/ lunes 18 de marzo de 2019

¿Tienes problemas con el sueño? Esto te interesa

Los estudiantes, un sector particularmente afectado

En términos generales, todos somos más o menos descuidados con nuestra salud, y tratándose del sueño más, por lo que aún no estamos conscientes de la importancia de dormir bien, señala el profesor Ulises Jiménez Correa, responsable de la Clínica de Trastornos del Sueño (CTS) de la Facultad de Medicina de la UNAM.

Cada uno de nosotros ha presentado alguna vez problemas para pegar el ojo o cabeceado mientras lee o ve una película y esto es normal si se da ocasionalmente; sin embargo, cuando alguna de estas condiciones se vuelve persistente e interfiere con nuestra vida es recomendable buscar ayuda, recomienda el experto.

A fin de brindar apoyo tanto a la comunidad universitaria como al público en general, la CTS entró en funciones hace dos décadas en el edificio de Medicina Experimental que tiene la UNAM al interior del Hospital General, en la colonia Doctores, y, debido a la creciente demanda, hace tres años abrió las puertas de otra sede en la Unidad de Atención Médica de Alta Especialidad, en Ciudad Universitaria, entre la Dirección del CCH y el edificio de Servicios Médicos.

Dormir bien es crucial para la salud y algo vital, por ello si no satisfacemos esta necesidad nos veremos afectados, pero ¿cómo definir estos trastornos? Podría decirse que son padecimientos que nos impiden cerrar el ojo al estar en cama, disminuyendo nuestro tiempo de sueño y su calidad. A esto se les conoce —en términos generales— como insomnio, aunque también puede manifestarse a través de otro síntoma universal: la somnolencia diurna.

A menudo minimizamos estas afecciones y postergamos o soslayamos su tratamiento, pese a saber que además de mermar nuestro rendimiento predisponen a una serie de enfermedades, muchas de ellas tan graves como la diabetes. “¿Cuántas veces hemos oído ‘se trata sólo un cabeceo’?, y quizá no nos parezca grave, ¿pero si esto se da mientras estamos en la calle, detrás de un volante? Esto ya nos da una idea del riesgo que implica no sólo para nosotros, sino para los demás”.


Los estudiantes, un sector particularmente afectado

Desde siempre los estudiantes han pasado noches en vela trabajando, preparando exámenes o redactando ensayos y, por lo mismo, no resulta raro verlos dormitar en el salón de clase o acostados en los prados de la universidad con un suéter en el rostro a fin de procurarse un poco de oscuridad y tomar una siesta.

También puedes leer: Insomnio desencadena soledad viral

Lo relativamente nuevo —advierte el profesor Jiménez— es que de un tiempo para acá, y con cada vez más frecuencia, solicitan ayuda profesional al sentir que el no dormir bien afecta su cotidianidad o eficiencia escolar. Esto le ha permitido al académico comenzar a cruzar los datos obtenidos de sus pacientes de la CTS con una serie de entrevistas realizadas a alumnos de diferentes planteles de la UNAM a fin de entender mejor cómo se manifiestan los trastornos del sueño en el alumnado, qué condiciones las favorecen e idealmente, plantear estrategias para evitarlos o, al menos, aminorarlos.


Un adulto joven sano debería dormir de entre siete a nueve horas al día y estamos registrando un número muy alto de individuos quienes sólo lo hacen cinco, como promedio. Nuestra información aún es preliminar como para poner cifras y porcentajes sobre la mesa, pero por lo observado, se trata de un problema bastante extendido.

A decir del investigador, esto preocupa porque periodos prolongados de vigilia sin descanso adecuado suelen asociarse a enfermedades como la hipertensión arterial sistémica, alteraciones cardiovasculares y modificación de patrones hormonales que pueden elevar la ingesta de alimentos y suprimir la voluntad de hacer ejercicio, lo cual puede traducirse en dos padecimientos muy extendidos en el país —en especial por la predisposición genética de los mexicanos hacia ambas— y ya considerados epidemias: obesidad y diabetes.

Por ello, para el doctor Jiménez es importante crear conciencia entre los jóvenes sobre este problema y sentar las bases de una cultura del cuidado del sueño y modificación de hábitos, y plantea que estudios como el que actualmente desarrolla en la UNAM, junto con muchos otros, pueden ser un paso firme en ese camino.


La importancia de un diagnóstico adecuado

No todas las alteraciones del sueño son iguales y por eso en la CTS ha integrado un equipo multi e interdisciplinario en el que figuran médicos, psicólogos, odontólogos y otorrinolaringólogos, entre otros especialistas, a fin de elaborar diagnósticos para cada individuo.

Generalizar sería un error. De entrada, y para dar un ejemplo, podríamos hablar de tres variantes del insomnio: cuando se relaciona con la dificultad para empezar a dormir se llama de inicio; si se manifiesta a través de diferentes despertares se le denomina de continuidad o de mantenimiento, y si provoca un acortamiento del tiempo de sueño se le dice terminal o despertar prematuro.

Además, aunque a un nivel muy superficial dichos trastornos parecerían semejantes y hay quienes los ponen a todos en un mismo costal, las causas en cada individuo difieren: “En un sujeto pueden ser por ansiedad y en otro por consumo de drogas, o pueden estar involucrados el ronquido o el estilo de vida de cada quien. Todos estos elementos son evaluados y atendidos en las consultas”.

En sus encuestas, el profesor Jiménez ha detectado que muchos integrantes de la comunidad puma viajan a diario desde Chalco, Cuautitlán o Cuernavaca a CU y ello les implica levantarse muy temprano y regresar muy tarde a casa, donde le roban tiempo a la noche para estudiar y hacer sus tareas, por lo que, en estos casos, ellos caen en lo que se conoce como privación voluntaria del sueño.

También están quienes asisten al turno vespertino, de tres a 10 de la noche, y se acuestan de madrugada, incluso a las seis de la mañana, para levantarse al mediodía. A esa inversión del ciclo del sueño se llama fase atrasada del dormir y también representa un problema pues, aunque estos jóvenes reposen siete horas, no descansan como deberían por muchos factores, pero el principal es porque los humanos estamos diseñados para dormir de noche y no de día, dice.

La investigación entre los jóvenes de la UNAM está en proceso, pero algo que sí podemos establecer desde ahora es que casi todos aseguran padecer insomnio y que el 100 por ciento de ellos acepta usar algún dispositivo electrónico antes de meterse en la cama, algo que, de forma inadvertida, prolonga sus estados de vigilia.


Estragos de la vida moderna

A decir del profesor Jiménez Correa, los trastornos del sueño se agravaron, históricamente, desde que tenemos electricidad e iluminación las 24 horas, se intensificaron al dejar entrar al televisor en las recámaras y se agravaron cuando comenzamos a meternos a la cama y pusimos dispositivos móviles justo en el buró de al lado.

“Los celulares, tabletas y computadoras emiten luz azul, la cual tiene un efecto estimulante fuerte, pues por parecerse a la claridad diurna incide en el área relacionada con la información visual, por lo que el cerebro no puede registrar si oscureció o es de noche. El resultado es que se inhibe la producción de melatonina, hormona responsable del inicio del sueño. Esto pasa cuando consultamos el teléfono al acostarnos o si despertamos de madrugada y leemos e-mails”.

Incluso hay aparatos que, según el imaginario, pertenecen al dormitorio y que, sin embargo, tienen una influencia negativa, como los despertadores. ¿No nos ha pasado que abrimos el ojo, vemos el reloj y pensamos, si me duermo ahora y me levanto a las ocho descansaré siete horas?, y ¿no es común seguir despierto y repetir lo mismo poco después y calcular, si me duermo ahora descansaré cinco horas. “Todo esto nos genera ansiedad y, por ende, insomnio”.

Por ello, el académico brinda una serie de consejos que pueden ayudar a un descanso adecuado, como apegarse a horarios estrictos para el desayuno, comida y cena precisos, pues la ingesta es un sincronizador muy efectivo del sueño, así como hacer ejercicio, pero jamás pasadas las 10 de la noche; también sirve cuidar la higiene de la recámara y no usar dispositivos móviles poco antes de dormir.

En su poema Valium 10, Rosario Castellanos escribía: “Y no puedes dormir si no destapas/ el frasco de pastillas y si no tragas una/ en la que se condensa,/ químicamente pura, la ordenación del mundo”, versos que en apenas una líneas describe lo que para el profesor Jiménez es uno de los peores riesgos a los que nos sometemos al intentar lidiar con este problema desde la ocurrencia y el empirismo.

“En México somos muy dados a automedicarnos y es muy importante no hacerlo. Consumir somníferos que no nos fueron recetado por un especialista nos pone en riesgo y más que ayudar, agravan los síntomas. En ese sentido, si detectamos problemas para conciliar el sueño, estamos cansados, roncamos o tenemos una somnolencia permanente, las puertas de la CTS están siempre abiertas”.

La manera de contactar con la Clínica de Trastornos del Sueño es a través del número telefónico 5623 2300, extensiones 41624 o 41625, el correo clinicadelsueno@unam.mx o a través de Facebook.

En términos generales, todos somos más o menos descuidados con nuestra salud, y tratándose del sueño más, por lo que aún no estamos conscientes de la importancia de dormir bien, señala el profesor Ulises Jiménez Correa, responsable de la Clínica de Trastornos del Sueño (CTS) de la Facultad de Medicina de la UNAM.

Cada uno de nosotros ha presentado alguna vez problemas para pegar el ojo o cabeceado mientras lee o ve una película y esto es normal si se da ocasionalmente; sin embargo, cuando alguna de estas condiciones se vuelve persistente e interfiere con nuestra vida es recomendable buscar ayuda, recomienda el experto.

A fin de brindar apoyo tanto a la comunidad universitaria como al público en general, la CTS entró en funciones hace dos décadas en el edificio de Medicina Experimental que tiene la UNAM al interior del Hospital General, en la colonia Doctores, y, debido a la creciente demanda, hace tres años abrió las puertas de otra sede en la Unidad de Atención Médica de Alta Especialidad, en Ciudad Universitaria, entre la Dirección del CCH y el edificio de Servicios Médicos.

Dormir bien es crucial para la salud y algo vital, por ello si no satisfacemos esta necesidad nos veremos afectados, pero ¿cómo definir estos trastornos? Podría decirse que son padecimientos que nos impiden cerrar el ojo al estar en cama, disminuyendo nuestro tiempo de sueño y su calidad. A esto se les conoce —en términos generales— como insomnio, aunque también puede manifestarse a través de otro síntoma universal: la somnolencia diurna.

A menudo minimizamos estas afecciones y postergamos o soslayamos su tratamiento, pese a saber que además de mermar nuestro rendimiento predisponen a una serie de enfermedades, muchas de ellas tan graves como la diabetes. “¿Cuántas veces hemos oído ‘se trata sólo un cabeceo’?, y quizá no nos parezca grave, ¿pero si esto se da mientras estamos en la calle, detrás de un volante? Esto ya nos da una idea del riesgo que implica no sólo para nosotros, sino para los demás”.


Los estudiantes, un sector particularmente afectado

Desde siempre los estudiantes han pasado noches en vela trabajando, preparando exámenes o redactando ensayos y, por lo mismo, no resulta raro verlos dormitar en el salón de clase o acostados en los prados de la universidad con un suéter en el rostro a fin de procurarse un poco de oscuridad y tomar una siesta.

También puedes leer: Insomnio desencadena soledad viral

Lo relativamente nuevo —advierte el profesor Jiménez— es que de un tiempo para acá, y con cada vez más frecuencia, solicitan ayuda profesional al sentir que el no dormir bien afecta su cotidianidad o eficiencia escolar. Esto le ha permitido al académico comenzar a cruzar los datos obtenidos de sus pacientes de la CTS con una serie de entrevistas realizadas a alumnos de diferentes planteles de la UNAM a fin de entender mejor cómo se manifiestan los trastornos del sueño en el alumnado, qué condiciones las favorecen e idealmente, plantear estrategias para evitarlos o, al menos, aminorarlos.


Un adulto joven sano debería dormir de entre siete a nueve horas al día y estamos registrando un número muy alto de individuos quienes sólo lo hacen cinco, como promedio. Nuestra información aún es preliminar como para poner cifras y porcentajes sobre la mesa, pero por lo observado, se trata de un problema bastante extendido.

A decir del investigador, esto preocupa porque periodos prolongados de vigilia sin descanso adecuado suelen asociarse a enfermedades como la hipertensión arterial sistémica, alteraciones cardiovasculares y modificación de patrones hormonales que pueden elevar la ingesta de alimentos y suprimir la voluntad de hacer ejercicio, lo cual puede traducirse en dos padecimientos muy extendidos en el país —en especial por la predisposición genética de los mexicanos hacia ambas— y ya considerados epidemias: obesidad y diabetes.

Por ello, para el doctor Jiménez es importante crear conciencia entre los jóvenes sobre este problema y sentar las bases de una cultura del cuidado del sueño y modificación de hábitos, y plantea que estudios como el que actualmente desarrolla en la UNAM, junto con muchos otros, pueden ser un paso firme en ese camino.


La importancia de un diagnóstico adecuado

No todas las alteraciones del sueño son iguales y por eso en la CTS ha integrado un equipo multi e interdisciplinario en el que figuran médicos, psicólogos, odontólogos y otorrinolaringólogos, entre otros especialistas, a fin de elaborar diagnósticos para cada individuo.

Generalizar sería un error. De entrada, y para dar un ejemplo, podríamos hablar de tres variantes del insomnio: cuando se relaciona con la dificultad para empezar a dormir se llama de inicio; si se manifiesta a través de diferentes despertares se le denomina de continuidad o de mantenimiento, y si provoca un acortamiento del tiempo de sueño se le dice terminal o despertar prematuro.

Además, aunque a un nivel muy superficial dichos trastornos parecerían semejantes y hay quienes los ponen a todos en un mismo costal, las causas en cada individuo difieren: “En un sujeto pueden ser por ansiedad y en otro por consumo de drogas, o pueden estar involucrados el ronquido o el estilo de vida de cada quien. Todos estos elementos son evaluados y atendidos en las consultas”.

En sus encuestas, el profesor Jiménez ha detectado que muchos integrantes de la comunidad puma viajan a diario desde Chalco, Cuautitlán o Cuernavaca a CU y ello les implica levantarse muy temprano y regresar muy tarde a casa, donde le roban tiempo a la noche para estudiar y hacer sus tareas, por lo que, en estos casos, ellos caen en lo que se conoce como privación voluntaria del sueño.

También están quienes asisten al turno vespertino, de tres a 10 de la noche, y se acuestan de madrugada, incluso a las seis de la mañana, para levantarse al mediodía. A esa inversión del ciclo del sueño se llama fase atrasada del dormir y también representa un problema pues, aunque estos jóvenes reposen siete horas, no descansan como deberían por muchos factores, pero el principal es porque los humanos estamos diseñados para dormir de noche y no de día, dice.

La investigación entre los jóvenes de la UNAM está en proceso, pero algo que sí podemos establecer desde ahora es que casi todos aseguran padecer insomnio y que el 100 por ciento de ellos acepta usar algún dispositivo electrónico antes de meterse en la cama, algo que, de forma inadvertida, prolonga sus estados de vigilia.


Estragos de la vida moderna

A decir del profesor Jiménez Correa, los trastornos del sueño se agravaron, históricamente, desde que tenemos electricidad e iluminación las 24 horas, se intensificaron al dejar entrar al televisor en las recámaras y se agravaron cuando comenzamos a meternos a la cama y pusimos dispositivos móviles justo en el buró de al lado.

“Los celulares, tabletas y computadoras emiten luz azul, la cual tiene un efecto estimulante fuerte, pues por parecerse a la claridad diurna incide en el área relacionada con la información visual, por lo que el cerebro no puede registrar si oscureció o es de noche. El resultado es que se inhibe la producción de melatonina, hormona responsable del inicio del sueño. Esto pasa cuando consultamos el teléfono al acostarnos o si despertamos de madrugada y leemos e-mails”.

Incluso hay aparatos que, según el imaginario, pertenecen al dormitorio y que, sin embargo, tienen una influencia negativa, como los despertadores. ¿No nos ha pasado que abrimos el ojo, vemos el reloj y pensamos, si me duermo ahora y me levanto a las ocho descansaré siete horas?, y ¿no es común seguir despierto y repetir lo mismo poco después y calcular, si me duermo ahora descansaré cinco horas. “Todo esto nos genera ansiedad y, por ende, insomnio”.

Por ello, el académico brinda una serie de consejos que pueden ayudar a un descanso adecuado, como apegarse a horarios estrictos para el desayuno, comida y cena precisos, pues la ingesta es un sincronizador muy efectivo del sueño, así como hacer ejercicio, pero jamás pasadas las 10 de la noche; también sirve cuidar la higiene de la recámara y no usar dispositivos móviles poco antes de dormir.

En su poema Valium 10, Rosario Castellanos escribía: “Y no puedes dormir si no destapas/ el frasco de pastillas y si no tragas una/ en la que se condensa,/ químicamente pura, la ordenación del mundo”, versos que en apenas una líneas describe lo que para el profesor Jiménez es uno de los peores riesgos a los que nos sometemos al intentar lidiar con este problema desde la ocurrencia y el empirismo.

“En México somos muy dados a automedicarnos y es muy importante no hacerlo. Consumir somníferos que no nos fueron recetado por un especialista nos pone en riesgo y más que ayudar, agravan los síntomas. En ese sentido, si detectamos problemas para conciliar el sueño, estamos cansados, roncamos o tenemos una somnolencia permanente, las puertas de la CTS están siempre abiertas”.

La manera de contactar con la Clínica de Trastornos del Sueño es a través del número telefónico 5623 2300, extensiones 41624 o 41625, el correo clinicadelsueno@unam.mx o a través de Facebook.

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