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Hablemos de Paz y No Violencia

  • Rodrigo Sánchez Arce

Se estima que en el mundo existen más de cinco mil naciones (aquellos colectivos humanos que comparten la conciencia de pertenecer a una comunidad y tener un mismo origen étnico, cultura, lenguaje, entre otras cosas) agrupadas en más de 200 países.Estosignifica que, en promedio, hay 25 naciones por cada país (en México, los “mexicanos” somos herederos del proceso de mestizaje, pero también hay nahuas, mayas, mixtecos, otomís, yaquis, tarahumaras, huastecos, etc.) ¿Se imaginan que estas más de cinco mil naciones quisieran tener su propio Estado y territorio? El mundo sería aún más caótico.

El proceso de creación de países en su forma de Estados-Nación lleva ya cinco siglos, desde la formación de los primeros países europeos a partir de sus etnias predominantes: la Francia de los francos, Inglaterra de los anglos, España de los castellanos. Ha sido un proceso dinámico que continúa hasta la fecha y además violento, pues ha implicado someter a otros pueblos y trazar fronteras artificiales (por ejemplo, para crear España, los castellanos sometieron a valencianos, gallegos, andaluces, vascos, catalanes, mallorquís y otros). Y por ello es que los nacionalismos siguen dando problemas en la actualidad dada la existencia de tensiones no resueltas que han prevalecido en el tiempo.

Lo anterior viene a cuento por el proceso independentista de Cataluña. Desde que España se convirtió en estado-nación en el siglo XVI, sometió e integró a Cataluña; desde entonces ésta ha mantenido con Madrid una relación de pertenencia conflictiva y su deseo de independencia ha estado latente. Este deseo creció hace una década por diversos factores, entre otros por que los catalanes consideran que el gobierno español invade de forma excesiva su autonomía y leyes, principalmente su Estatut promulgado en 2006, cuyos artículos sobre derechos históricos, símbolos nacionales, lenguas y potestades fueron declarados inconstitucionales por los Tribunales; por la severa crisis económica que ha afectado a las clases medias catalanas; y por el arribo de una clase política ultranacionalista y demagoga liderada por el presidente Puigdemont, quien ha declarado ya la independencia de Cataluña.

Cabe recordar que al fin de la Guerra Fría, con la desaparición de la Unión Soviética se crearon 15 países, incluida Rusia; la ex Yugoslavia se fragmentó en seis y Checoslovaquia en dos. En este siglo XXI se han creado otros cinco: Timor Oriental, Kosovo, Abjasia, Osetia del Sur y Sudán del Sur. Y actualmente hay muchos movimientos separatistas: no sólo Cataluña, también el País Vasco se quiere separar de España; Escocia del Reino Unido, Lombardía-Venecia de Italia, Flandes de Bélgica, Québec de Canadá, Yemen del Sur de Yemen, Tíbet de China, Chechenia de Rusia, el Kurdistán de Turquía, Irak, Irán y Siria, y los estados de Paraná, Río Grande do Sul y Santa Catarina del Brasil.

Lo cierto es que el nacionalismo es un anacronismo que está más vivo que nunca en esta época de globalización en que se reconocen derechos humanos universales y los países forman regiones que trascienden fronteras (APEC, TLC, Unión Europea, Mercosur). Es una rémora que sigue provocando mucha violencia; lo deseable es que se acepte la mezcla de sangre y culturas para convivir en paz, sin llegar al extremo que exige la globalización, al pretender que todos piensen igual y se integren al capitalismo de manera acrítica.

rodrigo.pynv@hotmail.com