/ jueves 21 de diciembre de 2017

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Apenas hace algunos años, los electores oyeron hablar de precampañas y precandidatos, términos que nos indican tanto eventos como aspirantes con la aprobación de los partidos políticos respectivos para iniciar el proceso electoral rumbo a algún cargo de elección popular.

Época que muy pocos entienden y que no se distingue a nivel general, ya que se desarrolla como si ya fuera la propia campaña electoral. Si cada partido político por el método seleccionado ya determinó quien será su candidato ¿Cuál es el objeto de la precampaña?

Pregunta que pudiera tener respuestas ad hoc, respuestas políticas, respuestas técnicas, respuestas apegadas a la normatividad previamente adecuada, respuestas para convencer a unos y a otros dejarlos igual.

Pudiera ser para ver si el precandidato es bien recibido por la opinión pública, “si da el ancho” para los intereses partidistas, o para poder adaptar a las circunstancias electorales al que pueda ser candidato.

La verdad es que para la mayoría de electores, y para ellos mismos, los (precandidatos) desde que los partidos políticos deciden quién va a ser “El precandidato”, ya se considera candidato. Públicamente, eventos, spots, declaraciones y propuestas no tienen mayor diferencia de los que se hacen en la precampaña y la campaña.

Lo que sí es que no hay mucha explicación es para qué tanto gasto, recursos económicos que se pueden usar en campaña, ¿para qué tanto desgaste electoral del elector y de los candidatos?

Se ha comentado que la ley electoral se va a revisar de nuevo, que se van a considerar una serie de circunstancias que en las últimas elecciones se han presentado, pero eso significa tiempo, ahora, de inmediato ya no se puede.

Y los electores tendremos que aguantar los millones de spots, tendremos que seguir viendo cómo se gastan los recursos que salen de nuestros impuestos, tendremos “que ver, con mucha pena” el lamentable “juego” de insultos entre “los mejores hombres de la patria”. Los “golpes bajos” que se dan.

Pero lo más triste es que el elector, desde las precampañas, se entera de cosas, acciones y sucesos que, si bien se “intuían”, no se conocían públicamente, menos con detalle y que como “trapos al sol”, se descubren, porque los tenían guardados para estas ocasiones atacando al oponente, no importa las consecuencias públicas, al fin el electorado en su mayoría no lee, ni se entera, y fácilmente, ganará una vez más la impunidad.

Apenas hace algunos años, los electores oyeron hablar de precampañas y precandidatos, términos que nos indican tanto eventos como aspirantes con la aprobación de los partidos políticos respectivos para iniciar el proceso electoral rumbo a algún cargo de elección popular.

Época que muy pocos entienden y que no se distingue a nivel general, ya que se desarrolla como si ya fuera la propia campaña electoral. Si cada partido político por el método seleccionado ya determinó quien será su candidato ¿Cuál es el objeto de la precampaña?

Pregunta que pudiera tener respuestas ad hoc, respuestas políticas, respuestas técnicas, respuestas apegadas a la normatividad previamente adecuada, respuestas para convencer a unos y a otros dejarlos igual.

Pudiera ser para ver si el precandidato es bien recibido por la opinión pública, “si da el ancho” para los intereses partidistas, o para poder adaptar a las circunstancias electorales al que pueda ser candidato.

La verdad es que para la mayoría de electores, y para ellos mismos, los (precandidatos) desde que los partidos políticos deciden quién va a ser “El precandidato”, ya se considera candidato. Públicamente, eventos, spots, declaraciones y propuestas no tienen mayor diferencia de los que se hacen en la precampaña y la campaña.

Lo que sí es que no hay mucha explicación es para qué tanto gasto, recursos económicos que se pueden usar en campaña, ¿para qué tanto desgaste electoral del elector y de los candidatos?

Se ha comentado que la ley electoral se va a revisar de nuevo, que se van a considerar una serie de circunstancias que en las últimas elecciones se han presentado, pero eso significa tiempo, ahora, de inmediato ya no se puede.

Y los electores tendremos que aguantar los millones de spots, tendremos que seguir viendo cómo se gastan los recursos que salen de nuestros impuestos, tendremos “que ver, con mucha pena” el lamentable “juego” de insultos entre “los mejores hombres de la patria”. Los “golpes bajos” que se dan.

Pero lo más triste es que el elector, desde las precampañas, se entera de cosas, acciones y sucesos que, si bien se “intuían”, no se conocían públicamente, menos con detalle y que como “trapos al sol”, se descubren, porque los tenían guardados para estas ocasiones atacando al oponente, no importa las consecuencias públicas, al fin el electorado en su mayoría no lee, ni se entera, y fácilmente, ganará una vez más la impunidad.

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