"Rascamos el río para que no se desborde"; una lucha constante contra las fuerzas de la naturaleza

Pobladores de San Bartolomé Tlaltelulco narran las trágicas historias a las cuales se ven expuestos año con año gracias a la temporada de lluvias

Filiberto Ramos | El Sol de Toluca

  · miércoles 23 de septiembre de 2020

Fotos: Daniel Camacho | El Sol de Toluca


El río trae “tufo” de aguas negras y pareciera que también un olor a tragedia pues, cada vez que crece, en San Bartolomé Tlaltelulco deben improvisar costales y usar de botas unas bolsas para cruzar la creciente.

En esa comunidad ubicada del lado sur de Metepec, una calle lleva el nombre del río El Arenal porque hace unas décadas atrás esa calle era el paso natural del cuerpo de agua, sin embargo el crecimiento poblacional se lo arrebató.

“Aquí antes pasaba el río cuando no era calle y se juntaba con el otro río más abajo”, explica Carmen Rueda, una vecina que de momento está aislada de las inundaciones porque su casa la construyó sobre un bordo, al que no llega el agua.

El paso natural de este río alberga tres kilómetros de riesgo los cuales cada año obliga a los habitantes a improvisar, a levantar bordos de costales y usar botas con bolsas de plástico.

“Le rascamos al río para que no se desborde” indica Daniel Enríquez, poblador que hace alusión a los trabajos de desazolve que han hecho los vecinos que viven a orillas de El Arenal.

En el lugar es fácil observar como sobre dicha calle los niños juegan con una pelota arrastrando la arena que comenzó a bajar desde el mes de junio, una escena visible desde la casa de Carmen Rueda hasta la vivienda de Daniel Enríquez.

Por otra parte, la avenida Pino Suárez equivale a una frontera imaginaria que divide al Metepec comercial y urbanizado de los poblados tabiqueros cuyo relieve está hecho de ladrillos rojos y techos de teja ahumada, lugares afectados por la pobreza y por las fuerzas de un río que año con año se abre paso entre una infinidad de casas y patios.

A estos problemas se le sumó otro recientemente pues Daniel aseguró que la semana pasada hubo un desborde del lado de la gasolinera que terminó en conflicto vecinal porque no llegó ayuda, y como cada tromba, debieron desazolvar con sus propios recursos.

Es de resaltar que la mayoría de casas que se construyeron al borde del río son de similar hechura. Pilates de tabique rojo, tejados de cartón y teja roja y pisos de tierra lo cual para algunos podría ser sinónimo de asentamientos irregulares en una zona de alto de riesgo pero para ellos es su único patrimonio.

En temporada de secas, cuando el río se convierte en un riachuelo, el tufo de aguas negras es más crudo. Muestra de ello es que metros abajo, en la tercera privada, unos niños viven en una casita que tiene un cerco de tabique sobrepuesto, la cual es una barrera contra las aguas negras de la lluvia.

"Unas treinta veces se a metido el agua", dicen el adolescente de Tlaltelulco.

Dice que nació allí, al lado del borde del río Arenal, donde también han crecido sus hermanitos y a donde se asentó su familia hace unos 50 años.

"Vamos a esperar que no llueva tan fuerte estos días", añade Daniel. Mientras el ruido de la corriente baja y cruza el pueblo.