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Editorial

  • Redacción

 

Una epidemia de influenza paralizó al país durante dos días en la época del ex presidente Felipe Calderón Hinojosa. Las autoridades de aquel tiempo entraron en pánico y alertaron a la población sobre el peligro inminente de perder la salud, para lo cual debían suspenderse ciertas actividades y dejar de asistir a lugares públicos concurridos en los que el contagio era inevitable.

Seis años más tarde renace esa preocupación, aunque no con la misma intensidad porque el número de casos no lo justifica aún, pero es necesario tomar medidas de prevención y cerrarle el paso al avance del mal.

La Secretaría de Salud ha hecho un llamado a los padres de familia para que no lleven a los niños a la escuela cuando observen que muestran algunos síntomas de influenza, pues en los planteles la presencia de un niño enfermo hace el efecto de una chispa en la floresta en temporada de sequía.

La vacunación que se hace cada año es una protección relativa, puesto que no se trata de una campaña universal que abarque a toda la población, pues sólo está dirigida a niños pequeños y a personas de avanzada edad. Además, en los últimos años el consumo de vacunas ha descendido, tal vez por la resistencia de muchas personas que propalan el rumor de que el antígeno produce efectos contrarios, es decir, que provoca influenza en personas sanas, lo cual, desde luego, es una falsedad.

Es necesario tomar medidas preventivas y vacunar al mayor número posible de personas para evitar que el número de casos avance de manera vertical hasta convertirse en un grave riesgo y que no sea preciso tocar las campanas a rebato, porque una población disciplinada, conducida por autoridades responsables, cuida con esmero de ese valor indispensable que es la salud.(S)