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Hablemos de paz y no violencia

  • Rodrigo Sánchez Arce

Confieso que consulté en Internet (y lo confieso porque soy de los antiguos que aún lee libros aunque tengan polilla) el concepto de “vibración”. La definición inicial remite a su etimología: del latín vibratĭo, hacer que algo se mueva o se conmueva. Este último aspecto, el de “conmover”, remite a lo emocional, de manera que “vibración”, más allá de la Física, es el conjunto de sentimientos o sensaciones que una persona percibe de alguien o emite hacia los demás. De allí se deriva el verbo “vibrar” y de éste el sustantivo “vibra”, que es la materialización de esos sentimientos o sensaciones que, dependiendo del humor de quién lo reciba o lo emita, puede ser percibido como bueno o malo.

Lo anterior viene a cuento por la marcha del pasado domingo: “Vibra México”. Su objetivo fue convocar a protestar por Trump, un presidente antimexicano en un momento de vulnerabilidad de nuestro país. Como siempre, surgieron voces que pidieron ajustar cuentas con Peña antes que con Trump, por lo que se trató de orientar la marcha a exigir mayor firmeza en las respuestas de Peña hacia las groserías de Trump. Hubo quien pensó que la marcha era muy antipeñista e inventaron otra: “Mexicanos Unidos”. Al final reinó la confusión y acabó siendo una marcha en la cada quién protestó por lo que consideró peor.

No obstante, “Vibra México” fue convocada por dirigentes de 80 organizaciones sociales e instituciones educativas, así como por destacados académicos e intelectuales del país quienes, a mi juicio, cuentan con gran solvencia moral. Entre ellos María Elena Morera de Causa en Común y quien en 2004 convocó a la marcha contra la inseguridad en la ciudad de México; Alejandro Martí de México SOS; Enrique Graue, Rector de la UNAM; David Ramírez, Rector del Tecnológico de Monterrey; Roy Campos de Consulta Mitofksky; Eduardo Bohórquez de Transparencia Mexicana; María Amparo Casar de Mexicanos Contra la Corrupción; y los escritores Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín, Ángeles Mastretta, Lorenzo Meyer, Jorge Volpi, Sergio Aguayo, entre otros.

Como era previsible, la marcha tuvo muchos problemas, comenzando por una convocatoria menor a la esperada: no marcharon cientos de miles sino sólo decenas de miles, siendo éste su aspecto más criticado. Creo que, al no ser personajes populares o marchantes profesionales, los convocantes no echaron mano de acarreados. No obstante en 2004 se convocó a una marcha similar: “México unido contra la delincuencia”, en la que salieron a las calles 200 mil personas. ¿Qué falló ahora? Creo que influyeron dos cosas: el desencanto con los gobiernos corruptos y la apatía social que ello genera, y la mala vibra de las izquierdas mexicanas que piensan que ostentan el monopolio de la protesta.

Del primer aspecto ya he hablado en otras ocasiones. A su vez, las izquierdas demonizaron y boicotearon la marcha acusándola de llamar a una falsa unidad, de manipular emociones y de patrioterismo reaccionario, y a sus convocantes de paleros del gobierno. En este proceso se perdió la gran oportunidad de rechazar rotundamente las groserías de Trump y de reflejar unidad nacional, que no unanimidad, al menos por un par de horas; fracasó en mostrar a los paisanos que viven “allá” que sus compatriotas de “acá” los apoyan. En cambio Trump, quien se enteró de la marcha a pesar de lo que piensan los ingenuos, vio cómo sigue fracturando a México al no ser capaz de dejar a un lado las diferencias. Además aprendimos que las izquierdas son malvibrosas, que se creen las únicas autorizadas para imponer la agenda de la protesta nacional. Aunque nadie cuestiona ya la otra agenda, la de los “43”, los desaparecidos, la reforma educativa, el gasolinazo, la pobreza, las izquierdas fueran ciegas al rechazar el tema anti Trump. De acuerdo, su trabajo y su derecho es criticar todo, pero también, como dijo el periodista Juan Pablo Becerra-Acosta, en esta ocasión esa fue una muy “pinche” forma de ser.

Rodrigo Sánchez Arce,

rodrigo.pynv@hotmail.com