/ miércoles 13 de marzo de 2019

Vida Pública


Perdieron "por goliza" en seguridad

¿Quién no ha jugado, al menos un poco, al fútbol? No hace falta sino una pelota o cualquier objeto que, pudiéndose patear, haga las veces de balón. Chutar, dominar, pasarla y tirar, son prácticas divertidas por sí mismas, se hacen incluso sin propósito alguno, sin pretender siquiera meter un gol; de ese modo es posible jugar fútbol sin porterías, lo cual tiene sus ventajas, pues nadie pierde, aunque nadie sabe tampoco, cómo vamos.

Lo mismo hacen las autoridades con la seguridad; juegan sin porterías. A la llegada de cada presidente municipal, observamos nuevos logotipos en flamantes patrullas, renovados uniformes, armamento cada vez más impresionante que se adquiere, es notoria la cuantiosa inversión de recursos públicos, se anuncian novedosos programas y reiterados propósitos, muchas palabras, algunas acciones que, como al jugar sin porterías, surgen sin objetivos identificados, sin compromisos concretos. Como los niños que juegan fútbol sin porterías, las autoridades no saben qué marcador llevan en seguridad pública.

Parece difícil de creer, pero las autoridades no saben de qué tamaño es el fenómeno criminal en su municipio, país o Estado, ni qué forma adquiere, qué perfil tienen los criminales más frecuentes, en qué lugar o circunstancia son más frecuentes sus ataques, quiénes suelen ser las víctimas, mucho menos conocen cuáles son las causas de los crímenes y, lógicamente, no pueden encontrar la respuesta que resuelva la terrible realidad.

Y no lo saben, porque las autoridades apenas cuentan con tres fuentes principales y casi únicas de información: las denuncias de delitos que recibe el Ministerio Público; las imágenes que captan, cuando funcionan, de los sistemas de monitoreo propios y de algunas empresas que, previo convenio, les comparten; y las encuestas que anualmente realiza el INEGI. Lo malo de las primeras es que ya casi nadie presenta denuncias, de acuerdo con investigaciones, menos del 10% de los crimenes llegan al MP, así que esa fuente de información no sirve o, en todo caso, nada más es útil para la décima parte del problema. Las segundas, obviamente se pueden aprovechar, si se corre la “suerte” de que el crimen haya sido captado y la imagen sea nítida y arroje información indispensable para la investigación, cosa poco frecuente. Y la tercera fuente de información, siendo relevante, por el tipo de levantamiento que realiza el INEGI, proyecta información de un año antes; por ejemplo, la encuesta publicada en 2018, hoy disponible, fue levantada en 2017, así que nos da información de hace dos años, y nada más de los municipios que hayan sido tomados en cuenta en la muestra (63 de los 125 para el caso del Estado de México).

Si la autoridad insiste en trabajar a partir de información parcial, desactualizada, tan sólo de una parte del territorio y limitada a videos azarosamente captados, los resultados seguirán siendo los mismos, con tendencia a empeorar.

Así las cosas, ni gobernante ni gobernados sabemos cómo va el marcador en la lucha contra la delincuencia. Lo que sí advertimos es que vamos perdiendo “por goliza”, la percepción de peligro aumenta, los delitos del orden federal se multiplican, los del orden común ya ni se cuentan, cada día menos personas denuncian, las víctimas somos cada día más y todos padecemos la sensación de peligro.

Trabajando con estrategia es posible conocer el fenómeno delictivo en cada estado o municipio y en tiempo real, y eso es, obvia y claramente, lo primero que requiere conocer un presidente municipal o un gobernador para formular una Nueva Política Criminal, que establezca objetivos claros, ambiciosos y realistas, que oriente el sentido del gasto público en seguridad, que favorezca operativos exitosos, y facilite la aplicación de sanciones ejemplares para que los ciudadanos constatemos que se hace justicia; que, quien la hace, la paga.

Como afirma el especialista en estos temas, Bernardo León Olea, en la seguridad pública es indispensable “poner porterías”, tener un marcador para saber cómo vamos y, lo más importante, para ganar, lo que significa recuperar la seguridad, vivir en armonía y alcanzar la paz.

@HuicocheaAlanis


Perdieron "por goliza" en seguridad

¿Quién no ha jugado, al menos un poco, al fútbol? No hace falta sino una pelota o cualquier objeto que, pudiéndose patear, haga las veces de balón. Chutar, dominar, pasarla y tirar, son prácticas divertidas por sí mismas, se hacen incluso sin propósito alguno, sin pretender siquiera meter un gol; de ese modo es posible jugar fútbol sin porterías, lo cual tiene sus ventajas, pues nadie pierde, aunque nadie sabe tampoco, cómo vamos.

Lo mismo hacen las autoridades con la seguridad; juegan sin porterías. A la llegada de cada presidente municipal, observamos nuevos logotipos en flamantes patrullas, renovados uniformes, armamento cada vez más impresionante que se adquiere, es notoria la cuantiosa inversión de recursos públicos, se anuncian novedosos programas y reiterados propósitos, muchas palabras, algunas acciones que, como al jugar sin porterías, surgen sin objetivos identificados, sin compromisos concretos. Como los niños que juegan fútbol sin porterías, las autoridades no saben qué marcador llevan en seguridad pública.

Parece difícil de creer, pero las autoridades no saben de qué tamaño es el fenómeno criminal en su municipio, país o Estado, ni qué forma adquiere, qué perfil tienen los criminales más frecuentes, en qué lugar o circunstancia son más frecuentes sus ataques, quiénes suelen ser las víctimas, mucho menos conocen cuáles son las causas de los crímenes y, lógicamente, no pueden encontrar la respuesta que resuelva la terrible realidad.

Y no lo saben, porque las autoridades apenas cuentan con tres fuentes principales y casi únicas de información: las denuncias de delitos que recibe el Ministerio Público; las imágenes que captan, cuando funcionan, de los sistemas de monitoreo propios y de algunas empresas que, previo convenio, les comparten; y las encuestas que anualmente realiza el INEGI. Lo malo de las primeras es que ya casi nadie presenta denuncias, de acuerdo con investigaciones, menos del 10% de los crimenes llegan al MP, así que esa fuente de información no sirve o, en todo caso, nada más es útil para la décima parte del problema. Las segundas, obviamente se pueden aprovechar, si se corre la “suerte” de que el crimen haya sido captado y la imagen sea nítida y arroje información indispensable para la investigación, cosa poco frecuente. Y la tercera fuente de información, siendo relevante, por el tipo de levantamiento que realiza el INEGI, proyecta información de un año antes; por ejemplo, la encuesta publicada en 2018, hoy disponible, fue levantada en 2017, así que nos da información de hace dos años, y nada más de los municipios que hayan sido tomados en cuenta en la muestra (63 de los 125 para el caso del Estado de México).

Si la autoridad insiste en trabajar a partir de información parcial, desactualizada, tan sólo de una parte del territorio y limitada a videos azarosamente captados, los resultados seguirán siendo los mismos, con tendencia a empeorar.

Así las cosas, ni gobernante ni gobernados sabemos cómo va el marcador en la lucha contra la delincuencia. Lo que sí advertimos es que vamos perdiendo “por goliza”, la percepción de peligro aumenta, los delitos del orden federal se multiplican, los del orden común ya ni se cuentan, cada día menos personas denuncian, las víctimas somos cada día más y todos padecemos la sensación de peligro.

Trabajando con estrategia es posible conocer el fenómeno delictivo en cada estado o municipio y en tiempo real, y eso es, obvia y claramente, lo primero que requiere conocer un presidente municipal o un gobernador para formular una Nueva Política Criminal, que establezca objetivos claros, ambiciosos y realistas, que oriente el sentido del gasto público en seguridad, que favorezca operativos exitosos, y facilite la aplicación de sanciones ejemplares para que los ciudadanos constatemos que se hace justicia; que, quien la hace, la paga.

Como afirma el especialista en estos temas, Bernardo León Olea, en la seguridad pública es indispensable “poner porterías”, tener un marcador para saber cómo vamos y, lo más importante, para ganar, lo que significa recuperar la seguridad, vivir en armonía y alcanzar la paz.

@HuicocheaAlanis

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