/ jueves 30 de agosto de 2018

Cuando el retrete tiene futuro: un sanitario sin remordimiento, el baño seco mecatrónico

Investigadores de la UNAM diseñan un sanitario que funcionaría con electricidad para producir composta almacenada en cartuchos reemplazables

Richard no contamina el medio ambiente con su orina y excremento.

Todos los días sus desechos fisiológicos son depositados en un biodigestor instalado en el jardín de su casa, donde agua y enzimas generan composta para nutrir el subsuelo.

Es distinto a los de su especie. Los 220 gramos de excretas expulsados diariamente por su organismo no terminan en el drenaje o la basura.

Sin embargo Richard no es un humano, sino un perro ferrioni, cuyos dueños compraron este biodigestor para solucionar el problema sanitario de tener una mascota.

Juan José Vilchis Lara y María de Lourdes Pulido Gómez, de la empresa Fosapet, son quienes crearon estos biodigestores. Iniciaron hace cinco años compostando los desechos de sus mascotas preocupados por la contaminación que pueden detonar, después buscaron alternativas a nivel nacional e internacional. El problema no es menor.

Hay más de 30 millones de perros en México, es mayor la población de perros que de niños de uno a 9 años y de ancianos, tenemos un problema de salud tremendo. Juan José Vilchis Lara

Sus cálculos resultan en 986 mil toneladas diarias de excremento canino a nivel nacional, lo cual se agrava al estimar que una tercera parte de esos canes viven en las calles. “Todos lo estamos respirando”. Es el ambiente fecal que enfrentamos.

“Y hay 145 enfermedades que derivan de las heces de los perros”, dice María de Lourdes, algunas de ellas son salmonela, toxoplasma, gardiasis y leptospira.

Los biodigestores funcionan con enzimas a base de esporas vegetales y animales. Esta combinación de bacterias, la cual está en proceso de patente, fue elaborada en el laboratorio de biotecnología del Tecnológico de Monterrey campus Toluca, donde fue incubada dicha empresa.

Necesitamos reeducarnos”, enfatiza María de Lourdes, quien propone escalar su proyecto a parques municipales y zonas comunales de fraccionamientos, pues el dispositivo también sirve para otras mascotas como gatos y pájaros.

Los biodigestores anticipan una solución al problema sanitario de los animales domésticos en las ciudades.

Pero irónicamente sus dueños, los humanos, quienes viven en las grandes urbes, aún no terminan de resolver el dilema de qué hacer y cómo actuar de manera sustentable para retirar sus propios desechos fisiológicos.

El problema fecal de la humanidad no está resuelto, tal vez nunca lo ha estado.

SALTO MONUMENTAL

El problema con las excretas y orina de los humanos radica en el uso de agua limpia para retirarlos de las viviendas. Basta bajar la cadena y el momento embarazoso termina, pero en cada ida al baño se pierden entre cuatro y seis litros del vital líquido. En los retretes más antiguos una descarga de heces fecales se lleva entre nueve y 12 litros.

Ante la escasez agravada del agua potable, el problema escala hacia distintas dimensiones.

El caso de la Ciudad de México es paradigmático, sus habitantes han agotado casi la totalidad de sus fuentes hídricas de abastecimiento y se nutren en mayor medida del Sistema Cutzamala, el cual bombea agua a esta metrópoli desde un nivel de mil 600 metros y hasta un máximo de 2 mil 702 metros sobre el nivel del mar.

Es un salto monumental de agua. El líquido llega desde presas en el Estado de México y Michoacán, previo paso por una planta potabilizadora que envía 19 metros cúbicos por segundo, de acuerdo con información de la Comisión Nacional de Agua (Conagua).

Especialistas indican que el 35% por ciento del agua que consume una vivienda se utiliza en el inodoro, lo cual representa que una tercera parte del agua que llega a la Ciudad de México del Sistema Cutzamala termina en el drenaje combinada con heces fecales y orina.

UN VISTAZO AL FUTURO

Estamos en el año 2050. Se han cumplido los pronósticos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los cuales fueron anticipados en el Informe Mundial sobre el Desarrollo de los Recursos Hidrícos, publicado en el lejano 2018.

Los humanos viven una agudizada escasez de agua. Al menos durante un mes al año, entre 4 mil 800 y 5 mil 700 millones de personas en el mundo no cuentan con el vital líquido.

En 2018 en dicha condición vivían 3 mil 600 millones de personas, casi la mitad de la población mundial de aquella época, por lo cual el aumento de las personas con carencia de agua potable es de al menos el 33%.

En 2050 la población mundial asciende a un total de 10 mil 200 millones de personas. La presión sobre los recursos naturales es severa. Dos tercios de la humanidad viven en las ciudades.

La demanda de los humanos viviendo en centros urbanos ya es un problema mundial. Desde 2025 la producción agrícola y energética, principalmente para alimentos y electricidad, y donde se requiere un uso intensivo de agua, ha tenido que crecer en un 60% y 80%, respectivamente.

Esto se complica aún más porque a la mitad del siglo XXI, como también la ONU lo advertía, las regiones secas han agravado esta condición.

En 2018 la ONU también advertía sobre alteraciones en el ciclo del agua. 32 años después se presentan tasas de evaporación más altas, menor capacidad de retención hídrica en los suelos, e incremento de los escurrimientos superficiales. La erosión avanza en el otrora planeta azul.

Aunado a la falta de agua, los humanos enfrentan la contaminación de sus ríos y cuerpos de agua superficiales, lo cual es una tendencia desde la lejana década de los noventa en el siglo anterior.

Quienes viven el peor escenario, a la mitad del siglo XXI, son los ríos de América Latina, África y Asia, lo cual es un peligro constante para la salud humana.

Y es que durante las últimas décadas el agua residual ha sido un riesgo por la carga de patógenos, a lo cual se suman cientos de productos químicos. Los países más rezagados están viviendo una crisis en esta materia por el crecimiento demográfico y la falta de sistemas de gestión de aguas residuales.

En los institutos y centros de investigación se recuerda el planteamiento que hizo la ONU en 2018.

“Existen evidencias de que a lo largo de la historia, dichos cambios en los ecosistemas han contribuido a la desaparición de varias antiguas civilizaciones. Una pregunta que deberíamos plantearnos hoy en día es si podemos evitar el mismo destino”, decía el citado informe que en 2050 puede consultarse en bibliotecas digitales.

En el año 2050 también es común encontrar en la red virtual distintos reportes periodísticos que pronosticaban lo que hoy se vive. Un texto del periódico El País, fechado el 12 de enero de 2016, adelantaba cambios sociales y demográficos.

La influencia del cambio climático en el desplazamiento de personas es evidente, estimaciones indican que para el año 2050 habrá alrededor de 200 millones de migrantes debido a esta causa.

Vivir en 2050 también acrecienta las diferencias sociales, el agua se ha confirmado como un recurso de poder político y económico.

Pero también han existido cambios positivos, desde hace años científicos y movimientos ambientalistas han promovido distintas estrategias de sustentabilidad. En juego está la supervivencia de la raza humana.

Entre dichas acciones destaca que están quedando en desuso los sanitarios que usaban agua para llevarse la orina y heces fecales de los humanos.

Hoy los niños se asombran de sus abuelos y ancestros, no entienden por qué ensuciaban agua limpia con excrementos y orina. Y menos que esos inodoros fueran utilizados por cientos de años.

En esta época los baños son secos, pues en cada gota de agua se escurre el futuro de la humanidad. Es el año 2050, un futuro que ya nos alcanzó.

ORIGEN SANITARIO

Volvamos en el tiempo, a los orígenes de la taza de baño, considerada uno de los inventos del hombre moderno.

En la Edad Media enfermedades como la peste y cólera arrasan con millones de personas, las condiciones insalubres son la principal causa. Incluso se llega al extremo de no recomendar el uso de agua para la higiene personal.

En 1597 el poeta inglés, John Harrington, desarrolla el “water closet”, posteriormente vinieron las aportaciones de Alexander Cummins, Samuel Prosse y Joseph Bramah, quien agregó el sistema de sifón, vigente hasta nuestros días, como lo indica el documento “Baños secos: Gestión y aprovechamiento de residuos”.

A partir de ese momento, el agua potable se convierte en elemento para el retiro y depósito de residuos de las ciudades y pueblos, pues los ríos comienzan a recibir las descargas de aguas negras, provenientes de los incipientes sistemas de drenaje y alcantarillado.

Y así, el agua potable comenzó a irse por el retrete.

“El total de agua consumida en el inodoro por día equivale a lo que 28 personas pueden beber en un día o una persona en un año, también equivale a lo que 8.4 personas necesitan para cocinar en un día”, advierte el citado estudio de “Gestión y aprovechamiento de residuos”.

De existir otro sistema para retirar los desechos humanos, de las respectivas viviendas, el referido análisis advierte que el consumo de agua bajaría de manera radical en el inodoro.


“Si cambiamos el sistema de sanitario en la vivienda de uno con cisterna (ya sea de 9 o 6 litros o de doble descarga) por uno seco, el consumo de agua al día por persona se reduce de 42 litros a 1 litro, es decir, es una disminución del 98%”.

Hace 421 años nadie pensaba en eso. Hoy ya es un futuro obligado.

BAÑOS ARGENTINOS

Una resolución del Ministerio de Salud de Argentina, fechada el 4 de abril de 2017, advierte que la falta de agua potable y cloacas genera severos problemas sanitarios e incide sobre la mortandad infantil en este país.

El problema radica en la cobertura irregular de agua potable y cloacas que se registra en las distintas provincias de Argentina. En algunas alcanza el 95%, otras son inferiores al 80%, e incluso las más bajas no llegan al 30%.

Ante esa realidad, la citada resolución considera necesaria la búsqueda de otras alternativas para atender la evacuación sanitaria de las excretas humanas.

“De todos los sistemas de tratamiento conocidos, el único que tiene un círculo virtuoso alimento-humano-tierra-alimento, es el baño seco con separación de orina no requiriendo de energía extra en todo su proceso”, refiere.

A la fecha, Argentina es uno de los países donde se está innovando en la construcción de baños secos. Así, el problema fecal de la humanidad encuentra otras soluciones.

EXPERIENCIA MEXICANA

Es la década de 1990. En el estado de Oaxaca se proyecta la instalación de al menos 75 mil sanitarios secos, con el fin de no depender de agua potable y disminuir enfermedades, principalmente en comunidades rurales.

En estas poblaciones solían tener letrinas que representaban focos de infección o en el peor de los casos la defecación ocurría al aire libre.

Enrique Vignau, representante de la agrupación Espacios de Innovación Tecnológica, impulsa y participa en esta experiencia, respaldada por el gobierno de aquella entidad.

Después de participar en esa experiencia, Vignau enfoca su atención a la contaminación que generan las excretas humanas en las ciudades, la cual es más grave que la registrada en zonas rurales.

Vía un financiamiento conseguido por su asociación, explica, comenzaron con la fabricación de un prototipo de baño seco para las áreas urbanas.

Y es que la preocupación no sólo era la utilización de agua potable para el funcionamiento del retrete, sino la producción de aguas negras en las ciudades.

En la Ciudad de México, indica, diariamente se trasladan 3 millones de metros cúbicos de agua, de los cuales se pierde una tercera parte en fugas, lo cual significa que hay 2 millones de metros cúbicos de aguas residuales.

“Son aguas negras porque se tienen inodoros de agua, por lo tanto, están descargándose las excretas al drenaje urbano, entonces por un lado está ahorrar ese 35% de agua (que se va en el sanitario), pero lo importante es que esa agua residual que produzca la ciudad no sea agua negra, sino gris, la cual es más sencilla de tratar”, afirma.

EL BAÑO MECATRÓNICO SECO

¿Te imaginas un sanitario donde al apretar la palanca o botón no baje agua, sino tierra?

En este baño el agua limpia ya no sería utilizada como transporte de los desechos humanos, sino que la tierra se mezclaría con las excretas u algún otro desecho humano, a fin de comenzar el composteo de los residuos.

Ambas materias serían almacenadas en un cartucho que tendría capacidad para albergar los desechos de cuatro personas durante una semana.

Al término de ese tiempo el cartucho, que estaría herméticamente cerrado, sería retirado para instalar uno nuevo. El depósito con la materia orgánica podría ser llevado a una planta de composteo.

Este inodoro no es del futuro, ni de algún tiempo donde el agua potable será motivo de mayor disputa. Por el contrario, es una realidad, pues investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ya patentaron el mecanismo de un sanitario seco mecatrónico, el cual se propone utilizar en las ciudades.

Este inodoro incluye un tanque de almacenamiento, donde en lugar de agua habrá tierra.

Los trabajos se han realizado en el Centro de Diseño Mecánico e Innovación Tecnológica de la Facultad de Ingeniería, en colaboración con el Centro de Investigaciones de Diseño Industrial de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, junto con la participación de la organización no gubernamental Espacios de Innovación Tecnológica.

El baño mecatrónico seco funciona con electricidad, incluso podría abastecerse con un panel solar para aumentar su perfil sustentable.

“Son de las consideraciones que estamos tomando en cuenta, esa parte falta de resolver si va a tener una batería de respaldo, ahora lo que queremos hacer es validar las funciones”, indica el doctor Vicente Borja, uno de los desarrolladores del proyecto.

Con la patente del sistema mecatrónico aseguran las distintas funciones de este baño, como mezclado y composteo, sin que el usuario perciba alguna diferencia con el uso del baño convencional.

“La patente que tenemos ahora es de la parte mecatrónica, como parte del proyecto de investigación la idea es ver si se adicionan bacterias o cuál es el medio que se va a usar para el compostaje, eso es trabajo que está en desarrollo”, explica.

En el caso de la orina habría dos opciones. Enviarla a un cartucho o utilizar el drenaje convencional, pues a diferencia del excremento la orina contamina menos.

El objetivo de este inodoro, señala el investigador, es garantizar que ir al baño sea una experiencia similar al uso de un retrete convencional, con algunas diferencias, como una taza más alta, pero que implique una mínima inversión para el usuario.

“(Los desechos) Caen donde está el mezclador, aprietas el botón como si le jalaras al agua, se mezcla y después mezclado con el aserrín, tierra o bacterias que están en desarrollo se deposita en el contenedor o cartucho, que está en la parte de abajo y atrás.

“El activar el movimiento del mezclado se hace de manera automática, es como iniciar proceso y todo lo demás lo hace el sistema”, refiere Borja.

Por ello, el depósito de esta taza no tendrá agua, sino tierra. Además, cuenta con un sistema de ventilación para evitar humedad.

“El cartucho está cerrado, no se puede ver lo que está adentro”, apunta, al comentar que tiene una capacidad de almacenamiento de una semana, tomando en cuenta una familia de cuatro integrantes. Aproximadamente sería de cinco litros el cartucho.

La parte final del proceso sería contar con plantas de composteo a donde se llevarían estos cartuchos. Dicha composta puede servir para recuperar suelos erosionados.

El proyecto continúa perfeccionándose. Siguen las pruebas con usuarios y definir costos comerciales.

El doctor Alejandro Ramírez, también desarrollador del baño seco mecatrónico, indica que en el proyecto participaron antropólogas y sicólogas para estudiar el comportamiento de los usuarios.

“Es un proyecto que ha surgido de otros, es un proceso que va obsoletizando lo desarrollado, ir aprendiendo cosas nuevas.

“Este sistema lo único que hace es que integra sistemas mecánicos, electrónicos, de computación, y de control para poder hacer de manera más eficiente el proceso”, puntualiza.

El investigador señala que el mecanismo sería parecido al de una impresora.

“En una impresora simplemente para sacar copias hay que poner un cartucho, ese cartucho funciona para cierto número de copias”, añade.

A su vez el doctor Vicente Borja apunta que generalmente los baños secos se usan en ambientes rurales, pero no en ciudades.

“Imagínate que estás en un sexto piso de un edificio de la Ciudad de México, por un lado no tenemos tanto espacio ni para el almacenamiento de las excretas y la urea, y que sea un WC similar a los que tenemos en la actualidad. De ahí viene la inquietud de incluir algunos aspectos de la mecatrónica”, indica.

Los investigadores de la Facultad de Ingeniería de la UNAM consideran que este baño secó mecatrónico es único a nivel internacional.

ALTERNATIVA URBANA

Los baños secos mecatrónicos cambian el esquema de los urbanistas, quienes perciben desventajas, pero valoran la reducción en el uso de agua potable.

El presidente del Colegio de Arquitectos y Urbanistas del Estado de México, Arturo Chavarría, explica que el reto de los sanitarios secos urbanos será la rentabilidad, pues una taza de baño cuesta en promedio mil 500 pesos.

“Tendría que analizarse si funciona para los sectores populares, pero sí es un problema el desperdicio de agua, por lo cual los baños deberían digitalizarse, con el fin de tener un censor de cuánta agua se gasta”, indica.

El especialista considera que con esta medida se podría garantizar el ahorro del vital líquido, no obstante, persistiría el problema de usar agua limpia para retirar los desechos humanos.

El BAÑO SECO VIETNAMITA

El antecedente de los sanitarios secos es la llamada letrina vietnamita, diseñada y aplicada en ese país en la década de 1950 por el doctor Nguyen Dang Doc, indica la tesis titulada “Sanitario Mecatrónico para un Sistema Ecológico”, elaborada por Andrés del Olmo Gil de la Facultad de Ingeniería de la UNAM.

Bajo ese modelo, indica el documento, se han hecho adecuaciones en México, como la realizada por organización no gubernamental Espacios de Innovación Tecnológica.

En este diseño se separa la orina del excremento, lo cual facilita el manejo de ambos materiales, señala dicha tesis.

“Las excretas recién depositadas se cubren con una mezcla secante de tierra con cal o ceniza para evitar los malos olores y las moscas.

“Consta de dos cámaras de almacenaje de excretas que se usan alternadamente: mientras una se usa, en la otra, que permanece cerrada y sellada, la alcalinidad de la cal/ceniza mata a los patógenos presentes en los excrementos”, refiere. Posteriormente es retirado el abono orgánico maduro.

Enrique Vignau, representante de Espacios de Innovación Tecnológica, comenta que en el baño seco mecatrónico se plantea que la mezcla orgánica se termine de procesar en un compostero que incluso podría instalarse en la propia vivienda. Lo cual sería parte de toda una propuesta tecnológica.

“La idea es que este sanitario pueda ser instalado en cualquier lugar del mundo, que nadie dependa de un insumo”, enfatiza.

“Funcionaría como los cilindros de gas que todavía se usan en muchos lados, es parte del diseño urbano, en este caso llevarían los cartuchos vacíos y se llevarían los cartuchos llenos a esa planta de compostaje”, comenta.

Recuerda que este tema es de interés público, por lo cual debe existir participación de los distintos gobiernos.

Los costos del baño seco mecatrónico, apunta, también serían competitivos, incluyendo los gastos para reemplazar el sanitario convencional.

Incluso podría incluir una grabación para que suene como si fuera un baño de agua, esto para asociarlo con la limpieza.

“Lo más importante es que entendamos todos que no somos dueños del agua y que si la usamos nuestra responsabilidad es regresarla en las mejores condiciones posibles a la naturaleza”, puntualiza.

Por ello, Vignau no duda. El dispositivo propuesto, al no utilizar agua, poca energía y retomar procesos naturales.

“Es el primer baño del futuro”, remata.




Richard no contamina el medio ambiente con su orina y excremento.

Todos los días sus desechos fisiológicos son depositados en un biodigestor instalado en el jardín de su casa, donde agua y enzimas generan composta para nutrir el subsuelo.

Es distinto a los de su especie. Los 220 gramos de excretas expulsados diariamente por su organismo no terminan en el drenaje o la basura.

Sin embargo Richard no es un humano, sino un perro ferrioni, cuyos dueños compraron este biodigestor para solucionar el problema sanitario de tener una mascota.

Juan José Vilchis Lara y María de Lourdes Pulido Gómez, de la empresa Fosapet, son quienes crearon estos biodigestores. Iniciaron hace cinco años compostando los desechos de sus mascotas preocupados por la contaminación que pueden detonar, después buscaron alternativas a nivel nacional e internacional. El problema no es menor.

Hay más de 30 millones de perros en México, es mayor la población de perros que de niños de uno a 9 años y de ancianos, tenemos un problema de salud tremendo. Juan José Vilchis Lara

Sus cálculos resultan en 986 mil toneladas diarias de excremento canino a nivel nacional, lo cual se agrava al estimar que una tercera parte de esos canes viven en las calles. “Todos lo estamos respirando”. Es el ambiente fecal que enfrentamos.

“Y hay 145 enfermedades que derivan de las heces de los perros”, dice María de Lourdes, algunas de ellas son salmonela, toxoplasma, gardiasis y leptospira.

Los biodigestores funcionan con enzimas a base de esporas vegetales y animales. Esta combinación de bacterias, la cual está en proceso de patente, fue elaborada en el laboratorio de biotecnología del Tecnológico de Monterrey campus Toluca, donde fue incubada dicha empresa.

Necesitamos reeducarnos”, enfatiza María de Lourdes, quien propone escalar su proyecto a parques municipales y zonas comunales de fraccionamientos, pues el dispositivo también sirve para otras mascotas como gatos y pájaros.

Los biodigestores anticipan una solución al problema sanitario de los animales domésticos en las ciudades.

Pero irónicamente sus dueños, los humanos, quienes viven en las grandes urbes, aún no terminan de resolver el dilema de qué hacer y cómo actuar de manera sustentable para retirar sus propios desechos fisiológicos.

El problema fecal de la humanidad no está resuelto, tal vez nunca lo ha estado.

SALTO MONUMENTAL

El problema con las excretas y orina de los humanos radica en el uso de agua limpia para retirarlos de las viviendas. Basta bajar la cadena y el momento embarazoso termina, pero en cada ida al baño se pierden entre cuatro y seis litros del vital líquido. En los retretes más antiguos una descarga de heces fecales se lleva entre nueve y 12 litros.

Ante la escasez agravada del agua potable, el problema escala hacia distintas dimensiones.

El caso de la Ciudad de México es paradigmático, sus habitantes han agotado casi la totalidad de sus fuentes hídricas de abastecimiento y se nutren en mayor medida del Sistema Cutzamala, el cual bombea agua a esta metrópoli desde un nivel de mil 600 metros y hasta un máximo de 2 mil 702 metros sobre el nivel del mar.

Es un salto monumental de agua. El líquido llega desde presas en el Estado de México y Michoacán, previo paso por una planta potabilizadora que envía 19 metros cúbicos por segundo, de acuerdo con información de la Comisión Nacional de Agua (Conagua).

Especialistas indican que el 35% por ciento del agua que consume una vivienda se utiliza en el inodoro, lo cual representa que una tercera parte del agua que llega a la Ciudad de México del Sistema Cutzamala termina en el drenaje combinada con heces fecales y orina.

UN VISTAZO AL FUTURO

Estamos en el año 2050. Se han cumplido los pronósticos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los cuales fueron anticipados en el Informe Mundial sobre el Desarrollo de los Recursos Hidrícos, publicado en el lejano 2018.

Los humanos viven una agudizada escasez de agua. Al menos durante un mes al año, entre 4 mil 800 y 5 mil 700 millones de personas en el mundo no cuentan con el vital líquido.

En 2018 en dicha condición vivían 3 mil 600 millones de personas, casi la mitad de la población mundial de aquella época, por lo cual el aumento de las personas con carencia de agua potable es de al menos el 33%.

En 2050 la población mundial asciende a un total de 10 mil 200 millones de personas. La presión sobre los recursos naturales es severa. Dos tercios de la humanidad viven en las ciudades.

La demanda de los humanos viviendo en centros urbanos ya es un problema mundial. Desde 2025 la producción agrícola y energética, principalmente para alimentos y electricidad, y donde se requiere un uso intensivo de agua, ha tenido que crecer en un 60% y 80%, respectivamente.

Esto se complica aún más porque a la mitad del siglo XXI, como también la ONU lo advertía, las regiones secas han agravado esta condición.

En 2018 la ONU también advertía sobre alteraciones en el ciclo del agua. 32 años después se presentan tasas de evaporación más altas, menor capacidad de retención hídrica en los suelos, e incremento de los escurrimientos superficiales. La erosión avanza en el otrora planeta azul.

Aunado a la falta de agua, los humanos enfrentan la contaminación de sus ríos y cuerpos de agua superficiales, lo cual es una tendencia desde la lejana década de los noventa en el siglo anterior.

Quienes viven el peor escenario, a la mitad del siglo XXI, son los ríos de América Latina, África y Asia, lo cual es un peligro constante para la salud humana.

Y es que durante las últimas décadas el agua residual ha sido un riesgo por la carga de patógenos, a lo cual se suman cientos de productos químicos. Los países más rezagados están viviendo una crisis en esta materia por el crecimiento demográfico y la falta de sistemas de gestión de aguas residuales.

En los institutos y centros de investigación se recuerda el planteamiento que hizo la ONU en 2018.

“Existen evidencias de que a lo largo de la historia, dichos cambios en los ecosistemas han contribuido a la desaparición de varias antiguas civilizaciones. Una pregunta que deberíamos plantearnos hoy en día es si podemos evitar el mismo destino”, decía el citado informe que en 2050 puede consultarse en bibliotecas digitales.

En el año 2050 también es común encontrar en la red virtual distintos reportes periodísticos que pronosticaban lo que hoy se vive. Un texto del periódico El País, fechado el 12 de enero de 2016, adelantaba cambios sociales y demográficos.

La influencia del cambio climático en el desplazamiento de personas es evidente, estimaciones indican que para el año 2050 habrá alrededor de 200 millones de migrantes debido a esta causa.

Vivir en 2050 también acrecienta las diferencias sociales, el agua se ha confirmado como un recurso de poder político y económico.

Pero también han existido cambios positivos, desde hace años científicos y movimientos ambientalistas han promovido distintas estrategias de sustentabilidad. En juego está la supervivencia de la raza humana.

Entre dichas acciones destaca que están quedando en desuso los sanitarios que usaban agua para llevarse la orina y heces fecales de los humanos.

Hoy los niños se asombran de sus abuelos y ancestros, no entienden por qué ensuciaban agua limpia con excrementos y orina. Y menos que esos inodoros fueran utilizados por cientos de años.

En esta época los baños son secos, pues en cada gota de agua se escurre el futuro de la humanidad. Es el año 2050, un futuro que ya nos alcanzó.

ORIGEN SANITARIO

Volvamos en el tiempo, a los orígenes de la taza de baño, considerada uno de los inventos del hombre moderno.

En la Edad Media enfermedades como la peste y cólera arrasan con millones de personas, las condiciones insalubres son la principal causa. Incluso se llega al extremo de no recomendar el uso de agua para la higiene personal.

En 1597 el poeta inglés, John Harrington, desarrolla el “water closet”, posteriormente vinieron las aportaciones de Alexander Cummins, Samuel Prosse y Joseph Bramah, quien agregó el sistema de sifón, vigente hasta nuestros días, como lo indica el documento “Baños secos: Gestión y aprovechamiento de residuos”.

A partir de ese momento, el agua potable se convierte en elemento para el retiro y depósito de residuos de las ciudades y pueblos, pues los ríos comienzan a recibir las descargas de aguas negras, provenientes de los incipientes sistemas de drenaje y alcantarillado.

Y así, el agua potable comenzó a irse por el retrete.

“El total de agua consumida en el inodoro por día equivale a lo que 28 personas pueden beber en un día o una persona en un año, también equivale a lo que 8.4 personas necesitan para cocinar en un día”, advierte el citado estudio de “Gestión y aprovechamiento de residuos”.

De existir otro sistema para retirar los desechos humanos, de las respectivas viviendas, el referido análisis advierte que el consumo de agua bajaría de manera radical en el inodoro.


“Si cambiamos el sistema de sanitario en la vivienda de uno con cisterna (ya sea de 9 o 6 litros o de doble descarga) por uno seco, el consumo de agua al día por persona se reduce de 42 litros a 1 litro, es decir, es una disminución del 98%”.

Hace 421 años nadie pensaba en eso. Hoy ya es un futuro obligado.

BAÑOS ARGENTINOS

Una resolución del Ministerio de Salud de Argentina, fechada el 4 de abril de 2017, advierte que la falta de agua potable y cloacas genera severos problemas sanitarios e incide sobre la mortandad infantil en este país.

El problema radica en la cobertura irregular de agua potable y cloacas que se registra en las distintas provincias de Argentina. En algunas alcanza el 95%, otras son inferiores al 80%, e incluso las más bajas no llegan al 30%.

Ante esa realidad, la citada resolución considera necesaria la búsqueda de otras alternativas para atender la evacuación sanitaria de las excretas humanas.

“De todos los sistemas de tratamiento conocidos, el único que tiene un círculo virtuoso alimento-humano-tierra-alimento, es el baño seco con separación de orina no requiriendo de energía extra en todo su proceso”, refiere.

A la fecha, Argentina es uno de los países donde se está innovando en la construcción de baños secos. Así, el problema fecal de la humanidad encuentra otras soluciones.

EXPERIENCIA MEXICANA

Es la década de 1990. En el estado de Oaxaca se proyecta la instalación de al menos 75 mil sanitarios secos, con el fin de no depender de agua potable y disminuir enfermedades, principalmente en comunidades rurales.

En estas poblaciones solían tener letrinas que representaban focos de infección o en el peor de los casos la defecación ocurría al aire libre.

Enrique Vignau, representante de la agrupación Espacios de Innovación Tecnológica, impulsa y participa en esta experiencia, respaldada por el gobierno de aquella entidad.

Después de participar en esa experiencia, Vignau enfoca su atención a la contaminación que generan las excretas humanas en las ciudades, la cual es más grave que la registrada en zonas rurales.

Vía un financiamiento conseguido por su asociación, explica, comenzaron con la fabricación de un prototipo de baño seco para las áreas urbanas.

Y es que la preocupación no sólo era la utilización de agua potable para el funcionamiento del retrete, sino la producción de aguas negras en las ciudades.

En la Ciudad de México, indica, diariamente se trasladan 3 millones de metros cúbicos de agua, de los cuales se pierde una tercera parte en fugas, lo cual significa que hay 2 millones de metros cúbicos de aguas residuales.

“Son aguas negras porque se tienen inodoros de agua, por lo tanto, están descargándose las excretas al drenaje urbano, entonces por un lado está ahorrar ese 35% de agua (que se va en el sanitario), pero lo importante es que esa agua residual que produzca la ciudad no sea agua negra, sino gris, la cual es más sencilla de tratar”, afirma.

EL BAÑO MECATRÓNICO SECO

¿Te imaginas un sanitario donde al apretar la palanca o botón no baje agua, sino tierra?

En este baño el agua limpia ya no sería utilizada como transporte de los desechos humanos, sino que la tierra se mezclaría con las excretas u algún otro desecho humano, a fin de comenzar el composteo de los residuos.

Ambas materias serían almacenadas en un cartucho que tendría capacidad para albergar los desechos de cuatro personas durante una semana.

Al término de ese tiempo el cartucho, que estaría herméticamente cerrado, sería retirado para instalar uno nuevo. El depósito con la materia orgánica podría ser llevado a una planta de composteo.

Este inodoro no es del futuro, ni de algún tiempo donde el agua potable será motivo de mayor disputa. Por el contrario, es una realidad, pues investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ya patentaron el mecanismo de un sanitario seco mecatrónico, el cual se propone utilizar en las ciudades.

Este inodoro incluye un tanque de almacenamiento, donde en lugar de agua habrá tierra.

Los trabajos se han realizado en el Centro de Diseño Mecánico e Innovación Tecnológica de la Facultad de Ingeniería, en colaboración con el Centro de Investigaciones de Diseño Industrial de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, junto con la participación de la organización no gubernamental Espacios de Innovación Tecnológica.

El baño mecatrónico seco funciona con electricidad, incluso podría abastecerse con un panel solar para aumentar su perfil sustentable.

“Son de las consideraciones que estamos tomando en cuenta, esa parte falta de resolver si va a tener una batería de respaldo, ahora lo que queremos hacer es validar las funciones”, indica el doctor Vicente Borja, uno de los desarrolladores del proyecto.

Con la patente del sistema mecatrónico aseguran las distintas funciones de este baño, como mezclado y composteo, sin que el usuario perciba alguna diferencia con el uso del baño convencional.

“La patente que tenemos ahora es de la parte mecatrónica, como parte del proyecto de investigación la idea es ver si se adicionan bacterias o cuál es el medio que se va a usar para el compostaje, eso es trabajo que está en desarrollo”, explica.

En el caso de la orina habría dos opciones. Enviarla a un cartucho o utilizar el drenaje convencional, pues a diferencia del excremento la orina contamina menos.

El objetivo de este inodoro, señala el investigador, es garantizar que ir al baño sea una experiencia similar al uso de un retrete convencional, con algunas diferencias, como una taza más alta, pero que implique una mínima inversión para el usuario.

“(Los desechos) Caen donde está el mezclador, aprietas el botón como si le jalaras al agua, se mezcla y después mezclado con el aserrín, tierra o bacterias que están en desarrollo se deposita en el contenedor o cartucho, que está en la parte de abajo y atrás.

“El activar el movimiento del mezclado se hace de manera automática, es como iniciar proceso y todo lo demás lo hace el sistema”, refiere Borja.

Por ello, el depósito de esta taza no tendrá agua, sino tierra. Además, cuenta con un sistema de ventilación para evitar humedad.

“El cartucho está cerrado, no se puede ver lo que está adentro”, apunta, al comentar que tiene una capacidad de almacenamiento de una semana, tomando en cuenta una familia de cuatro integrantes. Aproximadamente sería de cinco litros el cartucho.

La parte final del proceso sería contar con plantas de composteo a donde se llevarían estos cartuchos. Dicha composta puede servir para recuperar suelos erosionados.

El proyecto continúa perfeccionándose. Siguen las pruebas con usuarios y definir costos comerciales.

El doctor Alejandro Ramírez, también desarrollador del baño seco mecatrónico, indica que en el proyecto participaron antropólogas y sicólogas para estudiar el comportamiento de los usuarios.

“Es un proyecto que ha surgido de otros, es un proceso que va obsoletizando lo desarrollado, ir aprendiendo cosas nuevas.

“Este sistema lo único que hace es que integra sistemas mecánicos, electrónicos, de computación, y de control para poder hacer de manera más eficiente el proceso”, puntualiza.

El investigador señala que el mecanismo sería parecido al de una impresora.

“En una impresora simplemente para sacar copias hay que poner un cartucho, ese cartucho funciona para cierto número de copias”, añade.

A su vez el doctor Vicente Borja apunta que generalmente los baños secos se usan en ambientes rurales, pero no en ciudades.

“Imagínate que estás en un sexto piso de un edificio de la Ciudad de México, por un lado no tenemos tanto espacio ni para el almacenamiento de las excretas y la urea, y que sea un WC similar a los que tenemos en la actualidad. De ahí viene la inquietud de incluir algunos aspectos de la mecatrónica”, indica.

Los investigadores de la Facultad de Ingeniería de la UNAM consideran que este baño secó mecatrónico es único a nivel internacional.

ALTERNATIVA URBANA

Los baños secos mecatrónicos cambian el esquema de los urbanistas, quienes perciben desventajas, pero valoran la reducción en el uso de agua potable.

El presidente del Colegio de Arquitectos y Urbanistas del Estado de México, Arturo Chavarría, explica que el reto de los sanitarios secos urbanos será la rentabilidad, pues una taza de baño cuesta en promedio mil 500 pesos.

“Tendría que analizarse si funciona para los sectores populares, pero sí es un problema el desperdicio de agua, por lo cual los baños deberían digitalizarse, con el fin de tener un censor de cuánta agua se gasta”, indica.

El especialista considera que con esta medida se podría garantizar el ahorro del vital líquido, no obstante, persistiría el problema de usar agua limpia para retirar los desechos humanos.

El BAÑO SECO VIETNAMITA

El antecedente de los sanitarios secos es la llamada letrina vietnamita, diseñada y aplicada en ese país en la década de 1950 por el doctor Nguyen Dang Doc, indica la tesis titulada “Sanitario Mecatrónico para un Sistema Ecológico”, elaborada por Andrés del Olmo Gil de la Facultad de Ingeniería de la UNAM.

Bajo ese modelo, indica el documento, se han hecho adecuaciones en México, como la realizada por organización no gubernamental Espacios de Innovación Tecnológica.

En este diseño se separa la orina del excremento, lo cual facilita el manejo de ambos materiales, señala dicha tesis.

“Las excretas recién depositadas se cubren con una mezcla secante de tierra con cal o ceniza para evitar los malos olores y las moscas.

“Consta de dos cámaras de almacenaje de excretas que se usan alternadamente: mientras una se usa, en la otra, que permanece cerrada y sellada, la alcalinidad de la cal/ceniza mata a los patógenos presentes en los excrementos”, refiere. Posteriormente es retirado el abono orgánico maduro.

Enrique Vignau, representante de Espacios de Innovación Tecnológica, comenta que en el baño seco mecatrónico se plantea que la mezcla orgánica se termine de procesar en un compostero que incluso podría instalarse en la propia vivienda. Lo cual sería parte de toda una propuesta tecnológica.

“La idea es que este sanitario pueda ser instalado en cualquier lugar del mundo, que nadie dependa de un insumo”, enfatiza.

“Funcionaría como los cilindros de gas que todavía se usan en muchos lados, es parte del diseño urbano, en este caso llevarían los cartuchos vacíos y se llevarían los cartuchos llenos a esa planta de compostaje”, comenta.

Recuerda que este tema es de interés público, por lo cual debe existir participación de los distintos gobiernos.

Los costos del baño seco mecatrónico, apunta, también serían competitivos, incluyendo los gastos para reemplazar el sanitario convencional.

Incluso podría incluir una grabación para que suene como si fuera un baño de agua, esto para asociarlo con la limpieza.

“Lo más importante es que entendamos todos que no somos dueños del agua y que si la usamos nuestra responsabilidad es regresarla en las mejores condiciones posibles a la naturaleza”, puntualiza.

Por ello, Vignau no duda. El dispositivo propuesto, al no utilizar agua, poca energía y retomar procesos naturales.

“Es el primer baño del futuro”, remata.




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