/ jueves 9 de mayo de 2019

Mamá de Brandon relata el momento en que su hijo fue "levantado" en Chapultepec

El 1 de febrero de 2019 en un cruce de la carretera Santiago-Mexicaltzingo, el joven de 20 años fue levantado por un grupo armado en presencia de sus padres

Chapultepec, México.- Es el primero de febrero de 2019, rozan las 14:00 horas. El camión de transporte del que descienden Eloísa, su esposo, y su hijo Brandon Guillermo, se detiene en un cruce de la carretera Santiago-Mexicaltzingo, frente a un motel. A unos 100 metros de su casa.

La mujer relata la desaparición de su hijo menor, un día antes de la celebración del 10 de Mayo. El primero que pasará sin las bromas que le hacía y esos abrazos, que le haga sentir que el joven aún sigue vivo.

Foto: Daniel Camacho.

Aquel 1 de febrero, la familia apenas tuvo tiempo de avanzar 20 metros después de bajar del camión, cuando se escuchan tres palabras que aún zumban en la memoria de Eloísa. Le siguen tres disparos y el arrancón de un motor de camioneta, que se pierde a la distancia.

"Yo sólo me acuerdo que nos siguieron dos tipos al bajar del camión", recuerda Eloísa, "cuando volteamos sacan sus armas y nos gritan: '¡ya se los cargó la chin....!' y comienzan a golpear a mi hijo para llevárselo.

Es la escena que retrata el día en que Brandon Guillermo Torres López, de 20 años, fue privado de su libertad en el municipio de Chapultepec hace más de tres meses. Se trató de un "levantón", como se define a los delitos que no tienen castigo en México.

"Nos bajamos del camión allá adelante, caminamos apenas unos veinte metros hasta aquí", describe Eloísa, en la escena de los hechos.

Foto: Daniel Camacho.

La camioneta color negro se paró atrás del camión, como si los hubieran seguido hasta el cruce. Dos de los captores permanecieron a bordo del vehículo cerrado, con los vidrios polarizados, según relata Eloísa en sus pocas señas que recuerda. Los otros sujetos fueron al encuentro de la familia para consumar el hecho.

"Lo jalaron hacia atrás a mi hijo, de la mochila que traía", dice, "él al momento que lo jalonearon, se quiso defender, pero fue cuando le pegaron con la cacha de la pistola en su cabeza".

Esa ocasión, Brandon y sus padres regresaban de Santiago Tianguistenco, a donde habían acudido a una consulta médica para Eloisa, quien presentaba síntomas de gripe.

"Ese momento, yo vi como que (mi hijo) dejó caer sus brazos y se dejó caer, ya no supe si se desmayó, porque el otro tipo nos aventó un disparo", recuerda.

Foto: Daniel Camacho.


LA INVESTIGACIÓN

Sobre el caso, la Fiscalía estatal generó una carpeta de investigación bajo el número TEN/CAI/EAV/091/028468/19/02 y hasta un mes después de de la desaparición, el 28 de marzo, se giró una alerta Odisea para acelerar la búsqueda de Brandon.

No nos querían soltar la alerta, porque decían que estaba considerado como privación de la libertad y que si la giraban, la responsabilidad corría por mi cuenta, si le hacían algo a mi hijo.Recuerda Eloísa.

Los procesos burocráticos, que acostumbra la justicia en el país, obligaron a los padres de Brandon a acudir a diferentes ministerios públicos, por estar confundidos de la región que les competía.

"La licenciada Nancy, que estaba de turno esa vez en Tenango, me dijo que tenía mucho trabajo, entonces me mandó a un módulo exprés", agrega.

Una vez girada la ficha, la zozobra continuó. Ninguna llamada, algún indicio nuevo, pareciera como si "la tierra se hubiera tragado" a Brandon, o simplemente la Fiscalía no investigó.

Yo nunca recibí una llamada, ni de parte de los que se llevaron a mi hijo, ni por parte de los que estaban llevando la investigación.Reprocha Eloísa.


LOS DESAPARECIDOS

Federico Mastrogiovanni, periodista de origen italiano y autor del libro "Ni Vivos ni Muertos", desmenuza la desaparición forzada en México como una estrategia de terror que siembra el crimen y el propio Estado, en contra de activistas, luchadores sociales, padres de familia y, sobre todo, jóvenes, presas del narco.

Las desapariciones forzadas, sintetizan lo que son los llamados "levantones", que quedan en cifra negra, porque no se denuncian bajo el temor que acarrea el ver de frente al "diablo del narco".

El Sistema Nacional de Seguridad de Seguridad Pública, incluso revela cifras pobres en denuncias por secuestro, con un total de 247 casos, de 2015 al primer trimestre de 2019.

En contraste, las desapariciones de personas acumularon entre el periodo de 2010 a 2018 un total de 3 mil 686 denuncias, tan sólo de mujeres, según un estudio del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia (IMDHD).


EL AMARRE

En la habitación de Brandon, sobre una silla de madera, está su fotografía recargada a un pequeño muñeco de tela en color verde, enredado con unos cordones morados. También una veladora con la mecha encendida sobre un plato. Se trata de un trabajo de santería que su familia le mandó hacer para que vuelva.

Foto: Daniel Camacho.

Es el último recurso impensable, que Eloísa ha usado, todo con tal de ver de nuevo a su hijo.

Le gustaba jugar futbol, este es su cuarto, ahorita lo usa su hermana, él pintó estos dibujos.

Explica Eloísa.

Foto: Daniel Camacho.

La habitación luce algunos dibujos sobre culturas prehispánicas, está desarreglado y con algunas fotos de Brandon. En el resto de la casa, también hay retratos del joven: en la escuela, en su confirmación y una donde posa con una chamarra verde tipo militar a su edad actual. Un altar atiborrado de veladoras con la mecha apagada y las figuras del Niño Dios, un cristo y el Santo Niño Divino.

El hogar es devoto. Su fe creció más, tras la desaparición de Brandon.

No perdemos la esperanza de que mi hijo entre por esa puerta y diga: 'ya llegué mamá', como cuando se iba los domingos a jugar futbol.Externa la mujer.

Foto: Daniel Camacho.

Tras lo ocurrido, los vecinos de la familia López hicieron sus propias conjeturas: "Decían que él vendía droga, y que estaba metido en el narcotráfico, y que era un ajuste de cuentas", reprocha Eloísa.

La familia López, es por demás humilde, Eloísa vende pan a diario y los fines de semana comida. Brandon era obrero y como todo joven de su edad, se enrolaba en divertirse.

Sus vicios más grandes eran sus tres perros: "Dogui", "Chocolata" y "Nala", tres canes de raza pitbull que crió desde cachorros y actualmente Eloísa debe atender. Por lo pronto están encadenados en un corral. Los animales presienten también la ausencia del joven.

A veces tomaba con sus amigos pero no se metía con nadie, no creo que andara en malos pasos.Sentencia.


SEÑAS

Eloísa pide un bolígrafo, sobre una hoja de papel dibuja un croquis, para representar el cruce donde fue levantado su hijo. Lo sabe a memoria. Mide los pasos en cada línea.

En la escena, señala con su dedo índice la distancia que fue arrastrado Brandon, ya inconsciente, por los dos sujetos.

Los describe como de estatura regular, de entre 20 a 25 años, con sudaderas negras y pantalón de mezclilla.

"Uno lo agarró de la cintura para echarlo a la camioneta", recuerda, "yo corrí para ver si alcanzaba a tomar una foto de las placas pero todo el cuerpo me temblaba".

La Fiscalía especializada en personas desaparecidas, al igual que la anterior, que llevaba el caso de Brandon Guillermo, no tiene ninguna pista después de cmás de tres meses. Incluso Eloísa, se atreve a señalar que no investigan.

El día que fuimos a exigir nuevamente la alerta, la carpeta estaba en un archivo, en medio de un folder cerrado.Recrimina Eloísa.

Es el 9 de mayo, una hora similar a la de aquel primero de febrero en que Brandon desapareció. Eloísa ha vuelto al cruce. Porta una foto de su hijo, y vuelve repetir las palabras que le cimbran aún en los ojos.

"¡Ya se los cargó la chin....!", así recuerda, la desaparición de su hijo.

Foto: Daniel Camacho.

Chapultepec, México.- Es el primero de febrero de 2019, rozan las 14:00 horas. El camión de transporte del que descienden Eloísa, su esposo, y su hijo Brandon Guillermo, se detiene en un cruce de la carretera Santiago-Mexicaltzingo, frente a un motel. A unos 100 metros de su casa.

La mujer relata la desaparición de su hijo menor, un día antes de la celebración del 10 de Mayo. El primero que pasará sin las bromas que le hacía y esos abrazos, que le haga sentir que el joven aún sigue vivo.

Foto: Daniel Camacho.

Aquel 1 de febrero, la familia apenas tuvo tiempo de avanzar 20 metros después de bajar del camión, cuando se escuchan tres palabras que aún zumban en la memoria de Eloísa. Le siguen tres disparos y el arrancón de un motor de camioneta, que se pierde a la distancia.

"Yo sólo me acuerdo que nos siguieron dos tipos al bajar del camión", recuerda Eloísa, "cuando volteamos sacan sus armas y nos gritan: '¡ya se los cargó la chin....!' y comienzan a golpear a mi hijo para llevárselo.

Es la escena que retrata el día en que Brandon Guillermo Torres López, de 20 años, fue privado de su libertad en el municipio de Chapultepec hace más de tres meses. Se trató de un "levantón", como se define a los delitos que no tienen castigo en México.

"Nos bajamos del camión allá adelante, caminamos apenas unos veinte metros hasta aquí", describe Eloísa, en la escena de los hechos.

Foto: Daniel Camacho.

La camioneta color negro se paró atrás del camión, como si los hubieran seguido hasta el cruce. Dos de los captores permanecieron a bordo del vehículo cerrado, con los vidrios polarizados, según relata Eloísa en sus pocas señas que recuerda. Los otros sujetos fueron al encuentro de la familia para consumar el hecho.

"Lo jalaron hacia atrás a mi hijo, de la mochila que traía", dice, "él al momento que lo jalonearon, se quiso defender, pero fue cuando le pegaron con la cacha de la pistola en su cabeza".

Esa ocasión, Brandon y sus padres regresaban de Santiago Tianguistenco, a donde habían acudido a una consulta médica para Eloisa, quien presentaba síntomas de gripe.

"Ese momento, yo vi como que (mi hijo) dejó caer sus brazos y se dejó caer, ya no supe si se desmayó, porque el otro tipo nos aventó un disparo", recuerda.

Foto: Daniel Camacho.


LA INVESTIGACIÓN

Sobre el caso, la Fiscalía estatal generó una carpeta de investigación bajo el número TEN/CAI/EAV/091/028468/19/02 y hasta un mes después de de la desaparición, el 28 de marzo, se giró una alerta Odisea para acelerar la búsqueda de Brandon.

No nos querían soltar la alerta, porque decían que estaba considerado como privación de la libertad y que si la giraban, la responsabilidad corría por mi cuenta, si le hacían algo a mi hijo.Recuerda Eloísa.

Los procesos burocráticos, que acostumbra la justicia en el país, obligaron a los padres de Brandon a acudir a diferentes ministerios públicos, por estar confundidos de la región que les competía.

"La licenciada Nancy, que estaba de turno esa vez en Tenango, me dijo que tenía mucho trabajo, entonces me mandó a un módulo exprés", agrega.

Una vez girada la ficha, la zozobra continuó. Ninguna llamada, algún indicio nuevo, pareciera como si "la tierra se hubiera tragado" a Brandon, o simplemente la Fiscalía no investigó.

Yo nunca recibí una llamada, ni de parte de los que se llevaron a mi hijo, ni por parte de los que estaban llevando la investigación.Reprocha Eloísa.


LOS DESAPARECIDOS

Federico Mastrogiovanni, periodista de origen italiano y autor del libro "Ni Vivos ni Muertos", desmenuza la desaparición forzada en México como una estrategia de terror que siembra el crimen y el propio Estado, en contra de activistas, luchadores sociales, padres de familia y, sobre todo, jóvenes, presas del narco.

Las desapariciones forzadas, sintetizan lo que son los llamados "levantones", que quedan en cifra negra, porque no se denuncian bajo el temor que acarrea el ver de frente al "diablo del narco".

El Sistema Nacional de Seguridad de Seguridad Pública, incluso revela cifras pobres en denuncias por secuestro, con un total de 247 casos, de 2015 al primer trimestre de 2019.

En contraste, las desapariciones de personas acumularon entre el periodo de 2010 a 2018 un total de 3 mil 686 denuncias, tan sólo de mujeres, según un estudio del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia (IMDHD).


EL AMARRE

En la habitación de Brandon, sobre una silla de madera, está su fotografía recargada a un pequeño muñeco de tela en color verde, enredado con unos cordones morados. También una veladora con la mecha encendida sobre un plato. Se trata de un trabajo de santería que su familia le mandó hacer para que vuelva.

Foto: Daniel Camacho.

Es el último recurso impensable, que Eloísa ha usado, todo con tal de ver de nuevo a su hijo.

Le gustaba jugar futbol, este es su cuarto, ahorita lo usa su hermana, él pintó estos dibujos.

Explica Eloísa.

Foto: Daniel Camacho.

La habitación luce algunos dibujos sobre culturas prehispánicas, está desarreglado y con algunas fotos de Brandon. En el resto de la casa, también hay retratos del joven: en la escuela, en su confirmación y una donde posa con una chamarra verde tipo militar a su edad actual. Un altar atiborrado de veladoras con la mecha apagada y las figuras del Niño Dios, un cristo y el Santo Niño Divino.

El hogar es devoto. Su fe creció más, tras la desaparición de Brandon.

No perdemos la esperanza de que mi hijo entre por esa puerta y diga: 'ya llegué mamá', como cuando se iba los domingos a jugar futbol.Externa la mujer.

Foto: Daniel Camacho.

Tras lo ocurrido, los vecinos de la familia López hicieron sus propias conjeturas: "Decían que él vendía droga, y que estaba metido en el narcotráfico, y que era un ajuste de cuentas", reprocha Eloísa.

La familia López, es por demás humilde, Eloísa vende pan a diario y los fines de semana comida. Brandon era obrero y como todo joven de su edad, se enrolaba en divertirse.

Sus vicios más grandes eran sus tres perros: "Dogui", "Chocolata" y "Nala", tres canes de raza pitbull que crió desde cachorros y actualmente Eloísa debe atender. Por lo pronto están encadenados en un corral. Los animales presienten también la ausencia del joven.

A veces tomaba con sus amigos pero no se metía con nadie, no creo que andara en malos pasos.Sentencia.


SEÑAS

Eloísa pide un bolígrafo, sobre una hoja de papel dibuja un croquis, para representar el cruce donde fue levantado su hijo. Lo sabe a memoria. Mide los pasos en cada línea.

En la escena, señala con su dedo índice la distancia que fue arrastrado Brandon, ya inconsciente, por los dos sujetos.

Los describe como de estatura regular, de entre 20 a 25 años, con sudaderas negras y pantalón de mezclilla.

"Uno lo agarró de la cintura para echarlo a la camioneta", recuerda, "yo corrí para ver si alcanzaba a tomar una foto de las placas pero todo el cuerpo me temblaba".

La Fiscalía especializada en personas desaparecidas, al igual que la anterior, que llevaba el caso de Brandon Guillermo, no tiene ninguna pista después de cmás de tres meses. Incluso Eloísa, se atreve a señalar que no investigan.

El día que fuimos a exigir nuevamente la alerta, la carpeta estaba en un archivo, en medio de un folder cerrado.Recrimina Eloísa.

Es el 9 de mayo, una hora similar a la de aquel primero de febrero en que Brandon desapareció. Eloísa ha vuelto al cruce. Porta una foto de su hijo, y vuelve repetir las palabras que le cimbran aún en los ojos.

"¡Ya se los cargó la chin....!", así recuerda, la desaparición de su hijo.

Foto: Daniel Camacho.

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