/ miércoles 25 de septiembre de 2019

Vida Pública / La Derrota moral de AMLO


AMLO ha sido derrotado, aunque nadie parece darse cuenta. La popularidad y el respaldo ciudadano del que goza el Presidente de la República son tan altos y amplios sectores los viven con tal algarabía, que no se han percatado de la herida que le han infligido. La 4T es un soldado que ha salido de la última refriega con la sensación y sonrisa de victoria, sin advertir que fue herido de muerte.

Desde el inicio de este sexenio, el gobierno federal ha tomado muy relevantes decisiones; tantas, que ya cuesta trabajo enlistarlas; todas relevantes y casi siempre polémicas, han cambiado el orden de las cosas y afectado intereses, pero ninguna de las decisiones del Presidente de la República parecía atentar en contra de su persona y de su gobierno. Ninguna, hasta ahora.

Con el respaldo popular a niveles históricos y, sobre todo, con el blindaje de senadores, diputados, presidentes municipales y ahora hasta gobernadores de su partido político, parece intocable políticamente e inmune a la crítica y el desgaste.

Decidió reducir el gasto público, con lo cual redujo el ritmo de crecimiento económico, pero el 46% de la población piensa que la situación económica que vive el país y la de sus familias es mejor que antes, de acuerdo con la encuesta “Escenarios Políticos”, de GEA-ISA, del 19 de septiembre de 2019. El número de delitos no para de crecer y el número de víctimas ha superado todos los récords, de acuerdo con datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública, del propio gobierno federal, pero desde diciembre pasado la gente siente que la inseguridad en el país ha bajado de 42 al 26%, según la misma encuesta. Más de 75 pesos de cada 100 que el gobierno ejerce para adquirir bienes y servicios, se han gastado evadiendo las licitaciones que la ley exige, pero el número de personas que creen que el gobierno de López Obrador ha realizado acciones en contra de la corrupción ha crecido de 56 en enero a 66% en septiembre.

Sorprendentes, los datos citados y muchos otros revelan que las decisiones de gobierno, si bien han tenido efectos negativos en la vida del país, han acrecentado el respaldo popular. Parece absurdo, y lo es, porque la política es una actividad humana y por lo tanto más emocional de lo que supondríamos.

Pero, en un exceso de confianza en sí mismo, AMLO acaba de cometer un error central.

“El triunfo de la reacción es moralmente imposible”, es una frase que se le atribuye a Benito Juárez. “La reacción”, en política, es una forma de referirse a un grupo, generalmente minoritario, poco afecto al diálogo razonable, y francamente opuesto, incluso por métodos violentos e ilegales, a la innovación y al cambio adaptativo.

“La reacción” en el México de nuestros días, es la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, organización gremial, afecta a métodos poco claros y francamente ilegales, que apenas agrupa poco más del 10% de los maestros, y que ya estaba confinada a controlar apenas unas secciones sindicales difíciles de precisar en el sur del país, donde además había merecido el repudio de la sociedad.

Y justamente con ese grupo autodenominado “disidente”, el jefe de las instituciones del país se alió y les acaba de conceder el poder que nunca tuvieron. Aliarse con un grupo reaccionario como ese, hace que la victoria de la 4T sea moralmente imposible.

@HuicocheaAlanis


AMLO ha sido derrotado, aunque nadie parece darse cuenta. La popularidad y el respaldo ciudadano del que goza el Presidente de la República son tan altos y amplios sectores los viven con tal algarabía, que no se han percatado de la herida que le han infligido. La 4T es un soldado que ha salido de la última refriega con la sensación y sonrisa de victoria, sin advertir que fue herido de muerte.

Desde el inicio de este sexenio, el gobierno federal ha tomado muy relevantes decisiones; tantas, que ya cuesta trabajo enlistarlas; todas relevantes y casi siempre polémicas, han cambiado el orden de las cosas y afectado intereses, pero ninguna de las decisiones del Presidente de la República parecía atentar en contra de su persona y de su gobierno. Ninguna, hasta ahora.

Con el respaldo popular a niveles históricos y, sobre todo, con el blindaje de senadores, diputados, presidentes municipales y ahora hasta gobernadores de su partido político, parece intocable políticamente e inmune a la crítica y el desgaste.

Decidió reducir el gasto público, con lo cual redujo el ritmo de crecimiento económico, pero el 46% de la población piensa que la situación económica que vive el país y la de sus familias es mejor que antes, de acuerdo con la encuesta “Escenarios Políticos”, de GEA-ISA, del 19 de septiembre de 2019. El número de delitos no para de crecer y el número de víctimas ha superado todos los récords, de acuerdo con datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública, del propio gobierno federal, pero desde diciembre pasado la gente siente que la inseguridad en el país ha bajado de 42 al 26%, según la misma encuesta. Más de 75 pesos de cada 100 que el gobierno ejerce para adquirir bienes y servicios, se han gastado evadiendo las licitaciones que la ley exige, pero el número de personas que creen que el gobierno de López Obrador ha realizado acciones en contra de la corrupción ha crecido de 56 en enero a 66% en septiembre.

Sorprendentes, los datos citados y muchos otros revelan que las decisiones de gobierno, si bien han tenido efectos negativos en la vida del país, han acrecentado el respaldo popular. Parece absurdo, y lo es, porque la política es una actividad humana y por lo tanto más emocional de lo que supondríamos.

Pero, en un exceso de confianza en sí mismo, AMLO acaba de cometer un error central.

“El triunfo de la reacción es moralmente imposible”, es una frase que se le atribuye a Benito Juárez. “La reacción”, en política, es una forma de referirse a un grupo, generalmente minoritario, poco afecto al diálogo razonable, y francamente opuesto, incluso por métodos violentos e ilegales, a la innovación y al cambio adaptativo.

“La reacción” en el México de nuestros días, es la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, organización gremial, afecta a métodos poco claros y francamente ilegales, que apenas agrupa poco más del 10% de los maestros, y que ya estaba confinada a controlar apenas unas secciones sindicales difíciles de precisar en el sur del país, donde además había merecido el repudio de la sociedad.

Y justamente con ese grupo autodenominado “disidente”, el jefe de las instituciones del país se alió y les acaba de conceder el poder que nunca tuvieron. Aliarse con un grupo reaccionario como ese, hace que la victoria de la 4T sea moralmente imposible.

@HuicocheaAlanis

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