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  • Atanasio Serrano López

 

Quien no conoce Los Ángeles, no conoce México”, es el mensaje publicitario, con que sus propietarios, anuncian desde su fundación en 1937, el salón de baile más popular en la Ciudad de México.

Desde hace ochenta años, es el centro de diversión y socialización más conocido en la gran capital. Preferido por parejas de todas las edades; de enamorados, o de jóvenes, hombres y mujeres, que van en busca del amor. Sigue ofreciendo con esa propensión alegría, emoción, música, regocijo, para reanimar el espíritu.

Es un octogenario alegre y vivaz; ha resistido el paso del tiempo. Felizmente a esa edad, sigue abriendo sus puertas a quienes gustan contonear el cuerpo y lucir, sobre la duela sus mejores pasos marcados con el compás de variados ritmos.

[La conmemoración de la fecha, no podría ser, sino de júbilo. El público clientelar de siempre, no podía perderse la magna fiesta. Viejas y nuevas generaciones se arrullaron con el cadencioso ritmo del danzón].

Como en tiempos de ayer, al empezar la primera tanda, se escuchó:

-¡Hey Familia! Danzón dedicado a….. Inmediatamente “Nereidas”, envolvió el espacio. Las parejas, al embrujo de El “rey del danzón”, bailaron suavemente sobre la reluciente pista.

La cadencia de ese clásico contrastó con los movimientos de cintura, de brazos, de cadera, de quienes danzaron al ritmo de “La Boa”, “Luces de Nueva York”, “Las Clases del Cha cha cha”. “Falsaria”, “La Pollera Colorá”; “Mambo en Sax”, y otros géneros musicales que como en el pasado siguen gustando.

La Sonora Santanera, La Sonora Matancera, “La Sonora Dinamita”, “La Orquesta de Pérez Prado”, alternaron con los Campeones de Carlos Campos; con las orquestas, Antillana, de Arturo Núñez, y la de Ramón Márquez, todas en una segunda versión. Para agrado de quienes gustan bailar, conservan el ritmo melódico, marcado por los directores que hace cincuenta años las dirigieron.

Los invitados especiales se codearon con gente llagada de los barrios populares, para aprovechar la oportunidad de bailar en tan significativa fecha.

El baile se suspendió cuando el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, al develar la placa que perpetúa la edad, del legendario salón dijo: “Salón Los Ángeles, icono de la ciudad que no debemos perder”. Además ofreció declararlo patrimonio de la ciudad.

Bien merecido el homenaje. Es el salón de baile más longevo de la mega metrópoli. Por ser digno recinto, donde el baile se muestra como una expresión de cultura popular; su historia, amerita incluirse en las páginas de la crónica oficial.

Concluida la solemnidad, el goce y el esparcimiento, siguieron en ese paraíso de la colonia Guerrero, hasta horas de la madrugada.

Una vez homenajeado el fasto, el Salón Los Ángeles continuará ofreciendo sesiones de baile, para todas las clases sociales de la ciudad. En veinte años más celebrará el Centenario de su fundación. Los jóvenes de ahora, ya maduros, evocarán emocionados, su asistencia al festejo del octogenario cumpleaños.

Ante la imposibilidad de asistir a su exaltación lo evoqué viendo “Tivoli”, película de Alberto Isaac. “El Salón Los Ángeles” se convierte en set fílmico, cuando a iniciativa del “Tiliches”, Alfonso Arau, la empresa, obsequia un benéfico baile, para quienes, por la demolición del legendario teatro habían perdido su trabajo.

Imaginariamente, reconstruí las tardes que lo frecuenté hace más de cuatro décadas. Rememoré que allí conocí una joven mujer, amada en esos años.

Por conocer Los Ángeles no sólo conocí México. También un amor, que sólo fue un sueño.