/ miércoles 11 de septiembre de 2019

Vida Pública / A dos años del gobierno de Del Mazo


Personalmente preparé los estudios con los que el PRI decidió que Alfredo del Mazo Maza fuera su candidato a diputado federal, y fui también testigo, prácticamente único, de su designación como abanderado en el Distrito XVIII en el Estado de México en 2015. Triunfante, en esa que fue la última elección ganadora del tricolor, Del Mazo quedó automáticamente inscrito entre los aspirantes a ocupar la candidatura del mismo partido a la gubernatura del Estado de México, lo cual se confirmó un par de años después.

Vale la pena recordar ese entonces porque para julio de 2015 ya había iniciado el declive de la popularidad del que algunos llamaron el “peñismo priista”; es decir, ya habían ocurrido todos los escándalos que con y sin razón, y atizados por muy intensas campañas de desprestigio, hicieron mella en la imagen del presidente en turno y, no obstante, esa elección de diputados federales fue exitosísima para el PRI, pues le otorgó la mayoría legislativa que requería para la segunda mitad del sexenio. El actual gobernador fue uno de los casi 200 diputados que ganó el PRI, tres años después, en 2018 apenas alcanzó 45.

No sin tensiones y oposiciones internas que venció, fue candidato a gobernador y resultó electo en la elección más apretada de la historia, por apenas 169 mil votos sobre su perseguidora.

Y si nada había sido fácil hasta entonces, su periodo de gobierno tuvo, literal y literariamente, un accidentado inicio; a los tres días de asumida su responsabilidad, un terremoto sin precedente, arrasó con buena parte de la infraestructura, subrayadamente, al sur de la entidad en los valles de Toluca y México, con terribles y costosos efectos que, sumados a la muy comprometida situación financiera del gobierno de la entidad, causaron que el suyo haya sido el más complejo inicio de gestión del que se haya tenido registro.

A esas complicaciones políticas, sociales y financieras, de inmediato se agregaron los desafíos electorales. La elección interna de candidatos, con muy limitados recursos, preludió el peor episodio para el partido político del gobernador y, quizá sin que le correspondiera, a él tocó pagar el precio de verse obligado a convivir con mayorías legislativas federal y local adversas y poco constructivas hasta ahora.

Con audacia, no carente de riesgos y costos, el gobernador ha aplicado talento y, seguramente, talante, para tejer, contra todo pronóstico, una relación que parece hasta amistosa con el presidente de la República y, siguiendo el ejemplo de este último, alcaldes y legisladores morenistas, han ido mesurando sus posiciones políticas.

En este contexto, los 4 años por venir del gobierno de Alfredo del Mazo, lucen sumamente retadores, por un factor contra el cual él parece estar solo; nadie, ni el otrora omnipotente poder Ejecutivo Federal, puede ayudarle contra la inseguridad. Este es el desafío más grande, y tiene un agravante: a él como a todo gobernante, atenderlo con eficacia y buenos resultados NO garantiza que su gobierno sea considerado exitoso, pero no atenderlo eficazmente sí le garantiza el fracaso. En otras palabras, los próximos años del gobierno actual dependen en gran medida y como nunca antes, de su desempeño ante la criminalidad y la violencia. Las demás tareas de gobierno pueden ir mejor o regular, pero todas serán valuadas a partir del clima de armonía y paz que logre construir el gobernante. Hoy, en el nuestro están 6 de las 10 ciudades más peligrosas del país y es aquí donde la gente confía menos en sus policías. Los próximos 4 años son una enorme ventana de oportunidad para que el gobernador Del Mazo, que el martes próximo cumplirá 2 años de ejercicio de gobierno, elabore, presente y ejecute, la mejor estrategia de seguridad que nunca se haya conocido en México.

@HuicocheaAlanis


Personalmente preparé los estudios con los que el PRI decidió que Alfredo del Mazo Maza fuera su candidato a diputado federal, y fui también testigo, prácticamente único, de su designación como abanderado en el Distrito XVIII en el Estado de México en 2015. Triunfante, en esa que fue la última elección ganadora del tricolor, Del Mazo quedó automáticamente inscrito entre los aspirantes a ocupar la candidatura del mismo partido a la gubernatura del Estado de México, lo cual se confirmó un par de años después.

Vale la pena recordar ese entonces porque para julio de 2015 ya había iniciado el declive de la popularidad del que algunos llamaron el “peñismo priista”; es decir, ya habían ocurrido todos los escándalos que con y sin razón, y atizados por muy intensas campañas de desprestigio, hicieron mella en la imagen del presidente en turno y, no obstante, esa elección de diputados federales fue exitosísima para el PRI, pues le otorgó la mayoría legislativa que requería para la segunda mitad del sexenio. El actual gobernador fue uno de los casi 200 diputados que ganó el PRI, tres años después, en 2018 apenas alcanzó 45.

No sin tensiones y oposiciones internas que venció, fue candidato a gobernador y resultó electo en la elección más apretada de la historia, por apenas 169 mil votos sobre su perseguidora.

Y si nada había sido fácil hasta entonces, su periodo de gobierno tuvo, literal y literariamente, un accidentado inicio; a los tres días de asumida su responsabilidad, un terremoto sin precedente, arrasó con buena parte de la infraestructura, subrayadamente, al sur de la entidad en los valles de Toluca y México, con terribles y costosos efectos que, sumados a la muy comprometida situación financiera del gobierno de la entidad, causaron que el suyo haya sido el más complejo inicio de gestión del que se haya tenido registro.

A esas complicaciones políticas, sociales y financieras, de inmediato se agregaron los desafíos electorales. La elección interna de candidatos, con muy limitados recursos, preludió el peor episodio para el partido político del gobernador y, quizá sin que le correspondiera, a él tocó pagar el precio de verse obligado a convivir con mayorías legislativas federal y local adversas y poco constructivas hasta ahora.

Con audacia, no carente de riesgos y costos, el gobernador ha aplicado talento y, seguramente, talante, para tejer, contra todo pronóstico, una relación que parece hasta amistosa con el presidente de la República y, siguiendo el ejemplo de este último, alcaldes y legisladores morenistas, han ido mesurando sus posiciones políticas.

En este contexto, los 4 años por venir del gobierno de Alfredo del Mazo, lucen sumamente retadores, por un factor contra el cual él parece estar solo; nadie, ni el otrora omnipotente poder Ejecutivo Federal, puede ayudarle contra la inseguridad. Este es el desafío más grande, y tiene un agravante: a él como a todo gobernante, atenderlo con eficacia y buenos resultados NO garantiza que su gobierno sea considerado exitoso, pero no atenderlo eficazmente sí le garantiza el fracaso. En otras palabras, los próximos años del gobierno actual dependen en gran medida y como nunca antes, de su desempeño ante la criminalidad y la violencia. Las demás tareas de gobierno pueden ir mejor o regular, pero todas serán valuadas a partir del clima de armonía y paz que logre construir el gobernante. Hoy, en el nuestro están 6 de las 10 ciudades más peligrosas del país y es aquí donde la gente confía menos en sus policías. Los próximos 4 años son una enorme ventana de oportunidad para que el gobernador Del Mazo, que el martes próximo cumplirá 2 años de ejercicio de gobierno, elabore, presente y ejecute, la mejor estrategia de seguridad que nunca se haya conocido en México.

@HuicocheaAlanis

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