriba del escritorio de Andrés Henestrosa, en medio de muchos libros que de manera desordenada unos estaban en el librero, otros en el piso de la pequeña oficina de Andrés, ubicada en la calle de Palma en el centro de la Ciudad de México, Andrés era mi compañero en el Senado de la República.

Al ver el retrato pregunté quién era, se molestó Andrés, tomó el retrato y me dijo: “La mujer que transformó el mundo cultural de México, para mí la más bella, yo tratando de suavizar el momento le dije no tanto, de nuevo enojado me dijo fue la mujer cuya belleza, porte, cultura, (hablaba 5 idiomas) y un gran conocimiento de las artes, inspiraba a quienes estábamos cerca y compartíamos el hambre por el conocimiento”.

Seguía contando Andrés, “la conocí siendo yo muy joven, apenas estaba aprendiendo español, pues sólo hablaba zapoteca, vine de Juchitán a la capital del estado, Oaxaca, me alojé en casa del famoso maestro de pintura Manuel Rodríguez Lozano, tenía una casa muy grande y estábamos alojados jóvenes a quienes nos interesaban las artes, la poesía, la pintura, la cultura en general.

Un día apareció la musa, Antonieta, eran fines de los años 20, recorrió la casa, vio las pinturas del maestro, se quedó a conversar con cada uno de los jóvenes artistas y me saludó, sentí algo extraño, desde ese momento nunca me separé de ella, aunque sólo se quedó unos meses a vivir en casa del maestro que sirvieron para que se enamorara perdidamente de él”, siguió contando Andrés.

“Antonieta regresó a México, pues ella estaba pagando todo lo necesario para formar la Orquesta Sinfónica Nacional y ayudando a artistas jóvenes a vivir, a estudiar, artistas que ahora son orgullo nacional. Antonieta se había casado y tenido un hijo, pero no le fue tan bien en el matrimonio”.

Yo la iba a saludar, y un día de 1929 me dijo: “quiero conocer al candidato a la presidencia de México, José Vasconcelos, ayúdame, averigüé que el candidato andaba en Toluca haciendo campaña, como pude conseguí más datos y le comenté a Antonieta, me dijo vámonos a Toluca, lo alcanzamos, subimos a su coche y llegamos hasta las afueras del Instituto Científico y Literario en donde me dijo preséntamelo, se lo presenté. A partir de ese momento Antonieta se encargó de los gastos de la campaña política de Vasconcelos, enamorada de él, lo acompañó por diferentes estados de la República”.

“Cuando él perdió las elecciones presidenciales se fue a Francia, Antonieta después de tratar de arreglar algunos asuntos relacionados con su divorcio y la tutela de su hijo, perdiendo ya todo su dinero, todavía alcanzó a Vasconcelos en París, en donde no fue muy bien recibida por él, lo que ocasionó la terrible decisión de tomar la pistola que estaba en el departamento de Vasconcelos, llevársela hasta Notre Dame, sentarse en una silla del lado derecho del altar mayor y dispararse en el corazón, tenía 30 años. Fue enterrada en un panteón de París, pero al paso de los años permitidos, (no tenía perpetuidad) fue exhumada y depositada en la fosa común”, los ojos de Andrés se llenaron de lágrimas y el retrato de nuevo lo colocó en el lugar preferente de su escritorio.


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