/ sábado 30 de enero de 2021

Juegos de azar y apuestas, adicciones que sobreviven pese a la pandemia

Algunas investigadores señalan que las máquinas tragamonedas pueden crear adicción mucho más rápido que otras formas de juego como la lotería o apuestas deportivas.


Mini casinos que operan de manera ilícita o los comunes videojuegos, forman parte del entretenimiento de adolescentes y jóvenes durante esta pandemia. Las ya conocidas como máquinas tragamonedas continúan siendo un centro de reunión, aunque no están clasificados dentro de los negocios considerados esenciales y, pese al semáforo epidemiológico en rojo en la entidad, operan diario.

“Estos casinos no han dejado de funcionar y ahora con este confinamiento me dan mucho más ganas de ir a jugar, pues no se puede ni salir con amigos a tomar una cerveza o a comer”, así lo expresa Salvador, joven de 23 años de edad.

Es común ver a Salvador en este tipo de locales mismos que, por su rentabilidad, han invadido numerosos espacios. "Yo voy casi cada tercer día y pues apuesto entre 100 a 150 pesos. Hay personas que he visto también que van constantemente, pero llegan a apostar hasta mil pesos, aquí depende de la economía de cada persona”, mencionó.

Aunque está consciente de que sus posibilidades de ganar son pocas, las máquinas son su adicción. De igual forma, contó que ciertas ocasiones ha ganado hasta mil 600 pesos por lo que es necesario tener mucho la suerte, pero también la experiencia, es decir, conocer ciertas combinaciones al momento de jugar.

Alguna vez leyó que por cada cien apuestas se ganan sólo 20, esa victoria que se anuncia con luces intermitentes y jingles de celebración. Alguien más le comentó que por cada cien giros se producen 14 ganancias reales, es decir, se obtiene más de lo apostado, pero también hay 18 falsas, donde se gana menos de lo invertido.

Ese tipo de advertencias pasan a segundo plano cuando la adrenalina al momento de apostar lo hace sentir bien, aunque también sabe que lo vuelve más adicto, lo engancha, lo atrapa, se queda como absorto en su zona de juego.

“Yo creo que de todos los que van al lugar, dos o tres resultan ganadores y los demás pues pierden. De hecho ese porcentaje aplica conmigo, pues de 10 juegos gano generalmente en un par de ocasiones, quizá tres”, afirmó Salvador, aficionado del juego de pin-boll.

Algunas investigadores señalan que las máquinas tragamonedas pueden crear adicción mucho más rápido que otras formas de juego como la lotería, juegos de casino o apuestas deportivas. Y aunque Salvador puede adquirir una consola de X-Box para entretenerse en casa, dice que se perdería la adrenalina.

A mí me llama más la atención ir a jugar maquinitas. Es una adrenalina distinta.

El juego constante en una máquina tragamonedas le ha servido también para enfrentar el estrés de la pandemia, le permite olvidarse un poco de lo que pasa afuera.

Ansiedad social y depresión

El especialista en psiquiatría, Martín Felipe Vázquez Estupiñan, afirmó que este tipo de juego, en la mayoría de los casos, se convierte en un refugio para las personas que sufren ansiedad social o depresión y, por ende, tienen dificultad para interactuar.

El juego lo toman como una forma de enfrentar el aislamiento y llegan a prenderse las luces de alerta cuando esta actividad se vuelve en algo sistemático en sus vidas y eso afecta su desempeño educativo o laboral, sí es el caso”, añadió.

Vázquez Estupiñán aseveró que este trastorno de juego afecta a por lo menos un 3% de la población mundial, de ahí la importancia de que primeramente el jugador acepte primero que se trata de un problema y posteriormente que se le brinde la ayuda adecuada.

“Hay algunos casos donde las personas cada vez dedican más tiempo a jugar y debido a ello comienzan a tener problemas familiares, debido a que consiguen dinero a la abuelita o a más familiares con tal de saciar sus ganas de jugar”, recalcó.

Lo importante en estos casos, finalizó el especialista, es detectarlos a tiempo y acercarles la ayuda necesaria, pues existen no sólo herramientas terapéuticas y, gracias a los grandes avances tecnológicos, medicamentos que pueden auxiliar a estos males mentales.

Un buen negocio

Pablo tiene 13 años y también frecuenta los sitios donde puede jugar, aunque en su caso, la pandemia lo ha limitado sólo un poco. Su ventaja es que las máquinas tragamonedas, en la delegación de San Mateo Otzacatipan, en Toluca, están cerca de su casa.

Salvador Benítez, empleado de uno de estos establecimientos con varias máquinas tragamonedas y minicasino, señaló que pese a la diminución de la clientela por la pandemia, sí representa un buen negocio, por la cantidad de clientes que acuden a retar a su suerte.

“Si tenía clientes desde los cinco hasta los 20 años, y aunque mínimos, pero sí había gente adulta, es decir, hasta los 30 años. Había un bolero que casi diario pasaba por la tarde a jugar y lo que ganaba lo apostaba en estas máquinas y a veces si se llevaba un dinero más a casa”, mencionó.

El empleado explicó que en el sitio donde labora manejan dos tipos de máquinas tragamonedas. En una se deposita una moneda y se elige una fruta u objeto. Luego de un giro, el jugador ganará si una luz se posiciona en la fruta que eligió. Otra máquina es el pin-boll. Mediante un resorte se impulsa una pelota que toca varios objetos con la probabilidad de gane.

En el caso de su cliente Pablito, mencionó que comúnmente visita el negocio previo a la hora de la comida o en ocasiones cuando sale a la tienda, pues es cuando puede salir y aprovecha para apostar en las máquinas.

“Antes sí venía más seguido, antes de irse por las tortillas pasaba y se jugaba cinco pesos o hasta 10, pero aunque a veces si ganaba, volvía a jugar, quizá ya no en las máquinas de ese tipo, pero sí se brincaba a otro juego y pues de cualquier forma dejaba sus 10 o 5 pesos aquí”, relató don Chava.

Acuden por diversión

Aunque un poco incómodo por la pregunta, indicó que si bien la mayoría de los jugadores perdía su dinero en estas máquinas, sí había ganadores.

“Yo creo que depende de la suerte que traigas, hay algunos que sí ganan y se llevan 20 pesos o más. Puedes venir con la suerte de tu lado o te levantaste con el pie derecho, como dicen, y ganas”, dijo con una sonrisa sarcástica.

Lo cierto, destacó, es que no se le roba a nadie, quienes vienen aquí se divierten y eso también es importante, pues el juego los hace olvidar si traen problemas en su casa, en la escuela o si es el caso en sus lugares de trabajo.

“Yo abro a las 9:00 y cierro como a las 19:00 horas, bueno ahora más temprano porque si hay menos gente. Hay a veces operativos, pero nosotros pagamos el permiso y no hemos tenido problema con la autoridad”, agregó.

Por último, aseguró que prácticamente este 2020 fue muy malo y no cerraron el negocio, sólo porque el dueño también es propietario del local, pero de lo contrario sí hubieran quebrado.

“Yo recibo un sueldo por porcentaje y no te puedo negar que nos ha ido muy mal, pero por lo menos hay algo que llevar a la casa y eso es una gran ventaja”, finalizó don Chava.

Juegos cada vez más adictivos

El Centro Estatal de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades (CEVECE) señaló que la adicción al juego ha sido un problema que se presenta principalmente en los adolescentes, aunque actualmente la atención de este sector de la población se enfoca más en los videojuegos, sobre todo con el avance tecnológico que incluye la realidad virtual.

Lo más grave, refieren en uno de sus documentos informativos, es que cada vez los juegos parecen ser más adictivos y por lo mismo, niños, niñas y jóvenes le dedican muchas horas del día a una consola de juegos o a las mismas máquinas tragamonedas, y le restan tiempo al estudio o al deporte.

Sobre los efectos que provoca el juego, refiere la instancia dependiente de la Secretaría de Salud estatal, está comprobada la sensación placentera que provoca esta actividad derivado de la liberación de dopamina en el cerebro y la reducción de ansiedad ante la posibilidad de jugar.

Algunas de las causas que provocan a los niños y adolescentes refugiarse en el juego son principalmente problemas familiares, escolares o hasta laborales –de ser el caso–, toda vez que esta actividad les permite evadirlos.

Si bien, el juego no es algo tan dañino, indica el documento, en algunos casos se convierte en la parte más importante de sus vidas, de tal suerte que desatiende otros aspectos de su vida como el trabajo, escuela o hasta pueden ocasionar dejar de comer y en esos casos la situación ya se torna delicada.

Desde el punto de vista mental, la información del CEVECE muestra que para muchos el jugar les modifica su estado de ánimo, pues les hace sentir emociones como placer, tranquilidad y relajación.


Mini casinos que operan de manera ilícita o los comunes videojuegos, forman parte del entretenimiento de adolescentes y jóvenes durante esta pandemia. Las ya conocidas como máquinas tragamonedas continúan siendo un centro de reunión, aunque no están clasificados dentro de los negocios considerados esenciales y, pese al semáforo epidemiológico en rojo en la entidad, operan diario.

“Estos casinos no han dejado de funcionar y ahora con este confinamiento me dan mucho más ganas de ir a jugar, pues no se puede ni salir con amigos a tomar una cerveza o a comer”, así lo expresa Salvador, joven de 23 años de edad.

Es común ver a Salvador en este tipo de locales mismos que, por su rentabilidad, han invadido numerosos espacios. "Yo voy casi cada tercer día y pues apuesto entre 100 a 150 pesos. Hay personas que he visto también que van constantemente, pero llegan a apostar hasta mil pesos, aquí depende de la economía de cada persona”, mencionó.

Aunque está consciente de que sus posibilidades de ganar son pocas, las máquinas son su adicción. De igual forma, contó que ciertas ocasiones ha ganado hasta mil 600 pesos por lo que es necesario tener mucho la suerte, pero también la experiencia, es decir, conocer ciertas combinaciones al momento de jugar.

Alguna vez leyó que por cada cien apuestas se ganan sólo 20, esa victoria que se anuncia con luces intermitentes y jingles de celebración. Alguien más le comentó que por cada cien giros se producen 14 ganancias reales, es decir, se obtiene más de lo apostado, pero también hay 18 falsas, donde se gana menos de lo invertido.

Ese tipo de advertencias pasan a segundo plano cuando la adrenalina al momento de apostar lo hace sentir bien, aunque también sabe que lo vuelve más adicto, lo engancha, lo atrapa, se queda como absorto en su zona de juego.

“Yo creo que de todos los que van al lugar, dos o tres resultan ganadores y los demás pues pierden. De hecho ese porcentaje aplica conmigo, pues de 10 juegos gano generalmente en un par de ocasiones, quizá tres”, afirmó Salvador, aficionado del juego de pin-boll.

Algunas investigadores señalan que las máquinas tragamonedas pueden crear adicción mucho más rápido que otras formas de juego como la lotería, juegos de casino o apuestas deportivas. Y aunque Salvador puede adquirir una consola de X-Box para entretenerse en casa, dice que se perdería la adrenalina.

A mí me llama más la atención ir a jugar maquinitas. Es una adrenalina distinta.

El juego constante en una máquina tragamonedas le ha servido también para enfrentar el estrés de la pandemia, le permite olvidarse un poco de lo que pasa afuera.

Ansiedad social y depresión

El especialista en psiquiatría, Martín Felipe Vázquez Estupiñan, afirmó que este tipo de juego, en la mayoría de los casos, se convierte en un refugio para las personas que sufren ansiedad social o depresión y, por ende, tienen dificultad para interactuar.

El juego lo toman como una forma de enfrentar el aislamiento y llegan a prenderse las luces de alerta cuando esta actividad se vuelve en algo sistemático en sus vidas y eso afecta su desempeño educativo o laboral, sí es el caso”, añadió.

Vázquez Estupiñán aseveró que este trastorno de juego afecta a por lo menos un 3% de la población mundial, de ahí la importancia de que primeramente el jugador acepte primero que se trata de un problema y posteriormente que se le brinde la ayuda adecuada.

“Hay algunos casos donde las personas cada vez dedican más tiempo a jugar y debido a ello comienzan a tener problemas familiares, debido a que consiguen dinero a la abuelita o a más familiares con tal de saciar sus ganas de jugar”, recalcó.

Lo importante en estos casos, finalizó el especialista, es detectarlos a tiempo y acercarles la ayuda necesaria, pues existen no sólo herramientas terapéuticas y, gracias a los grandes avances tecnológicos, medicamentos que pueden auxiliar a estos males mentales.

Un buen negocio

Pablo tiene 13 años y también frecuenta los sitios donde puede jugar, aunque en su caso, la pandemia lo ha limitado sólo un poco. Su ventaja es que las máquinas tragamonedas, en la delegación de San Mateo Otzacatipan, en Toluca, están cerca de su casa.

Salvador Benítez, empleado de uno de estos establecimientos con varias máquinas tragamonedas y minicasino, señaló que pese a la diminución de la clientela por la pandemia, sí representa un buen negocio, por la cantidad de clientes que acuden a retar a su suerte.

“Si tenía clientes desde los cinco hasta los 20 años, y aunque mínimos, pero sí había gente adulta, es decir, hasta los 30 años. Había un bolero que casi diario pasaba por la tarde a jugar y lo que ganaba lo apostaba en estas máquinas y a veces si se llevaba un dinero más a casa”, mencionó.

El empleado explicó que en el sitio donde labora manejan dos tipos de máquinas tragamonedas. En una se deposita una moneda y se elige una fruta u objeto. Luego de un giro, el jugador ganará si una luz se posiciona en la fruta que eligió. Otra máquina es el pin-boll. Mediante un resorte se impulsa una pelota que toca varios objetos con la probabilidad de gane.

En el caso de su cliente Pablito, mencionó que comúnmente visita el negocio previo a la hora de la comida o en ocasiones cuando sale a la tienda, pues es cuando puede salir y aprovecha para apostar en las máquinas.

“Antes sí venía más seguido, antes de irse por las tortillas pasaba y se jugaba cinco pesos o hasta 10, pero aunque a veces si ganaba, volvía a jugar, quizá ya no en las máquinas de ese tipo, pero sí se brincaba a otro juego y pues de cualquier forma dejaba sus 10 o 5 pesos aquí”, relató don Chava.

Acuden por diversión

Aunque un poco incómodo por la pregunta, indicó que si bien la mayoría de los jugadores perdía su dinero en estas máquinas, sí había ganadores.

“Yo creo que depende de la suerte que traigas, hay algunos que sí ganan y se llevan 20 pesos o más. Puedes venir con la suerte de tu lado o te levantaste con el pie derecho, como dicen, y ganas”, dijo con una sonrisa sarcástica.

Lo cierto, destacó, es que no se le roba a nadie, quienes vienen aquí se divierten y eso también es importante, pues el juego los hace olvidar si traen problemas en su casa, en la escuela o si es el caso en sus lugares de trabajo.

“Yo abro a las 9:00 y cierro como a las 19:00 horas, bueno ahora más temprano porque si hay menos gente. Hay a veces operativos, pero nosotros pagamos el permiso y no hemos tenido problema con la autoridad”, agregó.

Por último, aseguró que prácticamente este 2020 fue muy malo y no cerraron el negocio, sólo porque el dueño también es propietario del local, pero de lo contrario sí hubieran quebrado.

“Yo recibo un sueldo por porcentaje y no te puedo negar que nos ha ido muy mal, pero por lo menos hay algo que llevar a la casa y eso es una gran ventaja”, finalizó don Chava.

Juegos cada vez más adictivos

El Centro Estatal de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades (CEVECE) señaló que la adicción al juego ha sido un problema que se presenta principalmente en los adolescentes, aunque actualmente la atención de este sector de la población se enfoca más en los videojuegos, sobre todo con el avance tecnológico que incluye la realidad virtual.

Lo más grave, refieren en uno de sus documentos informativos, es que cada vez los juegos parecen ser más adictivos y por lo mismo, niños, niñas y jóvenes le dedican muchas horas del día a una consola de juegos o a las mismas máquinas tragamonedas, y le restan tiempo al estudio o al deporte.

Sobre los efectos que provoca el juego, refiere la instancia dependiente de la Secretaría de Salud estatal, está comprobada la sensación placentera que provoca esta actividad derivado de la liberación de dopamina en el cerebro y la reducción de ansiedad ante la posibilidad de jugar.

Algunas de las causas que provocan a los niños y adolescentes refugiarse en el juego son principalmente problemas familiares, escolares o hasta laborales –de ser el caso–, toda vez que esta actividad les permite evadirlos.

Si bien, el juego no es algo tan dañino, indica el documento, en algunos casos se convierte en la parte más importante de sus vidas, de tal suerte que desatiende otros aspectos de su vida como el trabajo, escuela o hasta pueden ocasionar dejar de comer y en esos casos la situación ya se torna delicada.

Desde el punto de vista mental, la información del CEVECE muestra que para muchos el jugar les modifica su estado de ánimo, pues les hace sentir emociones como placer, tranquilidad y relajación.

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