/ martes 21 de mayo de 2019

Su hijo desapareció hace nueve años; no dejará de buscarlo

Luis Ángel León Rodríguez se desempeñaba como policía federal y desapareció en Zitácuaro; su mamá asegura que son víctimas de una doble victimización

Desde hace más de nueve años estoy muerta en vida, eso nos pasa a todos los que sufrimos la desaparición de un hijo, de un ser querido a manos de la delincuencia organizada, pero también de la delincuencia institucionalizada, la que se colude con los delincuentes.

Araceli Magdalena Rodríguez Nava, víctima indirecta por la desaparición de su hijo Luis Ángel León Rodríguez, asegura que no dejará de buscar a su hijo a pesar de estar amenazada de muerte y tener que vivir con custodios, pues ha tocado fibras sensibles tanto de la delincuencia como de las autoridades, pues con esta búsqueda ha podido dar cuenta que el crimen organizado ha logrado penetrar las filas de las dependencias gubernamentales.

Su hijo se desempeñaba como policía federal y desapareció en Zitácuaro, Michoacán, junto con seis elementos más y un civil el 6 de noviembre de 2009, cuando iban comisionados rumbo a Ciudad Hidalgo para tomar posesión de esa corporación policíaca ubicada en el Palacio Municipal.

“Desde su desaparición no he parado en su búsqueda, porque realmente ha habido muchas omisiones dentro de la misma indagatoria, por eso me tuve que convertir en defensora de los derechos humanos y me ha llevado a ser activista, pero no sólo para buscar a mi hijo, sino a los más de 40 mil desaparecidos que hay en el país”, indicó.

El 6 de noviembre de 2009, refiere, fueron interceptados por miembros de la Familia Michoacana, aunque ahora se dicen ser los Caballeros Templarios, que los emboscó, los secuestró -porque incluso pidieron rescate- en la gasolinera localizada a un costado de la caseta Lengua de Vaca de Zitácuaro.

Han pasado ya nueve años y medio y en realidad no sabemos en dónde están ellos, hay alrededor de 30 detenidos por su desaparición, pero realmente no nos dicen exactamente dónde están, solo dicen que en el cerro La Coyota.

Ante la pregunta de si cree que su hijo haya sido asesinado, Araceli comenta que algunos de los detenidos han declarado que participaron en los hechos, pero le queda claro que no van a decir con certeza que sí fueron ni que le quitaron la vida a mi hijo, porque es como si se sentenciaron ellos mismos.

Por las investigaciones sé que si participaron en su desaparición y secuestro, porque también pidieron rescate, pero hasta el momento no ha habido sentencias, al contrario han dejado salir libres a algunos, incluso el viernes se supo que detuvieron, aquí en el Estado de México, a Pablo Serrano Magallanes, alias “La Morsa”, quien tuvo que ver con el secuestro y desaparición de Luis Ángel León Rodríguez.

Contenido relacionado: Detienen a objetivo prioritario de la justicia mexiquense

Este personaje lo detuvieron en 2014 y lo vincularon a proceso, pero el juez segundo de Nayarit, Francisco Javier Montaño Zavala, lo dejó en libertad el 4 de febrero de 2017, argumentando irregularidades en el pliego de responsabilidades y la tardanza en la puesta a disposición ante el Ministerio Público.

“Me doy cuenta que las víctimas, mientras la justicia esté más del lado de las personas que cometen estos hechos, a nosotros nos condenan a vivir con un duelo congelado, muertos en vida y con tortura día a día, no vamos a encontrar la verdad, más aún teniendo jueces que los dejan en libertad para seguir causando más daño a la sociedad”, afirma.

Luis Ángel, tenía 23 años al momento de desaparecer, era soltero y le negaron hasta su derecho a ser papá y a mí el de ser abuela de uno de sus niños o niñas, lastima y destroza a toda una familia, el gran daño que causan es como una bala expansiva que penetra y rompe a las familias, se lamenta Araceli.

En su caso, comenta, es más difícil todavía, pues por ser policía el desaparecido la sociedad los estigmatiza, dicen “era policía federal, por eso lo desaparecieron, seguramente se vinculó al crimen organizado” y agrega: la sociedad se vuelve indiferente y eso es lo que más nos lastima como víctimas.

Luego de la desaparición de su hijo, Araceli señala que llegó a odiar a Dios, pero después se dio cuenta que no fue Él el responsable y le pidió perdón, hoy siente que la fuerza que emana de ella para seguir con su búsqueda y de los otros 40 mil desaparecidos emana, precisamente, de Dios.



Desde hace más de nueve años estoy muerta en vida, eso nos pasa a todos los que sufrimos la desaparición de un hijo, de un ser querido a manos de la delincuencia organizada, pero también de la delincuencia institucionalizada, la que se colude con los delincuentes.

Araceli Magdalena Rodríguez Nava, víctima indirecta por la desaparición de su hijo Luis Ángel León Rodríguez, asegura que no dejará de buscar a su hijo a pesar de estar amenazada de muerte y tener que vivir con custodios, pues ha tocado fibras sensibles tanto de la delincuencia como de las autoridades, pues con esta búsqueda ha podido dar cuenta que el crimen organizado ha logrado penetrar las filas de las dependencias gubernamentales.

Su hijo se desempeñaba como policía federal y desapareció en Zitácuaro, Michoacán, junto con seis elementos más y un civil el 6 de noviembre de 2009, cuando iban comisionados rumbo a Ciudad Hidalgo para tomar posesión de esa corporación policíaca ubicada en el Palacio Municipal.

“Desde su desaparición no he parado en su búsqueda, porque realmente ha habido muchas omisiones dentro de la misma indagatoria, por eso me tuve que convertir en defensora de los derechos humanos y me ha llevado a ser activista, pero no sólo para buscar a mi hijo, sino a los más de 40 mil desaparecidos que hay en el país”, indicó.

El 6 de noviembre de 2009, refiere, fueron interceptados por miembros de la Familia Michoacana, aunque ahora se dicen ser los Caballeros Templarios, que los emboscó, los secuestró -porque incluso pidieron rescate- en la gasolinera localizada a un costado de la caseta Lengua de Vaca de Zitácuaro.

Han pasado ya nueve años y medio y en realidad no sabemos en dónde están ellos, hay alrededor de 30 detenidos por su desaparición, pero realmente no nos dicen exactamente dónde están, solo dicen que en el cerro La Coyota.

Ante la pregunta de si cree que su hijo haya sido asesinado, Araceli comenta que algunos de los detenidos han declarado que participaron en los hechos, pero le queda claro que no van a decir con certeza que sí fueron ni que le quitaron la vida a mi hijo, porque es como si se sentenciaron ellos mismos.

Por las investigaciones sé que si participaron en su desaparición y secuestro, porque también pidieron rescate, pero hasta el momento no ha habido sentencias, al contrario han dejado salir libres a algunos, incluso el viernes se supo que detuvieron, aquí en el Estado de México, a Pablo Serrano Magallanes, alias “La Morsa”, quien tuvo que ver con el secuestro y desaparición de Luis Ángel León Rodríguez.

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Este personaje lo detuvieron en 2014 y lo vincularon a proceso, pero el juez segundo de Nayarit, Francisco Javier Montaño Zavala, lo dejó en libertad el 4 de febrero de 2017, argumentando irregularidades en el pliego de responsabilidades y la tardanza en la puesta a disposición ante el Ministerio Público.

“Me doy cuenta que las víctimas, mientras la justicia esté más del lado de las personas que cometen estos hechos, a nosotros nos condenan a vivir con un duelo congelado, muertos en vida y con tortura día a día, no vamos a encontrar la verdad, más aún teniendo jueces que los dejan en libertad para seguir causando más daño a la sociedad”, afirma.

Luis Ángel, tenía 23 años al momento de desaparecer, era soltero y le negaron hasta su derecho a ser papá y a mí el de ser abuela de uno de sus niños o niñas, lastima y destroza a toda una familia, el gran daño que causan es como una bala expansiva que penetra y rompe a las familias, se lamenta Araceli.

En su caso, comenta, es más difícil todavía, pues por ser policía el desaparecido la sociedad los estigmatiza, dicen “era policía federal, por eso lo desaparecieron, seguramente se vinculó al crimen organizado” y agrega: la sociedad se vuelve indiferente y eso es lo que más nos lastima como víctimas.

Luego de la desaparición de su hijo, Araceli señala que llegó a odiar a Dios, pero después se dio cuenta que no fue Él el responsable y le pidió perdón, hoy siente que la fuerza que emana de ella para seguir con su búsqueda y de los otros 40 mil desaparecidos emana, precisamente, de Dios.



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