/ jueves 25 de enero de 2018

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Término usado en política para señalar a militantes de un determinado partido político, que en época electoral, renuncian al partido original y se registran en otro partido político, o bien, a los que el mismo partido los apoya para “saltar” de un cargo de representación a otro, en forma inmediata y continua.

Los peores son los oportunistas, los que saltan de un partido a otro. Una persona que se denomina simpatizante y más un militante de determinado partido político, se supone debe conocer, protestar cumplir y defender los documentos básicos, en los que se manifiesta la ideología, el programa de acción, los estatutos. Estos documentos, todo partido los debe tener y presentar ante el Instituto Electoral en el momento de su registro.

El partido político registra uno por uno de sus militantes, para que a la hora de seleccionar sus representantes, (se supone), analice antecedentes, resultados, lealtad, comportamiento partidista de cada uno y de esta manera, seleccione al que mejor lo pueda representar.

De esta forma, también se seleccionan a los militantes que formarán sus “cuadros” (militante con cargo de dirigencia) y a los Consejeros, Integrantes del Consejo Político, órgano superior de decisión, después de la Asamblea Nacional Partidista.

Una vez seleccionado el militante “distinguido” por los órganos y sectores partidistas correspondientes, se le da todo el apoyo para que se convierta en el representante del partido ante el Congreso de la Unión, ante los Congresos Locales respectivos, ante los ayuntamientos y de ésta manera, pueda realizar las campañas electorales correspondientes, con el respaldo de la estructura partidista, aparecer en la boleta electoral, y representar al partido para poder registrarse y contender por el cargo al que se aspira.

Hasta hace poco ningún ciudadano podía registrarse ante el órgano electoral, si no era respaldado por un partido político. Con la aprobación de los candidatos independientes, se puede contender en un proceso electoral sin que se represente a ningún partido, sólo cumpliendo con la normatividad respectiva.

Como se observa, no es fácil para un partido político la selección de candidatos de entre sus militantes, y una vez que se realiza, se entrega todo el apoyo (sobre todo la estructura) para concretar el cargo aspirado, una vez ejerciendo el cargo, se espera lealtad y buenos resultados para el país, y para el partido, que permita abrir puertas a otros militantes y ganar las subsecuentes elecciones al partido respectivo.

Cada militante, en lo general aspira a algún cargo de representante o de dirigencia, por eso se afilia a un partido político. Lo que sucede en la realidad y más que nunca en la actualidad, es que habiendo obtenido algún cargo de representación popular, representando a determinado partido, se aspira a continuar con el poder como representante popular.

Y si el partido al que pertenece, le niega esa posibilidad, fácilmente se cambia de partido en una actitud oportunista ,buscando la oportunidad de representar a otro partido, y seguir en el poder, no importa si se declaró con anterioridad contrario a la ideología, al Programa de Acción, no importa si fue insultado, si insultó, no importa si pisotea a los militantes, que por años han sido fieles al partido al que se llega, no importa si se pierde la congruencia entre lo que se dice y se hace, no importa nada, sólo se obtiene lo que egoístamente se quiere.

Qué lástima que esas actitudes oportunistas, sólo confundan al electorado, que acaben con la poca confianza ciudadana, que vuelvan increíbles los dichos y los hechos del que se dice representante popular, que degraden fechas destinadas a respetar la voluntad ciudadana, que debiliten lo único que tenemos que defender: la Democracia, el respeto al ciudadano.

Término usado en política para señalar a militantes de un determinado partido político, que en época electoral, renuncian al partido original y se registran en otro partido político, o bien, a los que el mismo partido los apoya para “saltar” de un cargo de representación a otro, en forma inmediata y continua.

Los peores son los oportunistas, los que saltan de un partido a otro. Una persona que se denomina simpatizante y más un militante de determinado partido político, se supone debe conocer, protestar cumplir y defender los documentos básicos, en los que se manifiesta la ideología, el programa de acción, los estatutos. Estos documentos, todo partido los debe tener y presentar ante el Instituto Electoral en el momento de su registro.

El partido político registra uno por uno de sus militantes, para que a la hora de seleccionar sus representantes, (se supone), analice antecedentes, resultados, lealtad, comportamiento partidista de cada uno y de esta manera, seleccione al que mejor lo pueda representar.

De esta forma, también se seleccionan a los militantes que formarán sus “cuadros” (militante con cargo de dirigencia) y a los Consejeros, Integrantes del Consejo Político, órgano superior de decisión, después de la Asamblea Nacional Partidista.

Una vez seleccionado el militante “distinguido” por los órganos y sectores partidistas correspondientes, se le da todo el apoyo para que se convierta en el representante del partido ante el Congreso de la Unión, ante los Congresos Locales respectivos, ante los ayuntamientos y de ésta manera, pueda realizar las campañas electorales correspondientes, con el respaldo de la estructura partidista, aparecer en la boleta electoral, y representar al partido para poder registrarse y contender por el cargo al que se aspira.

Hasta hace poco ningún ciudadano podía registrarse ante el órgano electoral, si no era respaldado por un partido político. Con la aprobación de los candidatos independientes, se puede contender en un proceso electoral sin que se represente a ningún partido, sólo cumpliendo con la normatividad respectiva.

Como se observa, no es fácil para un partido político la selección de candidatos de entre sus militantes, y una vez que se realiza, se entrega todo el apoyo (sobre todo la estructura) para concretar el cargo aspirado, una vez ejerciendo el cargo, se espera lealtad y buenos resultados para el país, y para el partido, que permita abrir puertas a otros militantes y ganar las subsecuentes elecciones al partido respectivo.

Cada militante, en lo general aspira a algún cargo de representante o de dirigencia, por eso se afilia a un partido político. Lo que sucede en la realidad y más que nunca en la actualidad, es que habiendo obtenido algún cargo de representación popular, representando a determinado partido, se aspira a continuar con el poder como representante popular.

Y si el partido al que pertenece, le niega esa posibilidad, fácilmente se cambia de partido en una actitud oportunista ,buscando la oportunidad de representar a otro partido, y seguir en el poder, no importa si se declaró con anterioridad contrario a la ideología, al Programa de Acción, no importa si fue insultado, si insultó, no importa si pisotea a los militantes, que por años han sido fieles al partido al que se llega, no importa si se pierde la congruencia entre lo que se dice y se hace, no importa nada, sólo se obtiene lo que egoístamente se quiere.

Qué lástima que esas actitudes oportunistas, sólo confundan al electorado, que acaben con la poca confianza ciudadana, que vuelvan increíbles los dichos y los hechos del que se dice representante popular, que degraden fechas destinadas a respetar la voluntad ciudadana, que debiliten lo único que tenemos que defender: la Democracia, el respeto al ciudadano.

jueves 08 de febrero de 2018

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