/ sábado 9 de marzo de 2019

El consumo de cine; la nueva diversidad del consumo cinematográfico

Ya no es necesario acudir a un cine para poder disfrutar de nuevos contenidos


La tecnología junto con todas sus variantes ha ocasionado que nuestras formas de consumo cambien de manera constante y significativa. Hasta cierto punto, nos han facilitado muchas de las tareas y/o actividades que realizamos día con día, muestra de ello es la forma en cómo consumimos diversos productos audiovisuales de forma individual o colectiva.

Tal vez el cine es una de las muestras más claras para reflejar la presente situación. Anteriormente, cuando alguien quería ir a ver una proyección cinematográfica, tenía que pasar por un calvario para llegar a un acuerdo sobre la hora, el lugar e incluso el consumo de productos adicionales como palomitas, dulces y bebidas refrescantes. Ir al cine era prácticamente un ritual en el cual todos deberíamos estar en la misma sintonía para disfrutarlo.

Foto ilustrativa

Si a esto le sumamos que los tiempos de cada uno de los espectadores, en este caso un grupo de amigos o familiares, regularmente no eran exactamente los mismos a los ofertados por el cine elegido todo se convertía en algo angustiante. Frente a esta situación, en la actualidad, sigue siendo un pretexto para muchos a la hora de decidir si visitan una sala de cine o no, sobretodo porque afecta directamente a nuestro bolsillo ya que, irónicamente, resulta más caro lo que consumimos (confitería) que el mismo boleto para ver una película.

De acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine), el boleto promedio para una sala regular en nuestro país ronda los 50 pesos, sin tomar en cuenta que los precios por estrenos o salas Premium, los cuales superan con creces esta cifra e incluso, en algunos estados del país como Jalisco, Nuevo León y la Ciudad de México pueden alcanzar los 100 pesos. Cifra que, para muchos mexicanos, resulta prácticamente inalcanzable.

Hagamos un breve ejercicio, imaginemos a una familia de 5 personas cuyos ingresos mensuales apenas superan los 10 mil pesos. Luego de sortear los obstáculos previamente descritos y tras elegir la película acuden a comprar sus boletos, posteriormente deben elegir algún producto para su consumo dentro de la sala. Considerando que las palomitas, nachos, refrescos y chocolates son significativamente mayores a lo que normalmente vemos en las tiendas el panorama de muchas familias mexicanas se complica, por lo cual, deciden buscar otro tipo de opciones de entretenimiento que no las obligue a derrochar tanto dinero.

Lo verdaderamente sorprendente de este caso es que debemos ver el problema de consumo a nivel regional, llámese Latinoamérica. Retomando nuevamente a la Canacine, en 2016, nuestro país era el que ofrecía los precios más baratos de la zona con un precio promedio de 3.2 dólares mientras que en Colombia se ofertaban en 4.2, Argentina 7.4, Chile 5.7 y Brasil 5.3.

El calvario no termina aquí debido a que la gama de posibilidades se reduce a la hora de buscar alternativas al cine yankee. Cuando algún sector de la población busca temas diferentes es muy complicado que las cadenas distribuidoras de cine nos den opciones viables y, por ende, en contadas ocasiones lo único que podemos encontrar como “alternativa” es el cine nacional. Un rublo que francamente no se cansa de decepcionarnos pues, más allá de buscar alternativas pareciera que sólo se concentran en repetir los mismos estereotipos del vecino país del norte y, en algunos casos, simplemente hacen reciclaje de sus “estrellas” de telenovelas para hacer una cinta palomera la cual, para nosotros, como nuevas generaciones, es decepcionante y poco atractivo.

Foto ilustrativa


El resultado de todo provocó que hiciéramos uso de las nuevas tecnologías para poder explorar nuevos mercados, nuevas propuestas y nuevos estilos. Actualmente tan sólo nos encontramos a un click de distancia para poder encontrar nuevas estrellas que nos atrapen con historias llamativas y poco habituales.


De Netflix y otras plataformas

Para el espectador en general no ha sido fácil entender que, gracias a la evolución de la era digital se ha abierto una nueva forma de consumir cine. Actualmente, los jóvenes hemos cambiado el evento por la experiencia. Ya no es tan necesario estar en una sala rodeados de personas extrañas para poder admirar una película. Ahora podemos hacerlo desde la comodidad de nuestra casa, a la hora que deseemos y por medio del dispositivo que queramos. Podemos pausar el filme cuantas veces queramos sin el miedo de dañar el archivo y, por si esto fuera poco, ahora también podemos ver películas 3D en nuestras computadoras.

Lo anterior es producto de la basta diversidad de plataformas a través de las cuales podemos ver infinidad de contenidos. Justamente en este punto es necesario resaltar a una de ellas: Netflix. Plataforma digital que se ha caracterizado por saber acaparar nuestra atención ya que, dada su segmentación de mercado, ha logrado descifrar muchos de nuestros gustos para producir series y película originales que poco a poco han ido ganándole terreno a las grandes cadenas y productoras de cine.

Dicha plataforma ha reinventado de manera rápida los hábitos de consumo y producción de la industria del entretenimiento con lo cual se ha ido convirtiendo en uno de los medios principales de ocio para los jóvenes ya que, por medio de ella, han abierto nuevas puertas a productores, directores, guionistas y actores para contar historias y crear contenido audiovisual. Acontecimiento que indudablemente se ha visto reflejado en múltiples festivales internacionales relacionados a esta actividad siendo, la semana pasada, su punto culminante con lo vivido durante los Premios Oscar con Roma.

Con este tipo de propuestas atrevidas y poco comunes, Netflix puso en jaque a muchas empresas. Llegó para hacer algo que muy pocos se atrevieron a hacer: escuchar a sus audiencias. Se apropió de las redes sociales y creo canales de comunicación que hicieron factibles estos lazos al grado de convertirse en un auténtico ejemplo a seguir por parte de todas sus plataformas competidoras.

Esto último fue el resultado de haber apostado por los medios alternativos como Internet, herramienta que poco a poco se convirtió en la principal plataforma de distribución de sus servicios y contenidos. Este tipo de acciones le han valido un importante posicionamiento y expansión internacional a la par de incorporar innovaciones en la prestación de su servicio de video online.

Parece ser entonces que la famosa frase “el contenido es el rey” toma forma y se convierte en estrategia perfecta para Netflix.


La tecnología junto con todas sus variantes ha ocasionado que nuestras formas de consumo cambien de manera constante y significativa. Hasta cierto punto, nos han facilitado muchas de las tareas y/o actividades que realizamos día con día, muestra de ello es la forma en cómo consumimos diversos productos audiovisuales de forma individual o colectiva.

Tal vez el cine es una de las muestras más claras para reflejar la presente situación. Anteriormente, cuando alguien quería ir a ver una proyección cinematográfica, tenía que pasar por un calvario para llegar a un acuerdo sobre la hora, el lugar e incluso el consumo de productos adicionales como palomitas, dulces y bebidas refrescantes. Ir al cine era prácticamente un ritual en el cual todos deberíamos estar en la misma sintonía para disfrutarlo.

Foto ilustrativa

Si a esto le sumamos que los tiempos de cada uno de los espectadores, en este caso un grupo de amigos o familiares, regularmente no eran exactamente los mismos a los ofertados por el cine elegido todo se convertía en algo angustiante. Frente a esta situación, en la actualidad, sigue siendo un pretexto para muchos a la hora de decidir si visitan una sala de cine o no, sobretodo porque afecta directamente a nuestro bolsillo ya que, irónicamente, resulta más caro lo que consumimos (confitería) que el mismo boleto para ver una película.

De acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine), el boleto promedio para una sala regular en nuestro país ronda los 50 pesos, sin tomar en cuenta que los precios por estrenos o salas Premium, los cuales superan con creces esta cifra e incluso, en algunos estados del país como Jalisco, Nuevo León y la Ciudad de México pueden alcanzar los 100 pesos. Cifra que, para muchos mexicanos, resulta prácticamente inalcanzable.

Hagamos un breve ejercicio, imaginemos a una familia de 5 personas cuyos ingresos mensuales apenas superan los 10 mil pesos. Luego de sortear los obstáculos previamente descritos y tras elegir la película acuden a comprar sus boletos, posteriormente deben elegir algún producto para su consumo dentro de la sala. Considerando que las palomitas, nachos, refrescos y chocolates son significativamente mayores a lo que normalmente vemos en las tiendas el panorama de muchas familias mexicanas se complica, por lo cual, deciden buscar otro tipo de opciones de entretenimiento que no las obligue a derrochar tanto dinero.

Lo verdaderamente sorprendente de este caso es que debemos ver el problema de consumo a nivel regional, llámese Latinoamérica. Retomando nuevamente a la Canacine, en 2016, nuestro país era el que ofrecía los precios más baratos de la zona con un precio promedio de 3.2 dólares mientras que en Colombia se ofertaban en 4.2, Argentina 7.4, Chile 5.7 y Brasil 5.3.

El calvario no termina aquí debido a que la gama de posibilidades se reduce a la hora de buscar alternativas al cine yankee. Cuando algún sector de la población busca temas diferentes es muy complicado que las cadenas distribuidoras de cine nos den opciones viables y, por ende, en contadas ocasiones lo único que podemos encontrar como “alternativa” es el cine nacional. Un rublo que francamente no se cansa de decepcionarnos pues, más allá de buscar alternativas pareciera que sólo se concentran en repetir los mismos estereotipos del vecino país del norte y, en algunos casos, simplemente hacen reciclaje de sus “estrellas” de telenovelas para hacer una cinta palomera la cual, para nosotros, como nuevas generaciones, es decepcionante y poco atractivo.

Foto ilustrativa


El resultado de todo provocó que hiciéramos uso de las nuevas tecnologías para poder explorar nuevos mercados, nuevas propuestas y nuevos estilos. Actualmente tan sólo nos encontramos a un click de distancia para poder encontrar nuevas estrellas que nos atrapen con historias llamativas y poco habituales.


De Netflix y otras plataformas

Para el espectador en general no ha sido fácil entender que, gracias a la evolución de la era digital se ha abierto una nueva forma de consumir cine. Actualmente, los jóvenes hemos cambiado el evento por la experiencia. Ya no es tan necesario estar en una sala rodeados de personas extrañas para poder admirar una película. Ahora podemos hacerlo desde la comodidad de nuestra casa, a la hora que deseemos y por medio del dispositivo que queramos. Podemos pausar el filme cuantas veces queramos sin el miedo de dañar el archivo y, por si esto fuera poco, ahora también podemos ver películas 3D en nuestras computadoras.

Lo anterior es producto de la basta diversidad de plataformas a través de las cuales podemos ver infinidad de contenidos. Justamente en este punto es necesario resaltar a una de ellas: Netflix. Plataforma digital que se ha caracterizado por saber acaparar nuestra atención ya que, dada su segmentación de mercado, ha logrado descifrar muchos de nuestros gustos para producir series y película originales que poco a poco han ido ganándole terreno a las grandes cadenas y productoras de cine.

Dicha plataforma ha reinventado de manera rápida los hábitos de consumo y producción de la industria del entretenimiento con lo cual se ha ido convirtiendo en uno de los medios principales de ocio para los jóvenes ya que, por medio de ella, han abierto nuevas puertas a productores, directores, guionistas y actores para contar historias y crear contenido audiovisual. Acontecimiento que indudablemente se ha visto reflejado en múltiples festivales internacionales relacionados a esta actividad siendo, la semana pasada, su punto culminante con lo vivido durante los Premios Oscar con Roma.

Con este tipo de propuestas atrevidas y poco comunes, Netflix puso en jaque a muchas empresas. Llegó para hacer algo que muy pocos se atrevieron a hacer: escuchar a sus audiencias. Se apropió de las redes sociales y creo canales de comunicación que hicieron factibles estos lazos al grado de convertirse en un auténtico ejemplo a seguir por parte de todas sus plataformas competidoras.

Esto último fue el resultado de haber apostado por los medios alternativos como Internet, herramienta que poco a poco se convirtió en la principal plataforma de distribución de sus servicios y contenidos. Este tipo de acciones le han valido un importante posicionamiento y expansión internacional a la par de incorporar innovaciones en la prestación de su servicio de video online.

Parece ser entonces que la famosa frase “el contenido es el rey” toma forma y se convierte en estrategia perfecta para Netflix.

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