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  • Inocente Peñaloza

 

La noticia más importante de la semana en el medio oficial fue la presentación del nuevo modelo educativo que será implantado en las escuelas en agosto del año próximo.

Se trata de un proyecto cuyas ideas fundamentales proceden del informe presentado en 1994 a la Unesco por la Comisión Internacional sobre la educación para el siglo XXI presidida por el economista francés Jacques Delors.

En la parte central del documento presentado por la Secretaría de Educación Pública, la enseñanza memorística tradicional se ve desplazada por el principio “Aprender a aprender” que fue propuesto por Delors en el libro “La educación encierra un tesoro”, publicado en 1995 por la propia Unesco.

Desde entonces, son muchos los profesores mexicanos que se han acercado a este modelo en virtud de que se enfoca no hacia la repetición mecánica de los conocimientos, sino a su aplicación directa para resolver problemas de la vida diaria y adquirir competencias que permitan navegar con precisión en el mundializado ambiente del siglo XXI.

El modelo original, que ya se ha venido manejando en las más recientes reformas al servicio educativo, no sataniza el uso de la memoria con tanto énfasis como lo hace el titular de la SEP, sino que aconseja cultivarla y mantenerla, eso sí, de manera selectiva, como una de las principales habilidades del pensamiento tan necesaria como el hecho de que nadie puede aplicar o decir que sabe precisamente aquello que es incapaz de recordar.

Hoy se trata de que en el revolucionado campo de la educación, niños y jóvenes –y adultos, por qué no?− en vez de repetir la lección adquieran, desarrollen o incrementen las competencias necesarias para la vida sobre una ruta de acceso directo al conocimiento y mediante el uso racional e inteligente, de las habilidades mentales sin excepción de ninguna.