/ martes 14 de noviembre de 2017

Visión Democrática

Ubicada en el extremo noreste de Europa, Islandia es la segunda isla más grande del continente europeo, solo después de la Gran Bretaña; su capital es Reikiavik, su idioma oficial es el islandés, como religión oficial profesan la evangélica luterana y su moneda es la Corona Islandesa. El transporte aéreo es de gran importancia tanto a nivel nacional como internacional, sus principales aeropuertos se ubican en su capital y en KeflavÁk, lugar donde se encuentra instalada una base militar de los Estados Unidos de América. Islandia no cuenta con fuerza militar.

Islandia tiene una superficie de 103,125 kilómetros cuadrados y 338,349 habitantes aproximadamente, por lo que se puede expresar que posee una densidad de población de 3.19 habitantes por kilómetro cuadrado, mantiene una esperanza de vida de 81.4 años, su crecimiento poblacional es del 1%. En el tema de las inversiones, Islandia cuenta con abundantes recursos geotérmicos, lo que atrae inversión extranjera en los sectores del aluminio y de la energía hidráulica, así que Luxemburgo, los Países Bajos, Suiza, Estados Unidos, Dinamarca y Noruega, mantienen importantes relaciones de negocios con esa nación.

El gobierno está organizado en una república parlamentaria y administrativamente se divide en 76 municipios. El parlamento islandés se denomina Althingi, es unicameral y se integra por 63 miembros que son electos para un periodo de cuatro años sobre la base de la representación proporcional en votación secreta por todos los ciudadanos islandeses que tengan 18 años o más el día de la elección.

El presidente de Islandia es también elegido por el pueblo a través de votación directa y secreta, para un periodo de 4 años. Esta elección se lleva a cabo en los meses de junio o julio del año en el que termina el mandato de su antecesor, por lo que el plazo entre la elección y la toma de posesión es realmente muy corto, máximo de dos meses pues quien resulta electo como presidente inicia sus funciones el 1 de agosto de ese mismo año.

El presidente de la república no puede ser un miembro del Althingi pero entre sus facultades está el disolverlo; de darse esta disolución se debe convocar a elecciones y estas tendrán que llevarse a cabo dentro de los 45 días a partir del anuncio de su disolución; por lo anterior es común que los miembros del Althingi no concluyan su periodo de 4 años. Es importante mencionar que el primer ministro de Islandia se desempeña como jefe de gobierno y, de acuerdo a la constitución, es formalmente designado por el presidente de ese país de entre los parlamentarios que resultaron electos.

En 2008, Islandia sufrió una gran crisis al colapsar su sistema financiero junto con tres de sus principales bancos comerciales, se considera que se trata de la mayor dificultad sufrida por un país en la historia económica del mundo, en otras palabras, Islandia estuvo muy cerca de la bancarrota. La política islandesa no escapó a la afectación financiera, bancaria y económica, el primer ministro Geir H. Haarde, perteneciente al Partido de la Independencia (conservador), dimitió y el 31 de enero de 2009 dejó el gobierno a cargo de una coalición conformada por la Alianza Socialdemócrata y el Movimiento de Izquierda-Verde, al frente de ésta se encontraba Johanna Siguroardóttir quien desempeñó dicho cargo hasta 2013.

El 17 de abril de 2013, los nuevos comicios generales pusieron fin al gobierno de centro-izquierda de Johanna Siguroardóttir, de manera que el líder del Partido Progresista Sigmundur Davídh Gunnlaugsson se convirtió en el primer ministro al participar en coalición con el Partido de la Independencia. En 2016, el primer ministro Gunnlaugsson se vio envuelto en un escándalo por la probable participación de su esposa en una sociedad en las Islas Vírgenes Británicas que resultó ser acreedora del Estado Islandés, el escándalo se agravó cuando se publicaron a nivel internacional los “Papeles de Panamá”, pues se tuvo conocimiento que el propio primer ministro estaría implicado en ellos, por lo que tras varias manifestaciones sociales en su contra decidió renunciar a su cargo el 5 de abril de 2016, a partir de esa fecha el presidente Ólafur Ragnar Grímsson designó como nuevo primer ministro a Siguróur Ingi Jóhannsson, perteneciente al mismo Partido Progresista.

El 29 de octubre de 2016 se celebraron elecciones legislativas anticipadas cuyos resultados dieron al Partido de la Independencia, como el de mayor aceptación entre el electorado (29%), aquel que su líder dimitió tras la crisis financiera de 2008, seguido por el Partido Izquierda-Verde (15.9%) y el Partido Pirata (14.5%), el Partido Progresista sufrió una importante baja en las preferencias electorales (11.55) de igual manera que la Alianza Social-Demócrata (5.7). Los partidos Reforma (10.5%) y Futuro Brillante (7.2%) tuvieron buenos resultados. Con estos resultados fue necesario un consenso y luego de más de dos meses de negociaciones, el 10 de enero de 2017 se logró conformar gobierno a través de la coalición entre los partidos de la Independencia, Reforma y Futuro Brillante. A partir del 11 de enero de 2017 se designó como primer ministro a Bjarni Benediktsson, quien pertenece al Partido de la Independencia.

Al poco tiempo de que Bjarni Benediktsson asumió el cargo como primer ministro, se tuvo conocimiento que su padre recomendó a un amigo de la familia condenado por pederastia para que le fuera “restituido el honor”. La restitución de honor es un procedimiento legal que permitía (ya no ocurre así) a personas condenadas por delitos graves presentarse a elecciones o ejercer la abogacía. Esta noticia generó desconfianza entre los integrantes de la coalición y como respuesta el partido Futuro Brillante rompió la coalición y con ello se perdió la mayoría en el parlamento para gobernar, orillando al primer ministro a dimitir.

Por lo anterior, se convocó a elecciones parlamentarias anticipadas mismas que se verificaron el 28 de octubre del año en curso, con una gran participación ciudadana del 81.1%, es decir, a las urnas acudieron aproximadamente 201,700 personas de 248, 502 posibles. En dicha elección, los resultados fueron los siguientes: Partido de la Independencia (25.2%), Partido Izquierda-Verde (16.9%), Partido Progresista (10.7%), Alianza Social-Demócrata (12.1%), Partido de Centro (10.9%), Partido Pirata (9.2%), Partido del Pueblo (6.9%) y Reforma (6.7%).

Es de destacar la actitud de la ciudadanía islandesa, pues lejos de abstenerse de participar y tomar como bandera los problemas financieros o los reiterados escándalos provocados por algunos de sus gobernantes, demostró madurez al asistir a las urnas y dejar patente su deseo de solucionar cualquier problema por la vía democrática, de manera pacífica y al mismo tiempo hacer valer su decisión de que fuerzas políticas deben tomar las riendas del gobierno para llevar al país a un crecimiento estable.

Islandia nos obsequia una lección democrática que debiera servir para todos los que tenemos el derecho de elegir mediante elecciones libres a nuestros gobernantes, y al mismo tiempo, ejercer la obligación de decidir responsablemente, que las elecciones son la mejor manera que nos hemos dado para manifestarnos como ciudadanía.

 

@CP_IEEM_MX

Ubicada en el extremo noreste de Europa, Islandia es la segunda isla más grande del continente europeo, solo después de la Gran Bretaña; su capital es Reikiavik, su idioma oficial es el islandés, como religión oficial profesan la evangélica luterana y su moneda es la Corona Islandesa. El transporte aéreo es de gran importancia tanto a nivel nacional como internacional, sus principales aeropuertos se ubican en su capital y en KeflavÁk, lugar donde se encuentra instalada una base militar de los Estados Unidos de América. Islandia no cuenta con fuerza militar.

Islandia tiene una superficie de 103,125 kilómetros cuadrados y 338,349 habitantes aproximadamente, por lo que se puede expresar que posee una densidad de población de 3.19 habitantes por kilómetro cuadrado, mantiene una esperanza de vida de 81.4 años, su crecimiento poblacional es del 1%. En el tema de las inversiones, Islandia cuenta con abundantes recursos geotérmicos, lo que atrae inversión extranjera en los sectores del aluminio y de la energía hidráulica, así que Luxemburgo, los Países Bajos, Suiza, Estados Unidos, Dinamarca y Noruega, mantienen importantes relaciones de negocios con esa nación.

El gobierno está organizado en una república parlamentaria y administrativamente se divide en 76 municipios. El parlamento islandés se denomina Althingi, es unicameral y se integra por 63 miembros que son electos para un periodo de cuatro años sobre la base de la representación proporcional en votación secreta por todos los ciudadanos islandeses que tengan 18 años o más el día de la elección.

El presidente de Islandia es también elegido por el pueblo a través de votación directa y secreta, para un periodo de 4 años. Esta elección se lleva a cabo en los meses de junio o julio del año en el que termina el mandato de su antecesor, por lo que el plazo entre la elección y la toma de posesión es realmente muy corto, máximo de dos meses pues quien resulta electo como presidente inicia sus funciones el 1 de agosto de ese mismo año.

El presidente de la república no puede ser un miembro del Althingi pero entre sus facultades está el disolverlo; de darse esta disolución se debe convocar a elecciones y estas tendrán que llevarse a cabo dentro de los 45 días a partir del anuncio de su disolución; por lo anterior es común que los miembros del Althingi no concluyan su periodo de 4 años. Es importante mencionar que el primer ministro de Islandia se desempeña como jefe de gobierno y, de acuerdo a la constitución, es formalmente designado por el presidente de ese país de entre los parlamentarios que resultaron electos.

En 2008, Islandia sufrió una gran crisis al colapsar su sistema financiero junto con tres de sus principales bancos comerciales, se considera que se trata de la mayor dificultad sufrida por un país en la historia económica del mundo, en otras palabras, Islandia estuvo muy cerca de la bancarrota. La política islandesa no escapó a la afectación financiera, bancaria y económica, el primer ministro Geir H. Haarde, perteneciente al Partido de la Independencia (conservador), dimitió y el 31 de enero de 2009 dejó el gobierno a cargo de una coalición conformada por la Alianza Socialdemócrata y el Movimiento de Izquierda-Verde, al frente de ésta se encontraba Johanna Siguroardóttir quien desempeñó dicho cargo hasta 2013.

El 17 de abril de 2013, los nuevos comicios generales pusieron fin al gobierno de centro-izquierda de Johanna Siguroardóttir, de manera que el líder del Partido Progresista Sigmundur Davídh Gunnlaugsson se convirtió en el primer ministro al participar en coalición con el Partido de la Independencia. En 2016, el primer ministro Gunnlaugsson se vio envuelto en un escándalo por la probable participación de su esposa en una sociedad en las Islas Vírgenes Británicas que resultó ser acreedora del Estado Islandés, el escándalo se agravó cuando se publicaron a nivel internacional los “Papeles de Panamá”, pues se tuvo conocimiento que el propio primer ministro estaría implicado en ellos, por lo que tras varias manifestaciones sociales en su contra decidió renunciar a su cargo el 5 de abril de 2016, a partir de esa fecha el presidente Ólafur Ragnar Grímsson designó como nuevo primer ministro a Siguróur Ingi Jóhannsson, perteneciente al mismo Partido Progresista.

El 29 de octubre de 2016 se celebraron elecciones legislativas anticipadas cuyos resultados dieron al Partido de la Independencia, como el de mayor aceptación entre el electorado (29%), aquel que su líder dimitió tras la crisis financiera de 2008, seguido por el Partido Izquierda-Verde (15.9%) y el Partido Pirata (14.5%), el Partido Progresista sufrió una importante baja en las preferencias electorales (11.55) de igual manera que la Alianza Social-Demócrata (5.7). Los partidos Reforma (10.5%) y Futuro Brillante (7.2%) tuvieron buenos resultados. Con estos resultados fue necesario un consenso y luego de más de dos meses de negociaciones, el 10 de enero de 2017 se logró conformar gobierno a través de la coalición entre los partidos de la Independencia, Reforma y Futuro Brillante. A partir del 11 de enero de 2017 se designó como primer ministro a Bjarni Benediktsson, quien pertenece al Partido de la Independencia.

Al poco tiempo de que Bjarni Benediktsson asumió el cargo como primer ministro, se tuvo conocimiento que su padre recomendó a un amigo de la familia condenado por pederastia para que le fuera “restituido el honor”. La restitución de honor es un procedimiento legal que permitía (ya no ocurre así) a personas condenadas por delitos graves presentarse a elecciones o ejercer la abogacía. Esta noticia generó desconfianza entre los integrantes de la coalición y como respuesta el partido Futuro Brillante rompió la coalición y con ello se perdió la mayoría en el parlamento para gobernar, orillando al primer ministro a dimitir.

Por lo anterior, se convocó a elecciones parlamentarias anticipadas mismas que se verificaron el 28 de octubre del año en curso, con una gran participación ciudadana del 81.1%, es decir, a las urnas acudieron aproximadamente 201,700 personas de 248, 502 posibles. En dicha elección, los resultados fueron los siguientes: Partido de la Independencia (25.2%), Partido Izquierda-Verde (16.9%), Partido Progresista (10.7%), Alianza Social-Demócrata (12.1%), Partido de Centro (10.9%), Partido Pirata (9.2%), Partido del Pueblo (6.9%) y Reforma (6.7%).

Es de destacar la actitud de la ciudadanía islandesa, pues lejos de abstenerse de participar y tomar como bandera los problemas financieros o los reiterados escándalos provocados por algunos de sus gobernantes, demostró madurez al asistir a las urnas y dejar patente su deseo de solucionar cualquier problema por la vía democrática, de manera pacífica y al mismo tiempo hacer valer su decisión de que fuerzas políticas deben tomar las riendas del gobierno para llevar al país a un crecimiento estable.

Islandia nos obsequia una lección democrática que debiera servir para todos los que tenemos el derecho de elegir mediante elecciones libres a nuestros gobernantes, y al mismo tiempo, ejercer la obligación de decidir responsablemente, que las elecciones son la mejor manera que nos hemos dado para manifestarnos como ciudadanía.

 

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