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Hablemos de Paz y No violencia

  • Rodrigo Sánchez Arce

 

En Venezuela, los descontentos con el régimen chavista enfrentan una brutal represión con un saldo de 43 muertos y decenas de heridos, hasta ahora. ¿Qué pasa en Venezuela? A diferencia de otros países latinoamericanos que transitaron a la democracia en los 80 y 90 (incluido México), Venezuela lo hizo desde 1958 al derrocar al dictador Marcos Pérez. Desde entonces y hasta inicios del siglo XXI, el país vivió una democracia no exenta de problemas, con amenazas golpistas y levantamientos militares, pero con elecciones libres, hasta que en 1999 Hugo Chávez llegó a ser presidente. Siendo oficial del ejército, Chávez fracasó en 1992 al intentar un golpe de Estado. En 1994 fue amnistiado y luego pudo ser presidente gracias a su popularidad. Ya como mandatario implementó su Revolución Bolivariana basada en el ideario del libertador Simón Bolívar y que pretendía llevar al país a un “nuevo socialismo”.

Al inicio todo parecía ir bien: los altos precios del petróleo dejaron al régimen inmensos recursos con los que abatió la pobreza y amplió el acceso a la alimentación, vivienda, salud y educación. Chávez era un líder carismático y los países del Cono Sur (el Brasil de Lula, la Argentina de Kirchner, el Ecuador de Correa, la Bolivia de Evo) lo apoyaron y celebraron los desafíos que planteó al “imperio estadounidense”. No obstante, también desmanteló las instituciones democráticas: controló al Congreso y al Poder Judicial, acotó la libertad de prensa, clausuró medios de comunicación, encarceló opositores, canceló toda posibilidad de diálogo y modificó la Constitución para reelegirse de manera indefinida. Para su segunda reelección del año 2007 ya era claro que era un dictador. Reelecto por tercera vez en 2013, ya no pudo gobernar, pues lo alcanzó la muerte, no sin antes dejar la presidencia a su incondicional Nicolás Maduro. Y lo que primero fue tragedia, luego se volvió farsa…

El inicio del periodo de Maduro coincidió con la baja en los precios del petróleo y por tanto la quiebra del chavismo. Entonces emergió lo podrido del régimen que se arrojó a los brazos de Cuba: no sólo rescató a la isla de su maltrecha economía, sino que dejó bajo su control la seguridad del país, mientras la oligarquía chavista se entregaba al narco y la corrupción. El populismo dañó la economía, provocó hiperinflación y desabasto de alimentos y bienes de consumo. Además, repuntó la mortalidad infantil y la gente ha vuelto a morir de enfermedades prevenibles. La historia enseña que algunos regímenes autoritarios sobreviven un tiempo si alimentan y dan seguridad social a su pueblo, aunque le niegue libertades, pero jamás perduran si el pueblo carece de comida, medicinas y cosas tan sencillas como el papel higiénico y el jabón.

Por ello los venezolanos se han lanzado a las calles, con independencia de su filiación política, a protestar y recuperar las libertades y el bienestar perdido aun a costa de su seguridad y por más que los acusen de ser esbirros del imperio o la ultraderecha. Frente a un pueblo hambriento y ofendido no hay etiqueta ideológica que valga. Tarde o temprano el chavismo caerá, el problema es que el proceso puede durar años y llevarse entre las patas a más venezolanos. De esta forma, Venezuela es el ejemplo más acabado de cómo los antidemócratas puden utilizar a la misma democracia para destruirla por completo.

rodrigo.pynv@hotmail.com