/ viernes 8 de marzo de 2024

Pensamiento Universitario | El problema del agua

No, Toluca no puede seguir así, con la generalidad de sus contribuyentes tratados de manera indigna y un presente lleno de carencias y frustraciones.

Se padece ahora la prolongada escasez de agua, causante de una serie de problemas en la ingesta humana, en las medidas de higiene y sanitarias, aunque quizá pronto provoque la propagación de enfermedades, estimulada por la acumulación de basura.

Son estas las consecuencias de haber elegido a malos gobernantes desde hace muchos años, y hoy el error se paga al no tener el vital líquido disponible en las ciudades, ni en cantidad ni en calidad. Esa burocracia, atrapada en su enorme inconsciencia, nunca pensó en lo ineludible de atender la amenaza con acciones diversas, donde se incluyeran, por ejemplo, la construcción de obras de captación y tratamiento, mantener y renovar la infraestructura hidráulica, detectar y reparar fugas, planificar correctamente el desarrollo urbano y el aumento poblacional, establecer campañas encauzadas al uso racional del recurso, evitar la sobre explotación de los acuíferos y castigar severamente la deforestación ilegal, origen de la pérdida de los ecosistemas naturales y de la alteración del ciclo hidrológico.

Por eso las quejas y reclamos se han vuelto la constante y seguramente van a radicalizarse, pues los gobiernos estatal y municipal no muestran la capacidad ni el interés suficientes para enfrentar y resolver con rapidez la situación de emergencia en la capital mexiquense y en otros lugares. Como evidencia, ahí están la absurda lentitud en los trabajos de rehabilitación de pozos y en la perforación de otros, o el desorden y los abusos permitidos en el abastecimiento mediante pipas oficiales y particulares.

Es decir, ante la angustia de miles de seres, las autoridades y sus “técnicos” no se preocupan mayormente, y se comportan de manera poco responsable, insensible y hasta malévola. No reaccionan conforme a la gravedad del momento, aplicando programas de solución o mitigación inmediata, con el uso de los recursos necesarios, humanos, financieros y materiales, y el apoyo de una planeación inteligente, a la altura de las circunstancias.

En teoría, el servicio público es una actividad organizada de acuerdo con las normas jurídicas en vigor, y sus propósitos son generar beneficios tangibles, en cuanto a la satisfacción de las peticiones del usuario y en su contribución al bienestar colectivo. Debe poseer la cualidad denominada consistencia, identificada, entre otras, en las características de continuidad, legalidad y suficiencia a lo largo del tiempo, aunado a la atención oportuna y respetuosa de personas y grupos.

Por desgracia en nuestro medio, saturado de ineptitud e improvisación, es casi imposible distinguir administraciones de logros permanentes, donde los funcionarios lo sean realmente y corroboren en los hechos la disposición de dar a diario lo mejor de sí mismos a la sociedad. No les motiva alcanzar ese valor agregado de ser íntegros y respetables, ni el aportar durante su desempeño siempre resultados de calidad.

Ante la necesidad de transformar las instituciones, de depurar y fortalecer su imagen y prestigio, es obvio que el concepto de servicio público no puede seguir devaluándose en manos de la ineptocracia. Contribuir a la tarea del cambio es responsabilidad de todos, y eso implica hacer uso de libertades y democracia, con la finalidad de elegir ya no productos chatarra, sino gente preparada y ética, dispuesta a servir a la comunidad y convencida de lo honroso y trascendental de su encomienda.

Ingeniero civil, profesor de tiempo completo en la UAEM.

juancuencadiaz@hotmail.com

No, Toluca no puede seguir así, con la generalidad de sus contribuyentes tratados de manera indigna y un presente lleno de carencias y frustraciones.

Se padece ahora la prolongada escasez de agua, causante de una serie de problemas en la ingesta humana, en las medidas de higiene y sanitarias, aunque quizá pronto provoque la propagación de enfermedades, estimulada por la acumulación de basura.

Son estas las consecuencias de haber elegido a malos gobernantes desde hace muchos años, y hoy el error se paga al no tener el vital líquido disponible en las ciudades, ni en cantidad ni en calidad. Esa burocracia, atrapada en su enorme inconsciencia, nunca pensó en lo ineludible de atender la amenaza con acciones diversas, donde se incluyeran, por ejemplo, la construcción de obras de captación y tratamiento, mantener y renovar la infraestructura hidráulica, detectar y reparar fugas, planificar correctamente el desarrollo urbano y el aumento poblacional, establecer campañas encauzadas al uso racional del recurso, evitar la sobre explotación de los acuíferos y castigar severamente la deforestación ilegal, origen de la pérdida de los ecosistemas naturales y de la alteración del ciclo hidrológico.

Por eso las quejas y reclamos se han vuelto la constante y seguramente van a radicalizarse, pues los gobiernos estatal y municipal no muestran la capacidad ni el interés suficientes para enfrentar y resolver con rapidez la situación de emergencia en la capital mexiquense y en otros lugares. Como evidencia, ahí están la absurda lentitud en los trabajos de rehabilitación de pozos y en la perforación de otros, o el desorden y los abusos permitidos en el abastecimiento mediante pipas oficiales y particulares.

Es decir, ante la angustia de miles de seres, las autoridades y sus “técnicos” no se preocupan mayormente, y se comportan de manera poco responsable, insensible y hasta malévola. No reaccionan conforme a la gravedad del momento, aplicando programas de solución o mitigación inmediata, con el uso de los recursos necesarios, humanos, financieros y materiales, y el apoyo de una planeación inteligente, a la altura de las circunstancias.

En teoría, el servicio público es una actividad organizada de acuerdo con las normas jurídicas en vigor, y sus propósitos son generar beneficios tangibles, en cuanto a la satisfacción de las peticiones del usuario y en su contribución al bienestar colectivo. Debe poseer la cualidad denominada consistencia, identificada, entre otras, en las características de continuidad, legalidad y suficiencia a lo largo del tiempo, aunado a la atención oportuna y respetuosa de personas y grupos.

Por desgracia en nuestro medio, saturado de ineptitud e improvisación, es casi imposible distinguir administraciones de logros permanentes, donde los funcionarios lo sean realmente y corroboren en los hechos la disposición de dar a diario lo mejor de sí mismos a la sociedad. No les motiva alcanzar ese valor agregado de ser íntegros y respetables, ni el aportar durante su desempeño siempre resultados de calidad.

Ante la necesidad de transformar las instituciones, de depurar y fortalecer su imagen y prestigio, es obvio que el concepto de servicio público no puede seguir devaluándose en manos de la ineptocracia. Contribuir a la tarea del cambio es responsabilidad de todos, y eso implica hacer uso de libertades y democracia, con la finalidad de elegir ya no productos chatarra, sino gente preparada y ética, dispuesta a servir a la comunidad y convencida de lo honroso y trascendental de su encomienda.

Ingeniero civil, profesor de tiempo completo en la UAEM.

juancuencadiaz@hotmail.com