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Pensamiento Universitario

  • Juan Cuenca Díaz

 

Entre el medio ambiente y el desarrollo de la humanidad están presentes múltiples vinculaciones, cuya complejidad aumenta en la medida en que la civilización se encamina hacia condiciones de globalidad en las diferentes áreas. Lamentablemente, en muchos lugares del planeta la evolución no se da en forma fluida y armoniosa, sino desordenada y plagada de conflictos, como ocurre en la generalidad del territorio mexicano.

Infinidad de ejemplos ilustran la forma en la cual los conceptos de crecimiento económico, avance tecnológico, incremento poblacional y planeación urbana, combinados con la ineptitud y deshonestidad de los supuestos servidores públicos, se traducen en una profunda alteración de los procesos naturales y vuelven caótica la vida en la mayor parte de las regiones. En el recuento del desastre, destacan los alarmante ritmos de deforestación en el país, su acelerada destrucción, causante de haber afectado una gran cantidad de ecosistemas y de llevar a un estado de emergencia una enorme variedad de especies de flora y fauna, incluyendo, claro, la del género humano.

De acuerdo con estudios del Instituto de Geografía de la UNAM, cada año se pierde un promedio de 500 mil hectáreas de bosques y selvas, y eso ha llevado a riesgo de extinción a una amplia diversidad de plantas y animales, aunque muchas otras ya han desaparecido. Comunidades enteras se encuentran en crisis, pues sus relaciones con el entorno están ya bastante deterioradas, casi siempre por creer que el progreso y la modernidad se logran explotando irracionalmente la naturaleza.

Ante el preocupante escenario, es a todas luces merecida la distinción otorgada a los habitantes del poblado de Santiago Tlacotepec, quienes, a través de los líderes de bienes comunales, se han hecho acreedores a la Presea al Mérito en la Preservación del Ambiente. Dicho galardón lo entrega el gobierno de la entidad, y en esta ocasión es para reconocer un logro de muy alto significado, consistente en la recuperación de una extensa zona boscosa del Nevado de Toluca.

Desde 1982, mujeres y hombres de los distintos sectores de la población premiada se organizan y, con el apoyo solidario de los deportistas, llevan a cabo acciones de reforestación cada año, de tal manera que hoy esos esfuerzos se traducen, según estudios realizados por la Máxima Casa de Estudios de la nación, en el hecho de haber contribuido a incrementar en un 17 por ciento de la masa forestal del Xinantécatl. Así, gracias a este trabajo de rescate y preservación, se consiguió resucitar una superficie de dimensiones considerables, que estuvo a punto de perder su vocación y convertirse en potrero o campos de cultivo.

Tomando en cuenta la magnitud de los daños causados a lo largo y ancho del país (por ello, ubicado ya entre los cinco primeros lugares de deforestación a nivel mundial), resalta la importancia y trascendencia de la labor instituida en esa entrañable localidad, desde hace 35 años. Cuando los bosques se destruyen, la vida del ser humano se ve seriamente amenazada, pues, entre otras cosas, disminuye el suministro de oxígeno y de agua potable, se altera la biodiversidad y los ciclos hidrológicos, aumentan inundaciones y sequías y se rompe el equilibrio climático, en escalas regional y global.

Por desgracia, en México se le da poca importancia a la necesidad de implantar mecanismos efectivos, tendientes a contrarrestar el serio problema, mediante la creación de una conciencia de responsabilidad entre sociedad y gobierno, frente a un presente indeseable y un futuro aún peor, en caso de persistir las conductas nocivas. Para colmo, la práctica de acabar con las zonas arboladas se fomenta en cualquier nivel oficial, donde con frecuencia se ve el predominio de los intereses económicos, vía los suculentos negocios inmobiliarios y carreteros, concesionados a los tradicionales grupos de poder.

Obviamente, nada fácil es ir en contra de los perversos incentivos de una burocracia inútil y abusiva, especializada en suplir sus deficiencias con discursos y desplantes demagógicos. Sin embargo, el ejemplo dado por la comunidad de Santiago Tlacotepec muestra que es posible enmendar el camino y revertir la escalada depredadora, si existe la convicción de reconocer el carácter vital de los espacios naturales y luchar por su recuperación y resguardo.(L)