/ jueves 21 de octubre de 2021

Asesinos seriales mexicanos que conmocionaron al país

De distintas épocas y con motivaciones y perfiles de víctimas diferentes todos ellos no mostraron culpa o arrepentimiento al momento de su captura


¿Qué es un asesino serial? De acuerdo con distintas organizaciones internacionales como el FBI, una persona que asesina a tres o más víctimas en un lapso de 30 días, con un período de enfriamiento entre cada asesinato y cuya motivación se basa en la gratificación psicológica que le proporciona cada crimen.

Es importante hacer una distinción entre varios términos ya que no es lo mismo un asesino en serie que uno en masa o un “Spree Killer”, término que recientemente ha sido acuñado por los científicos.

1 Un asesino en serie: Es alguien que comete tres o más asesinatos durante un extenso período con un lapso de enfriamiento entre cada crimen. En medio de sus delitos, ellos parecen bastante normales.

2 Un asesino en masa: Es un individuo que comete múltiples crímenes en una ocasión aislada y en un solo lugar. Dichos autores a veces cometen suicidio por lo que el conocimiento de su estado mental y el qué los motiva a actuar de esa manera se deja a la especulación.

3 Spree Killer: Es aquella persona que comete múltiples asesinatos en diferentes lugares dentro de un período que puede variar desde unas cuantas horas hasta varios días. A diferencia de los asesinos en serie, ellos no vuelven a su comportamiento normal entre asesinatos.

Como bien es sabido la realidad siempre supera la ficción y nuestro país no es la excepción, muestra de ello es la información disponible en los anales forenses donde existe el registro de diversos personajes cuyos perfiles psicológicos y modus operandi los convierte en algunos de los asesinos más famosos de la historia.

El Chalequero

Aunque no fue el primer asesino serial mexicano sí fue el primero del que se tuvo registro y muy al contrario del anterior, este sí podría compararse de alguna manera a Jack el Destripador, pues no solo fueron contemporáneos, sino que coincidieron también en el perfil de sus víctimas: prostitutas.

Asesinó alrededor de 20 mujeres en la Ciudad de México, de las cuales 19 se dedicaban a la prostitución aunque su última víctima fue una mujer de la tercera edad.

De acuerdo con algunas investigaciones Francisco Guerrero se sentía moral y físicamente superior a sus víctimas, por lo que condenaba su oficio de pecaminoso y repudiable, de ahí que se sentía con el poder de erradicar lo que él consideraba adulterio.

El modo en que operaba consistía en abordar a las mujeres con la excusa de disponer de sus servicios, si bien sí mantenía relaciones sexuales con ellas después las amagaba, violaba y asesinaba por estrangulación o degollamiento y en algunos casos remataba cercenando las cabezas de sus víctimas.

Entre 1880 y 1888 mató a 20 prostitutas sin embargo las autoridades no pudieron comprobar su responsabilidad y solo fue acusado de uno, motivo por el cual fue condenado a muerte aunque el entonces presidente Porfirio Díaz revocó su sentencia y ordenó una pena de 20 años de prisión en San Juan de Ulúa, Veracruz, de donde fue liberado por un error en 1904.

Al salir de la cárcel tuvo una última víctima, Antonia, una mujer de edad avanzada a quien violó, golpeó y degolló. Su detención se atribuye a un reportero que investigó el caso y comparó el asesinato con los ocurrido años atrás. Volvió a la cárcel en 1908. Esta vez a Lecumberri, donde fue sentenciado a muerte en 1910 a los 70 años.

Carlos Roumagnac, uno de los primeros criminólogos mexicanos, concluyó que el también llamado "Degollador del río Consulado" era un criminal nato descrito como "un degenerado inmoral violento".

Foto: Ilustrativa

Las hermanas González Valenzuela

“Las Poquianchis” fue el apodo con el que se le conoció a las hermanas Delfina, María del Carmen, María de Jesús y María Luisa, culpables de trata de blancas y asesinato de entre 60 y 150 mujeres explotadas, recién nacidos y clientes provenientes de dos prostíbulos de los que eran dueñas en Jalisco.

La historia de estas hermanas cuenta que con la herencia que les dejó su padre, las cuatro comenzaron a articular una red de secuestro y prostitución en donde la edad promedio de sus víctimas oscilaba entre los 12 y 15 años, mismas que eran atraídas bajo la promesa de empleos bien remunerados.

Las mujeres contratadas eran violadas y golpeadas para someterlas psicológicamente y ponerlas a trabajar. Les ofrecían ropa y comida a precios muy elevados con el propósito de generar una deuda que nunca pudieran saldar. Cuando las chicas rebasaban los 25 años de edad eran asesinadas por los colaboradores masculinos de Las Poquianchis, aunque algunas lograban hacerse de su confianza y se volvían sus cómplices.

En esta historia sobresalen muertes originadas por enfermedades o dietas raquíticas, en caso de que las prostitutas que quedaban embarazadas se les practicaban abortos o simplemente se mataban a los niños que llegaban a nacer.

Pese a todo esto una de las víctimas logró escapar y denunciar a sus captoras. Tras el arresto las autoridades encontraron varias fosas clandestinas motivo por el cual Las Poquianchis fueron condenadas a la pena máxima de 40 años de cárcel y solo una logró morir en libertad.

Foto: Ilustrativa

La ogresa de la colonia Roma

Felícitas Sánchez Aguillón es probablemente una de las asesinas seriales más temidas de la historia. También conocida como “La trituradora de angelitos”, “La descuartizadora de la colonia Roma” o “La espanta-cigüeñas”, se cree que fue responsable de más de 50 infanticidios.

Graduada como enfermera, Sánchez Aguillón ejercía como partera en la Ciudad de México pero además realizaba abortos, un delito muy recurrente en la época, aunque detrás de esto había una faceta aún más oscura.

La historia oficial cuenta que las cañerías del edificio ubicado en Salamanca 9 estaban tapadas frecuentemente y de su departamento salía humo negro así como un olor desagradable.

Foto: Ilustrativa

Versiones oficiales indican que torturaba a los infantes bañándolos en agua helada o dejándolos sin comer por mucho tiempo. Sus ejecuciones eran aún más atroces: asfixia, envenenamiento, apuñalamiento e inmolación. Una vez muertos, “La trituradora de angelitos” descuartizaba a los niños, tirando los restos a las alcantarillas.

Cuando fue detenida en 1941 en su departamento se encontraron una gran cantidad de fotos de niños que eran sus trofeos así un cráneo infantil. Curiosamente fue liberada después de tres meses presuntamente por la presión de su abogado por revelar los nombres de mujeres relacionadas con la política que se habían practicado un aborto. Finalmente a los pocos días de su libertad se suicidó con una sobredosis de Nembutal.

La mataviejitas

Su nombre de luchadora profesional era “La Dama del Silencio”, sin embargo Juana Barraza Samperio pasaría a la historia como “La mataviejitas” por sus crímenes en contra de mujeres de la tercera edad.

En su vida cotidiana Juana se dedicaba al comercio y a la lucha libre, cuando bajaba del ring adoptaba otro personaje: se disfrazaba de enfermera, elegía a sus víctimas, se ganaba su confianza y comenzaba sus crímenes.

Golpeaba, apuñalaba y también asfixiaba a las ancianas para posteriormente robarles, siempre se fijaba en las que vivían solas. Hasta el día de hoy se le adjudican 17 asesinatos, sin embargo se estima que mató al menos a 40 personas.

Fue en 2006 que Juana cometió el error de asesinar a una anciana de 80 años que, sin saberlo, vivía con un inquilino quien alertó a las autoridades para minutos después capturar a la famosa mataviejitas.

Durante las indagatorias se le preguntó cuáles eran sus motivaciones para cometer semejantes crímenes a lo cual ella respondió "Yo odiaba a las señoras, porque mi mamá me maltrataba, me pegaba, siempre me maldecía y me regaló con un señor grande".

Fue sentenciada a 759 años de cárcel y sigue presa en el penal de Santa Martha, donde ha reclamado su inocencia en distintas entrevistas con la prensa.


¿Qué es un asesino serial? De acuerdo con distintas organizaciones internacionales como el FBI, una persona que asesina a tres o más víctimas en un lapso de 30 días, con un período de enfriamiento entre cada asesinato y cuya motivación se basa en la gratificación psicológica que le proporciona cada crimen.

Es importante hacer una distinción entre varios términos ya que no es lo mismo un asesino en serie que uno en masa o un “Spree Killer”, término que recientemente ha sido acuñado por los científicos.

1 Un asesino en serie: Es alguien que comete tres o más asesinatos durante un extenso período con un lapso de enfriamiento entre cada crimen. En medio de sus delitos, ellos parecen bastante normales.

2 Un asesino en masa: Es un individuo que comete múltiples crímenes en una ocasión aislada y en un solo lugar. Dichos autores a veces cometen suicidio por lo que el conocimiento de su estado mental y el qué los motiva a actuar de esa manera se deja a la especulación.

3 Spree Killer: Es aquella persona que comete múltiples asesinatos en diferentes lugares dentro de un período que puede variar desde unas cuantas horas hasta varios días. A diferencia de los asesinos en serie, ellos no vuelven a su comportamiento normal entre asesinatos.

Como bien es sabido la realidad siempre supera la ficción y nuestro país no es la excepción, muestra de ello es la información disponible en los anales forenses donde existe el registro de diversos personajes cuyos perfiles psicológicos y modus operandi los convierte en algunos de los asesinos más famosos de la historia.

El Chalequero

Aunque no fue el primer asesino serial mexicano sí fue el primero del que se tuvo registro y muy al contrario del anterior, este sí podría compararse de alguna manera a Jack el Destripador, pues no solo fueron contemporáneos, sino que coincidieron también en el perfil de sus víctimas: prostitutas.

Asesinó alrededor de 20 mujeres en la Ciudad de México, de las cuales 19 se dedicaban a la prostitución aunque su última víctima fue una mujer de la tercera edad.

De acuerdo con algunas investigaciones Francisco Guerrero se sentía moral y físicamente superior a sus víctimas, por lo que condenaba su oficio de pecaminoso y repudiable, de ahí que se sentía con el poder de erradicar lo que él consideraba adulterio.

El modo en que operaba consistía en abordar a las mujeres con la excusa de disponer de sus servicios, si bien sí mantenía relaciones sexuales con ellas después las amagaba, violaba y asesinaba por estrangulación o degollamiento y en algunos casos remataba cercenando las cabezas de sus víctimas.

Entre 1880 y 1888 mató a 20 prostitutas sin embargo las autoridades no pudieron comprobar su responsabilidad y solo fue acusado de uno, motivo por el cual fue condenado a muerte aunque el entonces presidente Porfirio Díaz revocó su sentencia y ordenó una pena de 20 años de prisión en San Juan de Ulúa, Veracruz, de donde fue liberado por un error en 1904.

Al salir de la cárcel tuvo una última víctima, Antonia, una mujer de edad avanzada a quien violó, golpeó y degolló. Su detención se atribuye a un reportero que investigó el caso y comparó el asesinato con los ocurrido años atrás. Volvió a la cárcel en 1908. Esta vez a Lecumberri, donde fue sentenciado a muerte en 1910 a los 70 años.

Carlos Roumagnac, uno de los primeros criminólogos mexicanos, concluyó que el también llamado "Degollador del río Consulado" era un criminal nato descrito como "un degenerado inmoral violento".

Foto: Ilustrativa

Las hermanas González Valenzuela

“Las Poquianchis” fue el apodo con el que se le conoció a las hermanas Delfina, María del Carmen, María de Jesús y María Luisa, culpables de trata de blancas y asesinato de entre 60 y 150 mujeres explotadas, recién nacidos y clientes provenientes de dos prostíbulos de los que eran dueñas en Jalisco.

La historia de estas hermanas cuenta que con la herencia que les dejó su padre, las cuatro comenzaron a articular una red de secuestro y prostitución en donde la edad promedio de sus víctimas oscilaba entre los 12 y 15 años, mismas que eran atraídas bajo la promesa de empleos bien remunerados.

Las mujeres contratadas eran violadas y golpeadas para someterlas psicológicamente y ponerlas a trabajar. Les ofrecían ropa y comida a precios muy elevados con el propósito de generar una deuda que nunca pudieran saldar. Cuando las chicas rebasaban los 25 años de edad eran asesinadas por los colaboradores masculinos de Las Poquianchis, aunque algunas lograban hacerse de su confianza y se volvían sus cómplices.

En esta historia sobresalen muertes originadas por enfermedades o dietas raquíticas, en caso de que las prostitutas que quedaban embarazadas se les practicaban abortos o simplemente se mataban a los niños que llegaban a nacer.

Pese a todo esto una de las víctimas logró escapar y denunciar a sus captoras. Tras el arresto las autoridades encontraron varias fosas clandestinas motivo por el cual Las Poquianchis fueron condenadas a la pena máxima de 40 años de cárcel y solo una logró morir en libertad.

Foto: Ilustrativa

La ogresa de la colonia Roma

Felícitas Sánchez Aguillón es probablemente una de las asesinas seriales más temidas de la historia. También conocida como “La trituradora de angelitos”, “La descuartizadora de la colonia Roma” o “La espanta-cigüeñas”, se cree que fue responsable de más de 50 infanticidios.

Graduada como enfermera, Sánchez Aguillón ejercía como partera en la Ciudad de México pero además realizaba abortos, un delito muy recurrente en la época, aunque detrás de esto había una faceta aún más oscura.

La historia oficial cuenta que las cañerías del edificio ubicado en Salamanca 9 estaban tapadas frecuentemente y de su departamento salía humo negro así como un olor desagradable.

Foto: Ilustrativa

Versiones oficiales indican que torturaba a los infantes bañándolos en agua helada o dejándolos sin comer por mucho tiempo. Sus ejecuciones eran aún más atroces: asfixia, envenenamiento, apuñalamiento e inmolación. Una vez muertos, “La trituradora de angelitos” descuartizaba a los niños, tirando los restos a las alcantarillas.

Cuando fue detenida en 1941 en su departamento se encontraron una gran cantidad de fotos de niños que eran sus trofeos así un cráneo infantil. Curiosamente fue liberada después de tres meses presuntamente por la presión de su abogado por revelar los nombres de mujeres relacionadas con la política que se habían practicado un aborto. Finalmente a los pocos días de su libertad se suicidó con una sobredosis de Nembutal.

La mataviejitas

Su nombre de luchadora profesional era “La Dama del Silencio”, sin embargo Juana Barraza Samperio pasaría a la historia como “La mataviejitas” por sus crímenes en contra de mujeres de la tercera edad.

En su vida cotidiana Juana se dedicaba al comercio y a la lucha libre, cuando bajaba del ring adoptaba otro personaje: se disfrazaba de enfermera, elegía a sus víctimas, se ganaba su confianza y comenzaba sus crímenes.

Golpeaba, apuñalaba y también asfixiaba a las ancianas para posteriormente robarles, siempre se fijaba en las que vivían solas. Hasta el día de hoy se le adjudican 17 asesinatos, sin embargo se estima que mató al menos a 40 personas.

Fue en 2006 que Juana cometió el error de asesinar a una anciana de 80 años que, sin saberlo, vivía con un inquilino quien alertó a las autoridades para minutos después capturar a la famosa mataviejitas.

Durante las indagatorias se le preguntó cuáles eran sus motivaciones para cometer semejantes crímenes a lo cual ella respondió "Yo odiaba a las señoras, porque mi mamá me maltrataba, me pegaba, siempre me maldecía y me regaló con un señor grande".

Fue sentenciada a 759 años de cárcel y sigue presa en el penal de Santa Martha, donde ha reclamado su inocencia en distintas entrevistas con la prensa.

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