/ jueves 18 de enero de 2018

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Eso quiere decir que hay que tener estrategias adecuadas para atender la problemática social de más de la mitad de la población, (alrededor del 54% de los electores registrados en el padrón electoral son mujeres), eso quiere decir que hay que conocer su situación actual, porque tampoco son fáciles de convencer, ya no sólo quieren escuchar el mismo discurso y las mismas promesas. Hay que considerar que en la actualidad, para ir a votar, la mayoría de ellas está más informada.

Y no sólo eso, hay que recordar que las mujeres militantes o simpatizantes de cualquier partido político, son las que mayoritariamente participan en los eventos de campaña, las que siguen y “arropan” al candidato, durante todos los eventos.

Las que inventan porras, las que como se dice: “le dan sabor al caldo”. Las fieles militantes, las de ”la talacha”, a las que se les ofrece resolver sus problemas familiares o de la colonia o pueblo, las que salen en las fotos abrazando al candidato, las que colocan en los presídium ”para darle color al evento”, a las que el conductor del evento de campaña convoca a que griten su presencia, pero que olvidan, “las borran”, muchos ya representantes populares al finalizar una campaña.

Esas mujeres que arriesgan todo, que muchas son violentadas al llegar a su casa, sin saber que tienen la esperanza de que las escuche el candidato y les ayude a obtener apoyo para el hijo, o los padres enfermos, o para tener los servicios básicos en su colonia, que pocas veces piden para ellas en lo personal.

Ellas merecen una estrategia diferente de atención, de respeto, desde estas campañas, que como ellas dicen “que se vea y que se sienta”, porque a fuerza de no ver resultados de su participación en otras épocas, no se tiene seguro su voto, aunque griten porras y acudan a los mítines.

Y las mujeres que trabajan en la burocracia, también necesitan una estrategia especial, ellas ven y viven a diario como llegan en cada sexenio o trienio jefes preparados, respetuosos, conocedores de su trabajo, pero también, como llegan jefes prepotentes, ignorantes, irrespetuosos, que las humillan. Esas mujeres que forman un gran ejército, merecen una atención especial en las propuestas de los candidatos, para que se decidan a ir a votar.

Y las mujeres amas de casa, que a diario ven como ya no les alcanza ”el gasto”, que tienen que estirar el dinero para comprar lo indispensable, que ven como las agobian las deudas, que tienen que sufrir las exigencias de los hijos o del marido, que tienen que atender familiares enfermos, ahorrándole al gobierno mucho dinero.

A las que reciben algún apoyo económico, de programas sociales, apoyo que muchas veces se lo gasta la pareja, o los hijos y no le queda nada, más que la tristeza de ver cómo crece la irresponsabilidad familiar.

 

A las mujeres, profesionistas, o estudiantes que no quieren saber nada de política, porque ven como se trata a las que son políticas, como se les ignora en las decisiones, como les dan un lugar de poder pero nunca tienen poder, como se tira la experiencia al bote de la basura, para idolatrar a la juventud. Hay de todo, hay jóvenes muy brillantes, responsables y con vocación para lograr un país mejor, pero también los hay sin interés de servicio, solo con interés personal para enriquecerse.

Así, el voto mayoritario, que es el de las mujeres, merece, necesita una estrategia especial para obtenerlo, hay que tomar en cuenta que ya no basta con que en los discursos les digan “chulas o preciosas”, ”reinas o mamacitas”, conque digan que son lo más precioso que hay que cuidar, y aumenta la impunidad a la hora castigar al que las lastima y hasta las mata. Hay que conocerlas, entenderlas, respetarlas, hablar de lo que les interesa, pero sobre todo actuar a su favor siempre, demostrarlo, ser congruentes con lo que se dice, y con lo que se piensa hacer.

Nadie, ningún candidato tiene autoridad moral, para ofrecer ayuda a las mujeres y obtener su voto si en su vida personal, familiar, laboral, tiene antecedentes o vive una conducta de daño a alguna mujer.

Eso quiere decir que hay que tener estrategias adecuadas para atender la problemática social de más de la mitad de la población, (alrededor del 54% de los electores registrados en el padrón electoral son mujeres), eso quiere decir que hay que conocer su situación actual, porque tampoco son fáciles de convencer, ya no sólo quieren escuchar el mismo discurso y las mismas promesas. Hay que considerar que en la actualidad, para ir a votar, la mayoría de ellas está más informada.

Y no sólo eso, hay que recordar que las mujeres militantes o simpatizantes de cualquier partido político, son las que mayoritariamente participan en los eventos de campaña, las que siguen y “arropan” al candidato, durante todos los eventos.

Las que inventan porras, las que como se dice: “le dan sabor al caldo”. Las fieles militantes, las de ”la talacha”, a las que se les ofrece resolver sus problemas familiares o de la colonia o pueblo, las que salen en las fotos abrazando al candidato, las que colocan en los presídium ”para darle color al evento”, a las que el conductor del evento de campaña convoca a que griten su presencia, pero que olvidan, “las borran”, muchos ya representantes populares al finalizar una campaña.

Esas mujeres que arriesgan todo, que muchas son violentadas al llegar a su casa, sin saber que tienen la esperanza de que las escuche el candidato y les ayude a obtener apoyo para el hijo, o los padres enfermos, o para tener los servicios básicos en su colonia, que pocas veces piden para ellas en lo personal.

Ellas merecen una estrategia diferente de atención, de respeto, desde estas campañas, que como ellas dicen “que se vea y que se sienta”, porque a fuerza de no ver resultados de su participación en otras épocas, no se tiene seguro su voto, aunque griten porras y acudan a los mítines.

Y las mujeres que trabajan en la burocracia, también necesitan una estrategia especial, ellas ven y viven a diario como llegan en cada sexenio o trienio jefes preparados, respetuosos, conocedores de su trabajo, pero también, como llegan jefes prepotentes, ignorantes, irrespetuosos, que las humillan. Esas mujeres que forman un gran ejército, merecen una atención especial en las propuestas de los candidatos, para que se decidan a ir a votar.

Y las mujeres amas de casa, que a diario ven como ya no les alcanza ”el gasto”, que tienen que estirar el dinero para comprar lo indispensable, que ven como las agobian las deudas, que tienen que sufrir las exigencias de los hijos o del marido, que tienen que atender familiares enfermos, ahorrándole al gobierno mucho dinero.

A las que reciben algún apoyo económico, de programas sociales, apoyo que muchas veces se lo gasta la pareja, o los hijos y no le queda nada, más que la tristeza de ver cómo crece la irresponsabilidad familiar.

 

A las mujeres, profesionistas, o estudiantes que no quieren saber nada de política, porque ven como se trata a las que son políticas, como se les ignora en las decisiones, como les dan un lugar de poder pero nunca tienen poder, como se tira la experiencia al bote de la basura, para idolatrar a la juventud. Hay de todo, hay jóvenes muy brillantes, responsables y con vocación para lograr un país mejor, pero también los hay sin interés de servicio, solo con interés personal para enriquecerse.

Así, el voto mayoritario, que es el de las mujeres, merece, necesita una estrategia especial para obtenerlo, hay que tomar en cuenta que ya no basta con que en los discursos les digan “chulas o preciosas”, ”reinas o mamacitas”, conque digan que son lo más precioso que hay que cuidar, y aumenta la impunidad a la hora castigar al que las lastima y hasta las mata. Hay que conocerlas, entenderlas, respetarlas, hablar de lo que les interesa, pero sobre todo actuar a su favor siempre, demostrarlo, ser congruentes con lo que se dice, y con lo que se piensa hacer.

Nadie, ningún candidato tiene autoridad moral, para ofrecer ayuda a las mujeres y obtener su voto si en su vida personal, familiar, laboral, tiene antecedentes o vive una conducta de daño a alguna mujer.

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