/ miércoles 29 de mayo de 2019

Vida Pública

¿Por qué no mejora la seguridad pública?

Porque obedecemos sin cuestionar tabúes, no hemos precisado clara y contundentemente qué le corresponde hacer a cada instancia y ámbito de gobierno y, consecuentemente, las instituciones municipales, estatales y federales de seguridad están mal diseñadas y peor organizadas, además de que los respectivos gobernantes y servidores públicos encargados de esa tarea no cuentan con un diagnóstico actual, completo y detallado del fenómeno criminal en la demarcación que les corresponde cuidar.

A esas razones podemos agregar múltiples problemas: la corrupción, la insuficiencia de recursos, la carencia de capacitación, el deficiente equipamiento, la infiltración de grupos criminales y un largo etcétera, pero las primeras son fallas verdaderamente estructurales, y los otros son problemas relativamente sencillos de corregir.

Si las primeras se arreglan, todos los demás pueden tener solución, y así será posible recuperar la tranquilidad y vivir en armonía social.

Sorprende que casi nadie se haya preguntado por qué el nuestro parece ser el único país del planeta en el que las policías municipales, estatales y federales no investigan los delitos. Sí, por absurdo que parezca, en México nadie más que el Ministerio Público, tiene la facultad legal de investigar. Y eso es un tabú que no nos hemos atrevido a cambiar, y permanecemos en el absurdo de pretender resolver 34 millones de delitos que ocurren al año, según el INEGI, con 8 mil ministerios públicos con los que contamos en todo el territorio nacional, desperdiciando a los más de 500 mil policías uniformados, más de medio millón que, estando en la calle, deberían ser nuestros ojos, oídos, piernas, brazos y cerebros para prevenir delitos, investigar, atrapar y detener criminales. Por si fuera poco el efecto perverso de mantener esa situación, resulta que reservamos las plazas de ministerio público para los abogados, sin considerar que a estos últimos en ninguna universidad los preparan para investigar; pues si a caso les enseñan a litigar, tarea que cada día hacen menos, dado que la recepción de denuncias para iniciar la “investigación”les absorbe casi todo el tiempo. De este modo, el tabú de no cuestionar al MP, tiene al país postrado, por ineficacia, ante la delincuencia.

En estricto sentido las ahora llamadas fiscalías y antes ministerios públicos, no deberían investigar, sino recuperar su definición original: ser los abogados de la sociedad ante los tribunales; verdaderos expertos en Derecho que presenten ante los jueces casos sólidos y litiguen en nombre de la sociedad, para castigar a quien infrinja la ley, evitar la impunidad y asegurarse de que quien la haga, la pague; y dejar la investigación a la policía, como ocurre en todo el planeta. Sí, así como ocurre en las películas y series policiacas.

La situación actual provoca un desastre. Si observamos el organigrama de cualquier fiscalía del país y lo comparamos con el de la respectiva secretaría de seguridad ciudadana, más de la mitad de las oficinas se duplican.Eso ocurre porque de manera natural, obvia, lógica, la función central de la policía: preservar el orden, la seguridad y la civilidad, requiere, permanentemente, investigación. Y ésta inicia antes de que ocurran los crímenes y se presenten las denuncias. Son los policías más cercanos a la ciudadanía, esos vecinos uniformados los que más saben acerca de las conductas que ocurren en la comunidad. Ésta es una razón adicional para cambiar el estado actual de cosas, para permitir que sea la policía, subrayadamente la municipal, la que reciba las denuncias y pueda investigar, con los debidos controles democráticos, como los que operan en todas partes.Controles como los que hoy no tiene el ministerio público, razón por la cual abusa en lugar de servir a la ciudadanía.

Si ponemos orden, si cambiamos las reglas que en un siglo no han funcionado, tendremos un gran avance al que hay que aunar, contar con diagnósticos en cada municipio, en cada estado, acerca de la inseguridad, la violencia y la percepción de peligro que padece la gente, para responder a ella, pues actualmente tenemos un estudio nacional que es muy útil para hacer análisis, pero insuficiente para recuperar la seguridad y garantizarla vida de los mexicanos.

@HuicocheaAlanis

¿Por qué no mejora la seguridad pública?

Porque obedecemos sin cuestionar tabúes, no hemos precisado clara y contundentemente qué le corresponde hacer a cada instancia y ámbito de gobierno y, consecuentemente, las instituciones municipales, estatales y federales de seguridad están mal diseñadas y peor organizadas, además de que los respectivos gobernantes y servidores públicos encargados de esa tarea no cuentan con un diagnóstico actual, completo y detallado del fenómeno criminal en la demarcación que les corresponde cuidar.

A esas razones podemos agregar múltiples problemas: la corrupción, la insuficiencia de recursos, la carencia de capacitación, el deficiente equipamiento, la infiltración de grupos criminales y un largo etcétera, pero las primeras son fallas verdaderamente estructurales, y los otros son problemas relativamente sencillos de corregir.

Si las primeras se arreglan, todos los demás pueden tener solución, y así será posible recuperar la tranquilidad y vivir en armonía social.

Sorprende que casi nadie se haya preguntado por qué el nuestro parece ser el único país del planeta en el que las policías municipales, estatales y federales no investigan los delitos. Sí, por absurdo que parezca, en México nadie más que el Ministerio Público, tiene la facultad legal de investigar. Y eso es un tabú que no nos hemos atrevido a cambiar, y permanecemos en el absurdo de pretender resolver 34 millones de delitos que ocurren al año, según el INEGI, con 8 mil ministerios públicos con los que contamos en todo el territorio nacional, desperdiciando a los más de 500 mil policías uniformados, más de medio millón que, estando en la calle, deberían ser nuestros ojos, oídos, piernas, brazos y cerebros para prevenir delitos, investigar, atrapar y detener criminales. Por si fuera poco el efecto perverso de mantener esa situación, resulta que reservamos las plazas de ministerio público para los abogados, sin considerar que a estos últimos en ninguna universidad los preparan para investigar; pues si a caso les enseñan a litigar, tarea que cada día hacen menos, dado que la recepción de denuncias para iniciar la “investigación”les absorbe casi todo el tiempo. De este modo, el tabú de no cuestionar al MP, tiene al país postrado, por ineficacia, ante la delincuencia.

En estricto sentido las ahora llamadas fiscalías y antes ministerios públicos, no deberían investigar, sino recuperar su definición original: ser los abogados de la sociedad ante los tribunales; verdaderos expertos en Derecho que presenten ante los jueces casos sólidos y litiguen en nombre de la sociedad, para castigar a quien infrinja la ley, evitar la impunidad y asegurarse de que quien la haga, la pague; y dejar la investigación a la policía, como ocurre en todo el planeta. Sí, así como ocurre en las películas y series policiacas.

La situación actual provoca un desastre. Si observamos el organigrama de cualquier fiscalía del país y lo comparamos con el de la respectiva secretaría de seguridad ciudadana, más de la mitad de las oficinas se duplican.Eso ocurre porque de manera natural, obvia, lógica, la función central de la policía: preservar el orden, la seguridad y la civilidad, requiere, permanentemente, investigación. Y ésta inicia antes de que ocurran los crímenes y se presenten las denuncias. Son los policías más cercanos a la ciudadanía, esos vecinos uniformados los que más saben acerca de las conductas que ocurren en la comunidad. Ésta es una razón adicional para cambiar el estado actual de cosas, para permitir que sea la policía, subrayadamente la municipal, la que reciba las denuncias y pueda investigar, con los debidos controles democráticos, como los que operan en todas partes.Controles como los que hoy no tiene el ministerio público, razón por la cual abusa en lugar de servir a la ciudadanía.

Si ponemos orden, si cambiamos las reglas que en un siglo no han funcionado, tendremos un gran avance al que hay que aunar, contar con diagnósticos en cada municipio, en cada estado, acerca de la inseguridad, la violencia y la percepción de peligro que padece la gente, para responder a ella, pues actualmente tenemos un estudio nacional que es muy útil para hacer análisis, pero insuficiente para recuperar la seguridad y garantizarla vida de los mexicanos.

@HuicocheaAlanis

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