/ domingo 26 de agosto de 2018

¿Ya conoces el bar temático de Julio Cortázar?

Este es un refugio para los admiradores de clásicos de la literatura latinoamericana como “Rayuela” y “Cronopios y famas”

Buenos Aires.- El escritor argentino Julio Cortázar ha sido homenajeado de muchas maneras, pero un bar temático que celebra su obra ya se convirtió en un refugio para los admiradores de clásicos de la literatura latinoamericana como “Rayuela” y “Cronopios y famas”.

La icónica mirada de Cortázar identifica el bar café que lleva su nombre en la esquina de Medrano y Cabrera, en el barrio de Palermo de Buenos Aires.

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Unas mesas al aire libre dan la bienvenida a un lugar que replica el estilo de los bares notables de la capital argentina, que ofrecen aperitivos, cervezas, “picadas” (botanas), y pan casero o platillos tradicionales como empanadas y milanesas.

La característica barra y los estantes plagados de vinos reciben a los clientes, la mayoría de ellos atraídos porque es el primer café dedicado al autor nacido en 1914 en Bruselas por una estadía diplomática de su padre, pero que siempre fue argentino.

En la primera planta, las mesas de madera son vigiladas por un colorido rostro de Cortázar plasmado en uno de los murales que pintó, especialmente para este lugar, el artista plástico Ricardo Villar.

Al lado de este Julio que mira con nostalgia con sus lentes y las manos colocadas en el rostro, los visitantes pueden deleitarse con algunas de las frases que identifican al escritor que falleció en 1984, en su querido París.

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“Como si se pudiera elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio”, reza una de las múltiples placas con poemas o extractos de los cuentos de Cortázar colgadas en las paredes.

“Y mirá que apenas nos conocíamos y la vida urdía lo necesario para desencontrarnos minuciosamente”, cita un pasaje de Rayuela, o “Me basta mirarte para saber que con vos me voy a empapar el alma”, del libro “Un tal Lucas”.

También se exhiben fotos inéditas de una de las casas en las que Cortázar vivió en Buenos Aires, pinturas, retratos, dibujos y una rayuela que, desde la pared, ofrece llevar de la planta baja al primer piso.

Una vez arriba, el espíritu cortazariano se muestra en diversos collages, pero sobre todo en un salón en el que se puede admirar otro de los murales de Villar, ahora con un Julio de lentes, inmensa barba y con su inseparable cigarrillo.

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El nombre del escritor se replica incluso en un menú que ofrece “lomo Cortázar”, que es un emparedo de carne, o la “ensalada Cortázar”, con pavo, palmitos, zanahoria, huevo duro y aceitunas verdes.

Su obra se suma al menú con la “ensalada Rayuela”, que tiene rúcula, champiñones, salmón ahumado, palta y queso crema, o “La Maga”, con rúcula y espinaca, croutones, salmón, queso parmesano y nueces.

Una de las especialidades de la casa es el “café Cortázar”, que incluye ron, crema y canela, o se puede optar por el “café Julio”, con anís, crema y canela, o “Los premios”, al que se agrega una barra de chocolate, ron, crema y canela.

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Buenos Aires.- El escritor argentino Julio Cortázar ha sido homenajeado de muchas maneras, pero un bar temático que celebra su obra ya se convirtió en un refugio para los admiradores de clásicos de la literatura latinoamericana como “Rayuela” y “Cronopios y famas”.

La icónica mirada de Cortázar identifica el bar café que lleva su nombre en la esquina de Medrano y Cabrera, en el barrio de Palermo de Buenos Aires.

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La característica barra y los estantes plagados de vinos reciben a los clientes, la mayoría de ellos atraídos porque es el primer café dedicado al autor nacido en 1914 en Bruselas por una estadía diplomática de su padre, pero que siempre fue argentino.

En la primera planta, las mesas de madera son vigiladas por un colorido rostro de Cortázar plasmado en uno de los murales que pintó, especialmente para este lugar, el artista plástico Ricardo Villar.

Al lado de este Julio que mira con nostalgia con sus lentes y las manos colocadas en el rostro, los visitantes pueden deleitarse con algunas de las frases que identifican al escritor que falleció en 1984, en su querido París.

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“Y mirá que apenas nos conocíamos y la vida urdía lo necesario para desencontrarnos minuciosamente”, cita un pasaje de Rayuela, o “Me basta mirarte para saber que con vos me voy a empapar el alma”, del libro “Un tal Lucas”.

También se exhiben fotos inéditas de una de las casas en las que Cortázar vivió en Buenos Aires, pinturas, retratos, dibujos y una rayuela que, desde la pared, ofrece llevar de la planta baja al primer piso.

Una vez arriba, el espíritu cortazariano se muestra en diversos collages, pero sobre todo en un salón en el que se puede admirar otro de los murales de Villar, ahora con un Julio de lentes, inmensa barba y con su inseparable cigarrillo.

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Su obra se suma al menú con la “ensalada Rayuela”, que tiene rúcula, champiñones, salmón ahumado, palta y queso crema, o “La Maga”, con rúcula y espinaca, croutones, salmón, queso parmesano y nueces.

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