/ martes 11 de junio de 2019

Lo único que queremos es que nos traten como a seres humanos: migrantes

El documental Pateando Fronteras relata la vida de dos hondureños en Toluca

“Lo único que queremos es que nos traten como a seres humanos, que no nos vean como delincuentes o limosneros, huimos de nuestro país por las amenazas de muerte contra nosotros y nuestras familias” cuentan dos jóvenes hondureños en el documental Pateando Fronteras.

El trabajo de estudiantes de las carreras de Diseño Gráfico y Arquitectura fue presentado esta tarde en el auditorio Mónica Pretelini de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México (Codhem) como parte del programa Humanizarte de ese organismo.

La primera parte del trabajo resume el incremento de los flujos migratorios que cruzan por Toluca y aunque el deseo de muchos de ellos es quedase en el país, se enfrentan al maltrato y estigmatización por el sólo hecho de ser extranjeros, sin tomar en cuenta que salieron de Honduras, El Salvador y Guatemala huyendo del hambre, las pandillas y la delincuencia con rumbo a Estados Unidos en busca de una vida mejor.

“Hay gente que piensa que somos basura, somos animales, sólo pedimos que nos traten como a ustedes les gustaría que los trataran”, dice uno de los jóvenes hondureños mirando de frente a la cámara, quien se dice apasionado del futbol y que jugarlo en un equipo profesional o semiprofesional es su sueño, pues considera que eso le permitirá sacar adelante a su familia que se quedó en Honduras cuando él decidió salir de la pandilla donde le obligaban a vender droga.

La diferencia -dice- es que en mi país el futbol es una pasión que une familias, cada equipo son amigos de los otros, cuando juegan todos son amigos, pero aquí en México comienzan a pelear por puro gusto, por nada se tiran al piso, se patean, se golpean, no saben ser amigos, ni tolerantes con los demás.

Junto con uno de sus amigos, refiere cómo salió de su tierra y las vejaciones y extorsiones de que fueron objeto en su tránsito por Guatemala, en donde elementos de la policía les despojó del dinero que traían para realizar el viaje, pues cobran más de mil quetzales a cada hondureño que cruza su país.

Relatan la dura caminata por varios días en los que sólo se alimentaban con agua y galletas; pero no vienen a robar sino a trabajar para seguir su camino o encontrar una oportunidad para quedarse, por eso en lugar de pedir dádivas o limosna venden dulces en los cruceros conde además de las inclemencias del tiempo se enfrentan a insultos y agresiones.

En la parte de investigación, el documental da a conocer que 50 migrantes llegan cada semana a Toluca, en donde quienes cuentan con papeles para quedarse se enfrentan a la discriminación y la xenofobia.

Concluye señalando “no soy católico ni nada, pero yo creo en Dios, tengo mi corazón en Cristo, no creo en los que dicen que para tener al Cristo tienes que ir a una iglesia, no, yo creo que para tener a Cristo tienes que tener abierto y limpio el corazón”.


“Lo único que queremos es que nos traten como a seres humanos, que no nos vean como delincuentes o limosneros, huimos de nuestro país por las amenazas de muerte contra nosotros y nuestras familias” cuentan dos jóvenes hondureños en el documental Pateando Fronteras.

El trabajo de estudiantes de las carreras de Diseño Gráfico y Arquitectura fue presentado esta tarde en el auditorio Mónica Pretelini de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México (Codhem) como parte del programa Humanizarte de ese organismo.

La primera parte del trabajo resume el incremento de los flujos migratorios que cruzan por Toluca y aunque el deseo de muchos de ellos es quedase en el país, se enfrentan al maltrato y estigmatización por el sólo hecho de ser extranjeros, sin tomar en cuenta que salieron de Honduras, El Salvador y Guatemala huyendo del hambre, las pandillas y la delincuencia con rumbo a Estados Unidos en busca de una vida mejor.

“Hay gente que piensa que somos basura, somos animales, sólo pedimos que nos traten como a ustedes les gustaría que los trataran”, dice uno de los jóvenes hondureños mirando de frente a la cámara, quien se dice apasionado del futbol y que jugarlo en un equipo profesional o semiprofesional es su sueño, pues considera que eso le permitirá sacar adelante a su familia que se quedó en Honduras cuando él decidió salir de la pandilla donde le obligaban a vender droga.

La diferencia -dice- es que en mi país el futbol es una pasión que une familias, cada equipo son amigos de los otros, cuando juegan todos son amigos, pero aquí en México comienzan a pelear por puro gusto, por nada se tiran al piso, se patean, se golpean, no saben ser amigos, ni tolerantes con los demás.

Junto con uno de sus amigos, refiere cómo salió de su tierra y las vejaciones y extorsiones de que fueron objeto en su tránsito por Guatemala, en donde elementos de la policía les despojó del dinero que traían para realizar el viaje, pues cobran más de mil quetzales a cada hondureño que cruza su país.

Relatan la dura caminata por varios días en los que sólo se alimentaban con agua y galletas; pero no vienen a robar sino a trabajar para seguir su camino o encontrar una oportunidad para quedarse, por eso en lugar de pedir dádivas o limosna venden dulces en los cruceros conde además de las inclemencias del tiempo se enfrentan a insultos y agresiones.

En la parte de investigación, el documental da a conocer que 50 migrantes llegan cada semana a Toluca, en donde quienes cuentan con papeles para quedarse se enfrentan a la discriminación y la xenofobia.

Concluye señalando “no soy católico ni nada, pero yo creo en Dios, tengo mi corazón en Cristo, no creo en los que dicen que para tener al Cristo tienes que ir a una iglesia, no, yo creo que para tener a Cristo tienes que tener abierto y limpio el corazón”.