/ viernes 24 de noviembre de 2023

Movilidad y seguridad vial

Desde hace años, en la entidad mexiquense va en aumento un grave problema de salud pública, consistente en el tránsito vehicular caótico y de alto riesgo en la generalidad de las zonas urbanas.

Aun cuando en el fenómeno es posible identificar diversos factores, sin duda el más evidente está ligado a la incapacidad del sector oficial, cuya falta de medidas de solución efectiva lo han colocado muy por debajo de lo que las circunstancias demandan. Es decir, en lugar de proporcionar respuestas adecuadas y oportunas, apoyadas en una voluntad política firme, las autoridades han optado por minimizar el tema, recurrir a la demagogia, elaborar planes y programas sin mayor trascendencia, y encargar el cuidado de las cuestiones viales a simples figuras decorativas, dada su ineptitud y apatía.

En días pasados se habló precisamente de esto, al darse a conocer la decisión de elaborar la nueva Ley de Movilidad y Seguridad Vial del Estado de México y Municipios, para lo cual el secretario de la dependencia respectiva invitó a las organizaciones sociales, asociaciones civiles, académicos, investigadores y ciudadanos, a fin de presentar proyectos y propuestas. Entre otras cosas, el funcionario se refirió a la necesidad de reducir el índice de fallecimientos y lesiones derivados de los siniestros automovilísticos, preservar y hacer respetar el orden, con base en una normatividad de avanzada.

Desde luego, lo complejo del asunto requiere de un enfoque integral, con estudios serios, realizados por gente especializada en la materia; como también de contar con el factor humano ético y preparado, en la urgente tarea de aplicar estricta y objetivamente la reglamentación, particularmente cuando se trate de sancionar el comportamiento negativo de los usuarios de calles y avenidas.

En una primera acción, está lo relativo al otorgamiento de las licencias y permisos, que debe ser mediante la aplicación de rigurosos exámenes de habilidad técnica, de comprobar el conocimiento pleno del reglamento de tránsito, del significado de los distintos señalamientos y de la manera de reaccionar ante cualquier contingencia. Conducir un vehículo de motor involucra un conjunto de interacciones entre el operador, la máquina, las características de las vialidades y el entorno, y eso obliga a tener no sólo pericia y un cabal entendimiento de las normas, sino a depender en alto grado de las funciones de concentración y atención, motoras y sensoriales perceptivas, y de un organismo libre se sustancias tóxicas al estar frente al volante.

Asimismo, es necesario eliminar esa plaga de malos choferes del servicio público, en una abrumadora mayoría prototipo de las conductas antisociales, de la incultura, la agresividad y los trastornos emocionales y de personalidad. Las consecuencias de esto se tienen en el aumento en el número de accidentes, muchos de ellos mortales, circular sobre cualquier carril; invadir rutas y no respetar las indicaciones de los semáforos; exceder los límites de velocidad permitida y una larga lista de prácticas nocivas, por desgracia ya imitadas por una gran cantidad de conductores particulares, para colmo adictos al teléfono móvil.

Si bien la corrección del desastre es responsabilidad del gobierno, es indispensable crear consciencia entre la sociedad en cuanto su contribución, si se quiere contrarrestar la creciente alteración de la vida comunitaria, traducida en miles de personas afectadas, costos millonarios por daños a los bienes y a la productividad, y múltiples formas de contaminación del ambiente.

Ingeniero civil, profesor de tiempo completo en la UAEM.

juancuencadiaz@hotmail.com

Desde hace años, en la entidad mexiquense va en aumento un grave problema de salud pública, consistente en el tránsito vehicular caótico y de alto riesgo en la generalidad de las zonas urbanas.

Aun cuando en el fenómeno es posible identificar diversos factores, sin duda el más evidente está ligado a la incapacidad del sector oficial, cuya falta de medidas de solución efectiva lo han colocado muy por debajo de lo que las circunstancias demandan. Es decir, en lugar de proporcionar respuestas adecuadas y oportunas, apoyadas en una voluntad política firme, las autoridades han optado por minimizar el tema, recurrir a la demagogia, elaborar planes y programas sin mayor trascendencia, y encargar el cuidado de las cuestiones viales a simples figuras decorativas, dada su ineptitud y apatía.

En días pasados se habló precisamente de esto, al darse a conocer la decisión de elaborar la nueva Ley de Movilidad y Seguridad Vial del Estado de México y Municipios, para lo cual el secretario de la dependencia respectiva invitó a las organizaciones sociales, asociaciones civiles, académicos, investigadores y ciudadanos, a fin de presentar proyectos y propuestas. Entre otras cosas, el funcionario se refirió a la necesidad de reducir el índice de fallecimientos y lesiones derivados de los siniestros automovilísticos, preservar y hacer respetar el orden, con base en una normatividad de avanzada.

Desde luego, lo complejo del asunto requiere de un enfoque integral, con estudios serios, realizados por gente especializada en la materia; como también de contar con el factor humano ético y preparado, en la urgente tarea de aplicar estricta y objetivamente la reglamentación, particularmente cuando se trate de sancionar el comportamiento negativo de los usuarios de calles y avenidas.

En una primera acción, está lo relativo al otorgamiento de las licencias y permisos, que debe ser mediante la aplicación de rigurosos exámenes de habilidad técnica, de comprobar el conocimiento pleno del reglamento de tránsito, del significado de los distintos señalamientos y de la manera de reaccionar ante cualquier contingencia. Conducir un vehículo de motor involucra un conjunto de interacciones entre el operador, la máquina, las características de las vialidades y el entorno, y eso obliga a tener no sólo pericia y un cabal entendimiento de las normas, sino a depender en alto grado de las funciones de concentración y atención, motoras y sensoriales perceptivas, y de un organismo libre se sustancias tóxicas al estar frente al volante.

Asimismo, es necesario eliminar esa plaga de malos choferes del servicio público, en una abrumadora mayoría prototipo de las conductas antisociales, de la incultura, la agresividad y los trastornos emocionales y de personalidad. Las consecuencias de esto se tienen en el aumento en el número de accidentes, muchos de ellos mortales, circular sobre cualquier carril; invadir rutas y no respetar las indicaciones de los semáforos; exceder los límites de velocidad permitida y una larga lista de prácticas nocivas, por desgracia ya imitadas por una gran cantidad de conductores particulares, para colmo adictos al teléfono móvil.

Si bien la corrección del desastre es responsabilidad del gobierno, es indispensable crear consciencia entre la sociedad en cuanto su contribución, si se quiere contrarrestar la creciente alteración de la vida comunitaria, traducida en miles de personas afectadas, costos millonarios por daños a los bienes y a la productividad, y múltiples formas de contaminación del ambiente.

Ingeniero civil, profesor de tiempo completo en la UAEM.

juancuencadiaz@hotmail.com