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Pensamiento Universitario

  • Juan Cuenca Díaz

 

En nuestro país, los propósitos de las universidades públicas enfrentan una serie de retos y limitaciones, ante la falta de apoyos, la presión derivada del crecimiento poblacional y las malas administraciones. Así, no sólo se ven afectados los imperativos propios de la naturaleza de la función, sino también la posibilidad de encauzar en el sentido correcto a la única asignatura que puede ayudarnos a impulsar el cambio, fortalecer libertades y rebasar la ancestral postración de millones de mexicanos.

Actualmente, los efectos de la globalidad se manifiestan en cualquier lugar del mundo, y ello provoca en los centros educativos novedosos y grandes desafíos. La expansión de los mercados, el aumento de la competitividad, las nuevas estrategias empresariales, el concepto de la calidad total, el desarrollo acelerado de la tecnología y la escasez de los bienes financieros, son algunos de los fenómenos a los cuales se enfrentan las naciones, y es precisamente en este escenario donde las universidades deben lograr un mejor posicionamiento, si realmente desean orientar sus logros hacia el sector productivo.

Para identificar este tipo de aportaciones, en el contexto internacional ha cobrado una importancia cada vez mayor la política de evaluar el desempeño de las instituciones de educación superior, mediante indicadores o estándares de orden mundial. Con esto, los llamados rankings se han convertido en un factor determinante en el prestigio e imagen de numerosas organizaciones, y las que logran destacar generalmente obtienen una serie de beneficios poco comunes, como son el mayor reconocimiento social, el incremento en la captación de recursos y el mejoramiento de sus procesos, equipos e instalaciones.

Aunque en la búsqueda de honores académicos es posible recurrir a las típicas empresas “patito”, en las valoraciones formales resalta el trabajo de la compañía británica Quacquarelli Symonds (QS), cuya clasificación se elabora y publica anualmente, con la denominación QS World University Rankings. En su último reporte, con 916 dependencias evaluadas, es grato ver en el lugar 128 a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), después de que en los años 2014 y 2015 ocupó las posiciones 175 y 160, respectivamente. Con ello, esta máxima casa de estudios confirma ser la primera del país, y ahora la tercera en América Latina, con puntajes, por citar únicamente dos, de 94.3 en reputación académica y de 92.3 en el reconocimiento de los empleadores. Seguramente, la tarea realizada por la histórica institución para llegar a este nivel no ha sido fácil, pues los indicadores tomados en cuenta en el sondeo de QS son de una elevada exigencia, y entre ellos se cuentan la calidad de la enseñanza y la investigación relevante; la innovación en los temas de desarrollo económico, cultural y social; la infraestructura y las relaciones internacionales. Por su parte, las encuestas a los empresarios tienen como finalidad detectar la validez del conocimiento de los egresados y la capacidad de elaborar y dirigir proyectos, trabajando en equipos multidisciplinarios.

Sin duda, el ejemplo dado por la UNAM no sólo es digno de imitarse, sino ratifica la urgencia de cambiar las políticas educativas, a partir del aumento de los apoyos oficiales, la ruptura con los modelos de gestión obsoletos y la selección de liderazgos debidamente preparados y con el talento necesario para garantizar el efectivo engrandecimiento de las instituciones.