/ miércoles 23 de diciembre de 2020

Vida Pública | Covid no cambia, cambiemos la estrategia

Con el primer confinamiento, realizado entre los meses de febrero a mayo, los mexicanos no pudimos contener la pandemia causada por COVID19, y con el segundo tampoco lo lograremos en el altiplano, si es, como parece, la única medida que adoptamos. No sólo eso, el primer ensayo tuvo catastróficas consecuencias económicas acabando con empleos y desapareciendo empresas, dañando prácticamente a todas las familias, a pesar de los apoyos económicos en facilidades y en especie, otorgados por algunos gobiernos estatales -notoriamente el del Estado de México- y la ayuda de no pocos municipales.

Conforme a la premisa “no podemos esperar resultados diferentes haciendo lo mismo”, el confinamiento derivado de volver al semáforo en color rojo parece destinado a fracasar, por decirlo suavemente, a tener limitados resultados ante la proximidad de las fiestas navideñas pues el impulso fiestero de los mexicanos no parece que vaya a ser totalmente contenido. Por otra parte, el gobierno federal no ha anunciado ninguna medida adicional o diferente. Pareciera que las autoridades federales apuestan a ver cuánto aguantamos, o cuántos más mueren, en lo que se logra la inmunidad por vacunación de cerca de 30 millones de personas que habitamos los estados del centro de la República, a pesar de que nadie conoce detalles del plan de vacunación nacional y no se sabe con qué recursos se va a financiar, pues en el presupuesto para el año que está por comenzar no se previó un solo peso para tal propósito. Esa medida, basada nada más en una declaración en el sentido de que “hoy llegará la primera dotación de dosis de vacunas,” no puede ser considerada estrategia seria de acción gubernamental.

A diferencia de febrero pasado, hoy ya contamos con experiencias comparadas por las reacciones en el mundo. La más eficaz fue la de China, país de origen de la enfermedad, que logró contener el número de fallecimientos a menos de 5 mil personas en un país de más de mil millones de habitantes. Total, draconiano, forzoso y -a decir de sus críticos- violador de los derechos civiles fundamentales, a juzgar por los resultados no puede negarse lo evidente: fue una estrategia eficaz, y considerando esos datos, humanitariamente puede haber sido la mejor en el mundo.

Imposible siquiera imaginar que pueda adoptarse en México una medida similar, pues la sociedad no lo permitiría pero, sobre todo, porque el gobierno no tiene la capacidad de hacerlo, ni la voluntad de intentarlo, es preciso voltear a ver las experiencias exitosas de países que lograron contener la expansión de la pandemia sin trastocar los derechos de las personas, ni dañar en demasía la economía, deteniendo lo menos posible la vida social e institucional, y logrando un número menor de contagios y de fallecimientos. En este rubro destaca Corea del Sur.

Fue la participación ciudadana, con base en el uso masivo de la tecnología en los teléfonos inteligentes, concretamente de las aplicaciones digitales. A través de portales web especializados y plataformas digitales como Alipay y Wechat, las autoridades evitaron desplazamientos a los centros de salud y, por tanto, nuevos contagios. El sistema, básicamente consiste en registrarse en dichas plataformas y crear un usuario con todos los datos personales, de ese modo, la persona debe cumplimentar un formulario online en el que se añaden datos tales como la ciudad en la que se encuentra, si presenta sintomatología propia de COVID-19 o si ha viajado a zonas de alto riesgo. Tras incluir tales datos, se genera un Código QR en color verde, amarillo o rojo, en función de las probabilidades de estar contagiado. Si la persona se desplaza por el país, debe enseñar el código QR que tiene. De este modo, también las autoridades sanitarias tienen un registro aproximado sobre los posibles casos, así como la localidad donde se encuentran los mayores focos de contagio.

Ya es urgente contar con una herramienta de esta naturaleza. Gobiernos estatales han publicado noticias de desarrollos similares, pero sorprendentemente resultan prácticamente desconocidos, es tarea de los administradores públicos formular soluciones, y en el IAPEM trabajamos en el análisis comparativo, pero, sobre todo, en el desarrollo conceptual de instrumentos que puedan ayudar a monitorear y quizá, ayudar a controlar la expansión de esta pandemia mortal.

@HuicocheaAlanis

Con el primer confinamiento, realizado entre los meses de febrero a mayo, los mexicanos no pudimos contener la pandemia causada por COVID19, y con el segundo tampoco lo lograremos en el altiplano, si es, como parece, la única medida que adoptamos. No sólo eso, el primer ensayo tuvo catastróficas consecuencias económicas acabando con empleos y desapareciendo empresas, dañando prácticamente a todas las familias, a pesar de los apoyos económicos en facilidades y en especie, otorgados por algunos gobiernos estatales -notoriamente el del Estado de México- y la ayuda de no pocos municipales.

Conforme a la premisa “no podemos esperar resultados diferentes haciendo lo mismo”, el confinamiento derivado de volver al semáforo en color rojo parece destinado a fracasar, por decirlo suavemente, a tener limitados resultados ante la proximidad de las fiestas navideñas pues el impulso fiestero de los mexicanos no parece que vaya a ser totalmente contenido. Por otra parte, el gobierno federal no ha anunciado ninguna medida adicional o diferente. Pareciera que las autoridades federales apuestan a ver cuánto aguantamos, o cuántos más mueren, en lo que se logra la inmunidad por vacunación de cerca de 30 millones de personas que habitamos los estados del centro de la República, a pesar de que nadie conoce detalles del plan de vacunación nacional y no se sabe con qué recursos se va a financiar, pues en el presupuesto para el año que está por comenzar no se previó un solo peso para tal propósito. Esa medida, basada nada más en una declaración en el sentido de que “hoy llegará la primera dotación de dosis de vacunas,” no puede ser considerada estrategia seria de acción gubernamental.

A diferencia de febrero pasado, hoy ya contamos con experiencias comparadas por las reacciones en el mundo. La más eficaz fue la de China, país de origen de la enfermedad, que logró contener el número de fallecimientos a menos de 5 mil personas en un país de más de mil millones de habitantes. Total, draconiano, forzoso y -a decir de sus críticos- violador de los derechos civiles fundamentales, a juzgar por los resultados no puede negarse lo evidente: fue una estrategia eficaz, y considerando esos datos, humanitariamente puede haber sido la mejor en el mundo.

Imposible siquiera imaginar que pueda adoptarse en México una medida similar, pues la sociedad no lo permitiría pero, sobre todo, porque el gobierno no tiene la capacidad de hacerlo, ni la voluntad de intentarlo, es preciso voltear a ver las experiencias exitosas de países que lograron contener la expansión de la pandemia sin trastocar los derechos de las personas, ni dañar en demasía la economía, deteniendo lo menos posible la vida social e institucional, y logrando un número menor de contagios y de fallecimientos. En este rubro destaca Corea del Sur.

Fue la participación ciudadana, con base en el uso masivo de la tecnología en los teléfonos inteligentes, concretamente de las aplicaciones digitales. A través de portales web especializados y plataformas digitales como Alipay y Wechat, las autoridades evitaron desplazamientos a los centros de salud y, por tanto, nuevos contagios. El sistema, básicamente consiste en registrarse en dichas plataformas y crear un usuario con todos los datos personales, de ese modo, la persona debe cumplimentar un formulario online en el que se añaden datos tales como la ciudad en la que se encuentra, si presenta sintomatología propia de COVID-19 o si ha viajado a zonas de alto riesgo. Tras incluir tales datos, se genera un Código QR en color verde, amarillo o rojo, en función de las probabilidades de estar contagiado. Si la persona se desplaza por el país, debe enseñar el código QR que tiene. De este modo, también las autoridades sanitarias tienen un registro aproximado sobre los posibles casos, así como la localidad donde se encuentran los mayores focos de contagio.

Ya es urgente contar con una herramienta de esta naturaleza. Gobiernos estatales han publicado noticias de desarrollos similares, pero sorprendentemente resultan prácticamente desconocidos, es tarea de los administradores públicos formular soluciones, y en el IAPEM trabajamos en el análisis comparativo, pero, sobre todo, en el desarrollo conceptual de instrumentos que puedan ayudar a monitorear y quizá, ayudar a controlar la expansión de esta pandemia mortal.

@HuicocheaAlanis

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