/ sábado 1 de mayo de 2021

Regreso a clases presenciales de los jóvenes disminuirán el estrés, ansiedad y depresión

La angustia, la desesperación, el desacuerdo y el desconcierto, han sido algunas de las emociones que la mayoría de los jóvenes experimenta

Kevin Jared Rodríguez ingresó en febrero al Instituto Politécnico Nacional. Han pasado ya tres meses y aún no conoce las instalaciones del plantel donde estudia la carrera de Médico Cirujano Partero.

Hace unos días fui con mis papás a la Ciudad de México y pasamos por mi escuela. Mi mamá me sugirió que pasara a conocer las instalaciones, pero los guardias no me dejaron entrar porque no había servicio”, relató.

Y no pude ver nada de la escuela, que fue lo más triste”.

La pandemia de Covid-19 lo mantiene, como a la mayoría de los estudiantes, con clases a distancia. Desde su hogar, en Toluca, destina a sus clases un promedio de seis horas frente a la computadora.


A diferencia de las escuelas de la entidad mexiquense, donde más de un centenar de planteles ya retomó actividades presenciales en talleres y laboratorios, Kevin no ha tenido ninguna sesión práctica, pese a que la carrera lo demanda.

Hace unas semanas, en la materia de histología, su profesor compartió al grupo cómo hacer un corte de tejido, una biopsia y observarla con el microscopio: “pero sólo nos dictó los pasos”.

Esta clase debió llevarla a cabo de forma presencial. En algún momento de la sesión en línea, cerró los ojos y trató de recrear este momento, pero lo distrajo un ruido en la cocina. “Es horrible, lo peor que te puede pasar”.

Sensación que ha experimentado en más de una ocasión. También cuando en su clase de anatomía, el profesor comentó que lo ideal sería usar algún esqueleto del laboratorio para observar, para tocarlo, pero sólo se conformó con la explicación que el profesor daba en la pantalla.

La educación virtual derivada de la pandemia, por un lado, confiesa, lo llena de tristeza y, por otro, asegura, resulta frustrante.

Bajo esta modalidad concluyó la preparatoria. No tuvo fiesta de graduación, ni tampoco pudo despedirse de sus maestros y sus compañeros.

Esta vivencia no es propia de Kevin. La padecen miles de estudiantes de todo el país a más de un año por la pandemia.


Carencia de socialización

Ansiedad, angustia, desesperación, desacuerdo, desconcierto, han sido las emociones que la mayoría de los jóvenes experimenta derivado del confinamiento por la prolongación del sistema educativo a distancia, así lo refiere Alejandro Gutiérrez Cedeño, coordinador del Centro de Estudios Psicológicos Integrales (Cespi) de la Universidad Autónoma del Estado de México.

Hay un grupo de estudiantes que no han tenido ni conocimiento de quienes son sus compañeros, sobre todo los de nuevo ingreso, y que sólo conocieron su escuela para llevar el trámite de documentos y jamás regresaron”.

El especialista destaca que si bien es cierto que un alto porcentaje de estudiantes ya se está adaptando a las clases virtuales, el mayor impacto que tiene el sistema de enseñanza a distancia ha sido en la socialización, al ser uno de los elementos más importantes de la educación.

Además, puede advertir que no se tienen las cosas muy claras y precisas, añadió.



Depresión como efectos de la pandemia

Un estudio realizado en Colombia por la Universidad Francisco de Paula Santander, denominado “Efectos depresivos del aislamiento preventivo obligatorio asociados a la pandemia de Covid-19 en docentes y estudiantes de nivel superior”, concluyó que el estrés, la ansiedad y la depresión son sentimientos que están presentes en los estudiantes que ingresan a la universidad, afectando su salud mental.

Asimismo, la investigación destaca que sentimientos de tristeza son comunes en escenarios de confinamiento.

También encontró que el género masculino tiende a sufrir más depresión que el femenino, posiblemente por el cambio brusco en los hábitos de vida.

Dicho estudio se llevó a cabo pasados 45 días del confinamiento por la pandemia e indagó sobre las afectaciones psicológicas en la población escolar. La depresión fue uno de los efectos que encontró en mayor o menor medida entre los estudiantes, posiblemente derivados del aislamiento obligatorio: en 76% fue mínima, 14% fue leve, un 6% con depresión moderada, mientras que un 3% presentó depresión grave.

El estudio evidenció que, independientemente del nivel de afectación depresivo, hubo un aumento de los sentimientos de tristeza, tensión, cansancio y del apetito entre la población estudiada, al tiempo que se observó una reducción en la concentración, en los niveles de energía y en las horas de sueño.


Situaciones de estrés

En enero de este año, cuando el Estado de México y la capital del país vivieron una segunda oleada de contagios al virus SARS-CoV-2, Kevin estaba a 15 días de iniciar sus clases. Le estresó el hecho de que su espacio académico en el Instituto Politécnico Nacional no actualizara la página oficial donde le darían indicaciones.

Fue a través de Facebook como encontró un grupo de personas de nuevo ingreso. Posteriormente, recibió vía correo electrónico una liga de registro en Clasroom y un código para sus primeras clases.

De forma paulatina se va adaptando. Lo que más extraña de la modalidad presencial es la dinámica generada entre clase y clase: el poder platicar, jugar o interactuar con sus compañeros y que funcionaba como pequeños descansos. La dinámica cambió por la continuidad de las sesiones.

A distancia te cuesta poner más atención porque hay ruidos en la casa, los de la calle, que te habla tu mamá y no entiende que estás en clase, te estresa”.


Regreso, pero escalonado

A pesar de las situaciones adversas de estudiar a distancia, para Kevin Jared lo ideal sería un regreso escalonado, donde el inicio pueda ser en talleres y laboratorios. Durante la pandemia, un familiar muy cercano se contagió de Covid-19 y prefiere tomar diversas medidas de prevención.

El coordinador del Cespi de la UAEM considera importante el regreso presencial a las aulas, pero de forma escalonada, responsable y sólo en las asignaturas que lo justifiquen. Además, con la implementación de reglamentos y protocolos sanitarios.

Sugiere que las afectaciones psicológicas que presentan los estudiantes deberán tener una atención especial en al menos dos sesiones al regreso a clase presenciales, donde los maestros acompañen a sus alumnos en la parte socio-afectiva.

Para saber qué piensa, qué hace, qué dice, qué sueños tiene, qué anhelos, qué esperanzas, qué preocupaciones”.

Esos nuevos comportamientos, como abrazarnos, empujarnos y que entiendan que el distanciamiento es físico, no es social, agregó.


Niños

De acuerdo con un artículo de la revista Internacional de Educación para la Justicia Social, el asistir de forma presencial a la escuela supone infinidad de ventajas como aumento de las destrezas, desarrollo en el ámbito emocional, personal y social.

Además de divertido, agrega, aumenta las habilidades sociales, la conciencia social y las capacidades y aptitudes.

Esa carencia de socialización provocada por el confinamiento ha ocasionado insatisfacción, sobre todo en aquellas personas sin un espacio suficiente para desarrollar sus actividades.

Un artículo de la UNAM retoma un estudio aplicado en China, el cual determinó que uno de cada cinco niños presentaba síntomas depresivos o de ansiedad pasado un mes de encierro.

Y destaca una encuesta desarrollada por Save The Children y aplicada a más de 6 mil menores de países de Europa y Estados Unidos. Este estudio reveló que uno de cada cuatro niños padece ansiedad por el confinamiento y muchos de ellos, trastornos psicológicos permanentes.

A decir de especialistas, la adolescencia y la juventud representan etapas complicadas, pero si se le agrega el confinamiento por la pandemia, ha sido aún más difícil.

Kevin Jared Rodríguez ingresó en febrero al Instituto Politécnico Nacional. Han pasado ya tres meses y aún no conoce las instalaciones del plantel donde estudia la carrera de Médico Cirujano Partero.

Hace unos días fui con mis papás a la Ciudad de México y pasamos por mi escuela. Mi mamá me sugirió que pasara a conocer las instalaciones, pero los guardias no me dejaron entrar porque no había servicio”, relató.

Y no pude ver nada de la escuela, que fue lo más triste”.

La pandemia de Covid-19 lo mantiene, como a la mayoría de los estudiantes, con clases a distancia. Desde su hogar, en Toluca, destina a sus clases un promedio de seis horas frente a la computadora.


A diferencia de las escuelas de la entidad mexiquense, donde más de un centenar de planteles ya retomó actividades presenciales en talleres y laboratorios, Kevin no ha tenido ninguna sesión práctica, pese a que la carrera lo demanda.

Hace unas semanas, en la materia de histología, su profesor compartió al grupo cómo hacer un corte de tejido, una biopsia y observarla con el microscopio: “pero sólo nos dictó los pasos”.

Esta clase debió llevarla a cabo de forma presencial. En algún momento de la sesión en línea, cerró los ojos y trató de recrear este momento, pero lo distrajo un ruido en la cocina. “Es horrible, lo peor que te puede pasar”.

Sensación que ha experimentado en más de una ocasión. También cuando en su clase de anatomía, el profesor comentó que lo ideal sería usar algún esqueleto del laboratorio para observar, para tocarlo, pero sólo se conformó con la explicación que el profesor daba en la pantalla.

La educación virtual derivada de la pandemia, por un lado, confiesa, lo llena de tristeza y, por otro, asegura, resulta frustrante.

Bajo esta modalidad concluyó la preparatoria. No tuvo fiesta de graduación, ni tampoco pudo despedirse de sus maestros y sus compañeros.

Esta vivencia no es propia de Kevin. La padecen miles de estudiantes de todo el país a más de un año por la pandemia.


Carencia de socialización

Ansiedad, angustia, desesperación, desacuerdo, desconcierto, han sido las emociones que la mayoría de los jóvenes experimenta derivado del confinamiento por la prolongación del sistema educativo a distancia, así lo refiere Alejandro Gutiérrez Cedeño, coordinador del Centro de Estudios Psicológicos Integrales (Cespi) de la Universidad Autónoma del Estado de México.

Hay un grupo de estudiantes que no han tenido ni conocimiento de quienes son sus compañeros, sobre todo los de nuevo ingreso, y que sólo conocieron su escuela para llevar el trámite de documentos y jamás regresaron”.

El especialista destaca que si bien es cierto que un alto porcentaje de estudiantes ya se está adaptando a las clases virtuales, el mayor impacto que tiene el sistema de enseñanza a distancia ha sido en la socialización, al ser uno de los elementos más importantes de la educación.

Además, puede advertir que no se tienen las cosas muy claras y precisas, añadió.



Depresión como efectos de la pandemia

Un estudio realizado en Colombia por la Universidad Francisco de Paula Santander, denominado “Efectos depresivos del aislamiento preventivo obligatorio asociados a la pandemia de Covid-19 en docentes y estudiantes de nivel superior”, concluyó que el estrés, la ansiedad y la depresión son sentimientos que están presentes en los estudiantes que ingresan a la universidad, afectando su salud mental.

Asimismo, la investigación destaca que sentimientos de tristeza son comunes en escenarios de confinamiento.

También encontró que el género masculino tiende a sufrir más depresión que el femenino, posiblemente por el cambio brusco en los hábitos de vida.

Dicho estudio se llevó a cabo pasados 45 días del confinamiento por la pandemia e indagó sobre las afectaciones psicológicas en la población escolar. La depresión fue uno de los efectos que encontró en mayor o menor medida entre los estudiantes, posiblemente derivados del aislamiento obligatorio: en 76% fue mínima, 14% fue leve, un 6% con depresión moderada, mientras que un 3% presentó depresión grave.

El estudio evidenció que, independientemente del nivel de afectación depresivo, hubo un aumento de los sentimientos de tristeza, tensión, cansancio y del apetito entre la población estudiada, al tiempo que se observó una reducción en la concentración, en los niveles de energía y en las horas de sueño.


Situaciones de estrés

En enero de este año, cuando el Estado de México y la capital del país vivieron una segunda oleada de contagios al virus SARS-CoV-2, Kevin estaba a 15 días de iniciar sus clases. Le estresó el hecho de que su espacio académico en el Instituto Politécnico Nacional no actualizara la página oficial donde le darían indicaciones.

Fue a través de Facebook como encontró un grupo de personas de nuevo ingreso. Posteriormente, recibió vía correo electrónico una liga de registro en Clasroom y un código para sus primeras clases.

De forma paulatina se va adaptando. Lo que más extraña de la modalidad presencial es la dinámica generada entre clase y clase: el poder platicar, jugar o interactuar con sus compañeros y que funcionaba como pequeños descansos. La dinámica cambió por la continuidad de las sesiones.

A distancia te cuesta poner más atención porque hay ruidos en la casa, los de la calle, que te habla tu mamá y no entiende que estás en clase, te estresa”.


Regreso, pero escalonado

A pesar de las situaciones adversas de estudiar a distancia, para Kevin Jared lo ideal sería un regreso escalonado, donde el inicio pueda ser en talleres y laboratorios. Durante la pandemia, un familiar muy cercano se contagió de Covid-19 y prefiere tomar diversas medidas de prevención.

El coordinador del Cespi de la UAEM considera importante el regreso presencial a las aulas, pero de forma escalonada, responsable y sólo en las asignaturas que lo justifiquen. Además, con la implementación de reglamentos y protocolos sanitarios.

Sugiere que las afectaciones psicológicas que presentan los estudiantes deberán tener una atención especial en al menos dos sesiones al regreso a clase presenciales, donde los maestros acompañen a sus alumnos en la parte socio-afectiva.

Para saber qué piensa, qué hace, qué dice, qué sueños tiene, qué anhelos, qué esperanzas, qué preocupaciones”.

Esos nuevos comportamientos, como abrazarnos, empujarnos y que entiendan que el distanciamiento es físico, no es social, agregó.


Niños

De acuerdo con un artículo de la revista Internacional de Educación para la Justicia Social, el asistir de forma presencial a la escuela supone infinidad de ventajas como aumento de las destrezas, desarrollo en el ámbito emocional, personal y social.

Además de divertido, agrega, aumenta las habilidades sociales, la conciencia social y las capacidades y aptitudes.

Esa carencia de socialización provocada por el confinamiento ha ocasionado insatisfacción, sobre todo en aquellas personas sin un espacio suficiente para desarrollar sus actividades.

Un artículo de la UNAM retoma un estudio aplicado en China, el cual determinó que uno de cada cinco niños presentaba síntomas depresivos o de ansiedad pasado un mes de encierro.

Y destaca una encuesta desarrollada por Save The Children y aplicada a más de 6 mil menores de países de Europa y Estados Unidos. Este estudio reveló que uno de cada cuatro niños padece ansiedad por el confinamiento y muchos de ellos, trastornos psicológicos permanentes.

A decir de especialistas, la adolescencia y la juventud representan etapas complicadas, pero si se le agrega el confinamiento por la pandemia, ha sido aún más difícil.

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