/ sábado 15 de junio de 2019

Voz Millennial


¡Diles que no nos maten!

Salgo de casa todos los días, volteo a ambos lados de la calle porque aún sigue oscuro, lo hago no para cruzar la acera sino para medir el peligro, respiro tranquila, camino rápido hasta tomar al autobús, descanso durante unos minutos y me bajo, llegó a mi destino: otro día más de vida.

Norberto Ronquillo y Leonardo Avendaño no pueden decir lo mismo, fueron secuestrados y asesinados, encontrados con signos de tortura. Todos los días aparece en mi muro de Facebook otra imagen de una chica desaparecida, otra alerta Ámber activada y sin funcionar. Pocas se encuentran cuando son cadáveres irreconocibles por la descomposición, la mayoría muestra signos de violencia extrema en sus cuerpos.

¿Cómo esperan las autoridades de este país que los jóvenes apoyemos sus gobiernos y sus políticas de seguridad si cada día vemos con indignación que son aplastados los sueños de familias enteras al saber que otro estudiante universitario desaparece? ¿Qué dignidad puede tener la juventud de este país si no hay una mínima garantía de que llegarán vivos al final del día y no formarán parte de las estadísticas delincuenciales como víctimas?

Las razones del aumento de los secuestros en la Ciudad de México y el país entero así como del aumento del crimen organizado son claras:no hay estrategias puntuales para combatir la inseguridad, hay un aumento de la pobreza considerable y constante (unido a la falta de educación) y un deterioro de Estado de Derecho tan mortífero que es evidente.

Militarizar al país con una “guardia ciudadana” o darle más poder a las policías son soluciones simplonas y faltas de cualquier lógica cultural o sociológica, desplazando el verdadero problema estructural que nos pega desde hace más de una década: los gobiernos han gobernado solo para los suyos, para sus seguidores, usando mucha palabrería y dejando de lado los conflictos sociales, acrecentando la corrupción y fortaleciendo el narco estado.

Dolor, mucho dolor es lo que siento de saber que hasta estudiar es peligroso en México, ya no digamos divertirse porque parece casi imposible pensar en ello. Impotencia y empatía que desgarra el alma al leerlas publicaciones de los padres, hermanos y amigos de quienes ya no vuelven y ruegan a Dios por una justicia que parece nunca llegar porque para esto parece no haber presupuesto tampoco.

¿Porqué no se atiende el asunto pero si se defiende un gobierno que no se siente “culpable”? Mi parte más extrema y anárquica apunta a que no se hace nada porque no conviene, es mejor tener a la población temerosa, con miedo a salir y a adquirir conocimiento para que no piensen en lo realmente importante.

#NiUnEstudianteMenos!Ni una persona menos por la delincuencia en este país. Quiero a mis alumnos y amigos en su máximo potencial sin miedos ni pesares.Quiero un país donde pueda salir a la calle sin importar la hora.Quiero poder estudiar en paz. Quiero poder volver a vivir. ¿AMLO, me das la oportunidad de ser una ciudadana plena?


¡Diles que no nos maten!

Salgo de casa todos los días, volteo a ambos lados de la calle porque aún sigue oscuro, lo hago no para cruzar la acera sino para medir el peligro, respiro tranquila, camino rápido hasta tomar al autobús, descanso durante unos minutos y me bajo, llegó a mi destino: otro día más de vida.

Norberto Ronquillo y Leonardo Avendaño no pueden decir lo mismo, fueron secuestrados y asesinados, encontrados con signos de tortura. Todos los días aparece en mi muro de Facebook otra imagen de una chica desaparecida, otra alerta Ámber activada y sin funcionar. Pocas se encuentran cuando son cadáveres irreconocibles por la descomposición, la mayoría muestra signos de violencia extrema en sus cuerpos.

¿Cómo esperan las autoridades de este país que los jóvenes apoyemos sus gobiernos y sus políticas de seguridad si cada día vemos con indignación que son aplastados los sueños de familias enteras al saber que otro estudiante universitario desaparece? ¿Qué dignidad puede tener la juventud de este país si no hay una mínima garantía de que llegarán vivos al final del día y no formarán parte de las estadísticas delincuenciales como víctimas?

Las razones del aumento de los secuestros en la Ciudad de México y el país entero así como del aumento del crimen organizado son claras:no hay estrategias puntuales para combatir la inseguridad, hay un aumento de la pobreza considerable y constante (unido a la falta de educación) y un deterioro de Estado de Derecho tan mortífero que es evidente.

Militarizar al país con una “guardia ciudadana” o darle más poder a las policías son soluciones simplonas y faltas de cualquier lógica cultural o sociológica, desplazando el verdadero problema estructural que nos pega desde hace más de una década: los gobiernos han gobernado solo para los suyos, para sus seguidores, usando mucha palabrería y dejando de lado los conflictos sociales, acrecentando la corrupción y fortaleciendo el narco estado.

Dolor, mucho dolor es lo que siento de saber que hasta estudiar es peligroso en México, ya no digamos divertirse porque parece casi imposible pensar en ello. Impotencia y empatía que desgarra el alma al leerlas publicaciones de los padres, hermanos y amigos de quienes ya no vuelven y ruegan a Dios por una justicia que parece nunca llegar porque para esto parece no haber presupuesto tampoco.

¿Porqué no se atiende el asunto pero si se defiende un gobierno que no se siente “culpable”? Mi parte más extrema y anárquica apunta a que no se hace nada porque no conviene, es mejor tener a la población temerosa, con miedo a salir y a adquirir conocimiento para que no piensen en lo realmente importante.

#NiUnEstudianteMenos!Ni una persona menos por la delincuencia en este país. Quiero a mis alumnos y amigos en su máximo potencial sin miedos ni pesares.Quiero un país donde pueda salir a la calle sin importar la hora.Quiero poder estudiar en paz. Quiero poder volver a vivir. ¿AMLO, me das la oportunidad de ser una ciudadana plena?