/ domingo 12 de enero de 2020

Río Tizates, amenazado por la contaminación

Hasta hace algunos años el afluente era utilizado por la población de Valle de Bravo para realizar tareas cotidianas; sin embargo actualmente es un foco de infección

El Río Tizates es una de las corrientes de agua que alimenta la presa Miguel Alemán Valdés, en Valle de Bravo, y hasta hace un par de años, los vecinos al caudal realizaban actividades cotidianas dentro del afluente.

Algunos vallesanos relatan que en la década de los 70, cuando se empezaba a poblar las orillas del municipio de ese entonces, el Río Tizates era un caudal de agua cristalina, la cual era utilizada para lavar o regar plantas sin temor a que estuviera sucia o contaminada.

“Estaba más limpio que ahora, corría mucha agua, era bonita, transparente, como los ríos que ves tú, dónde no hay basura ni nada”, platicó la señora María de la Luz Osorio.

Este río tiene 4 kilómetros desde el barrio de Otumba, hasta su desembocadura en la Presa Miguel Alemán Valdés, y en 50 años, la mancha urbana y las actividades cotidianas de los vecinos, hicieron que este aspecto cambiará a como se conoce hoy en día.

“Mi esposo se metía para sacar agua para hacer adobe, o luego le decía que sacara agua para regar las plantitas que teníamos antes, estaba mejor que ahorita, ahorita ya está feo”, relató con nostalgia la señora María de la Luz.

“Era un río diferente, en verdad, tú podías cruzarlo caminando y salías sin que se te pegará nada, ni lodo ni esa cosa negra que ahorita tiene, que pena que no lo conoció así, le hubiera gustado”, expresó el señor Joaquín Vargas, vecino de la calle Alfareros.

El caudal del Río Tizates se forma de tres vertientes de agua proveniente de las montañas altas de Valle de Bravo: el Río de las Flores, el Río de las guijas y el Río de Rincón Villa del Valle.

Las tres corrientes juntas, como un solo río van desde el barrio de Otumba, pasando por la calle de Alfareros, la avenida Benito Juárez, el Frontón, Avenida Fray Gregorio Jiménez de la Cuenca y el barrio de San Antonio.

A su paso ha arrastrado, durante todos estos años, basura inorgánica, desperdicios orgánicos, animales muertos y un sinfín de sustancias contaminantes que han cambiado el agua cristalina por un aspecto café y un olor fétido.

“Ahorita el agua es revuelta y huele a podrido en tiempo de calor, la de antes no era así”, aseguró María de la Luz.

Incluso, cuando se empezó a poblar las orillas de ese entonces con casas, la falta de conexión al drenaje público propició que la gente hiciera sus necesidades fisiológicas en la corriente del río, desembocando todos esos desechos en la Presa Miguel Alemán.

“Antes no teníamos baño, dónde cree que íbamos, incluso ahorita, hay muchas casa que ahí siguen tirando sus necesidades, quedaron acostumbrados yo creo, antes éramos poquitos y por eso lo hacíamos, pero ahorita, hasta se ve mal”, relató el señor Joaquín Vargas.

Este río pasa por la avenida Benito Juárez, punto en el cual se ubica el rastro municipal hasta 1986, en las instalaciones de lo que hoy como el mercado de Artesanía, por lo que todos los desechos como sangre, excremento, manteca y demás, se vertían directamente al río.

“Solo decíamos, mira están matando en el rastro porque ya paso el agua con sangre, también pasaba cáscaras de naranja, basura, perros muertos, todo tiraban eso aquí”, lamentó la señora María de la Luz.

Estas acciones humanas, las cuales no llevaban una planeación idónea por parte de las autoridades municipales sobre el crecimiento urbano, propiciaron que en menos de cinco décadas el Río Tizates se convirtiera en un punto de contaminación latente para quienes viven cerca de él.

Actualmente, la corriente de agua tiene 10 centímetros de profundidad en un ancho de dos metros en su punto máximo, teniendo una coloración café obscuro y desprendiendo un olor a aguas negras, llegando todo lo que lleva a su paso a la presa del pueblo mágico.

“Es una pena, que les dejamos a ustedes, da tristeza ver como el río terminó en lo que es hoy, ojalá y algún día regrese a lo que era, pero no creo, ya no se puede”, añoró Joaquín Vargas.

A pesar de que existen un sinfín de asociaciones civiles en pro del medio ambiente y de que las autoridades municipales se encuentran diseñando planes para el saneamiento del Río Tizates, parece ser que la cuenta regresiva del impacto ambiental que se está teniendo en el caudal del río está llegando a su fin, pues no hay ninguna estrategia formal ni de la parte gubernamental ni de la sociedad civil para revertir la contaminación que hay en él.

El Río Tizates es una de las corrientes de agua que alimenta la presa Miguel Alemán Valdés, en Valle de Bravo, y hasta hace un par de años, los vecinos al caudal realizaban actividades cotidianas dentro del afluente.

Algunos vallesanos relatan que en la década de los 70, cuando se empezaba a poblar las orillas del municipio de ese entonces, el Río Tizates era un caudal de agua cristalina, la cual era utilizada para lavar o regar plantas sin temor a que estuviera sucia o contaminada.

“Estaba más limpio que ahora, corría mucha agua, era bonita, transparente, como los ríos que ves tú, dónde no hay basura ni nada”, platicó la señora María de la Luz Osorio.

Este río tiene 4 kilómetros desde el barrio de Otumba, hasta su desembocadura en la Presa Miguel Alemán Valdés, y en 50 años, la mancha urbana y las actividades cotidianas de los vecinos, hicieron que este aspecto cambiará a como se conoce hoy en día.

“Mi esposo se metía para sacar agua para hacer adobe, o luego le decía que sacara agua para regar las plantitas que teníamos antes, estaba mejor que ahorita, ahorita ya está feo”, relató con nostalgia la señora María de la Luz.

“Era un río diferente, en verdad, tú podías cruzarlo caminando y salías sin que se te pegará nada, ni lodo ni esa cosa negra que ahorita tiene, que pena que no lo conoció así, le hubiera gustado”, expresó el señor Joaquín Vargas, vecino de la calle Alfareros.

El caudal del Río Tizates se forma de tres vertientes de agua proveniente de las montañas altas de Valle de Bravo: el Río de las Flores, el Río de las guijas y el Río de Rincón Villa del Valle.

Las tres corrientes juntas, como un solo río van desde el barrio de Otumba, pasando por la calle de Alfareros, la avenida Benito Juárez, el Frontón, Avenida Fray Gregorio Jiménez de la Cuenca y el barrio de San Antonio.

A su paso ha arrastrado, durante todos estos años, basura inorgánica, desperdicios orgánicos, animales muertos y un sinfín de sustancias contaminantes que han cambiado el agua cristalina por un aspecto café y un olor fétido.

“Ahorita el agua es revuelta y huele a podrido en tiempo de calor, la de antes no era así”, aseguró María de la Luz.

Incluso, cuando se empezó a poblar las orillas de ese entonces con casas, la falta de conexión al drenaje público propició que la gente hiciera sus necesidades fisiológicas en la corriente del río, desembocando todos esos desechos en la Presa Miguel Alemán.

“Antes no teníamos baño, dónde cree que íbamos, incluso ahorita, hay muchas casa que ahí siguen tirando sus necesidades, quedaron acostumbrados yo creo, antes éramos poquitos y por eso lo hacíamos, pero ahorita, hasta se ve mal”, relató el señor Joaquín Vargas.

Este río pasa por la avenida Benito Juárez, punto en el cual se ubica el rastro municipal hasta 1986, en las instalaciones de lo que hoy como el mercado de Artesanía, por lo que todos los desechos como sangre, excremento, manteca y demás, se vertían directamente al río.

“Solo decíamos, mira están matando en el rastro porque ya paso el agua con sangre, también pasaba cáscaras de naranja, basura, perros muertos, todo tiraban eso aquí”, lamentó la señora María de la Luz.

Estas acciones humanas, las cuales no llevaban una planeación idónea por parte de las autoridades municipales sobre el crecimiento urbano, propiciaron que en menos de cinco décadas el Río Tizates se convirtiera en un punto de contaminación latente para quienes viven cerca de él.

Actualmente, la corriente de agua tiene 10 centímetros de profundidad en un ancho de dos metros en su punto máximo, teniendo una coloración café obscuro y desprendiendo un olor a aguas negras, llegando todo lo que lleva a su paso a la presa del pueblo mágico.

“Es una pena, que les dejamos a ustedes, da tristeza ver como el río terminó en lo que es hoy, ojalá y algún día regrese a lo que era, pero no creo, ya no se puede”, añoró Joaquín Vargas.

A pesar de que existen un sinfín de asociaciones civiles en pro del medio ambiente y de que las autoridades municipales se encuentran diseñando planes para el saneamiento del Río Tizates, parece ser que la cuenta regresiva del impacto ambiental que se está teniendo en el caudal del río está llegando a su fin, pues no hay ninguna estrategia formal ni de la parte gubernamental ni de la sociedad civil para revertir la contaminación que hay en él.

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