/ sábado 30 de abril de 2022

Tras confinamiento, salud emocional deberá atenderse

Las rupturas familiares incrementaron debido a varios factores, entre ellos la falta de espacios individuales y la sobreconvivencia

La sobreconvivencia, el estrés del trabajo en casa, el que las parejas hayan pasado demasiado tiempo juntos y, en algunos casos, la falta de liquidez económica y hasta aspectos sexuales, afectaron la estabilidad de las relaciones durante el confinamiento por la pandemia de Covid-19.

Lo cual acrecentó los enfrentamientos y, en peor de los casos, la separación o violencia doméstica. Situaciones que determinó un estudio de la Clínica Multidisciplinaria de Salud de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM).

De acuerdo con estadísticas del Tribunal Superior de Justicia de la entidad, entre 2020 y 2021, los juicios de divorcio aumentaron de 33 mil 767 a 45 mil 959. Cabe mencionar que estos datos no incluyen los juicios en línea.

FOTO | PIXABAY

Para el psicólogo clínico y director general de Enlace Emocional, la falta de control de las emociones ocasionó que incrementaran los enfrentamientos de pareja.

Sin embargo, la pandemia de Covid-19 también vino a evidenciar (todavía más) la violencia doméstica que se sigue ejerciendo en las familias mexicanas.

“Con la pandemia, el fenómeno de la violencia se dio a conocer más, precisamente porque se desencadenaron muchas situaciones de violencia, lamentablemente por la falta de empleo e ingresos económicos, por discusiones y falta de incompatibilidad en la convivencia 24/7”, expresó el especialista en salud mental.

Al referir que la emergencia sanitaria generó una “sobreconvivencia” familiar impidió que todos y cada uno de los integrantes tuvieran un espacio para despejar la mente y socializar con otras personas, Escandón Pérez detalló que, ante la falta de atención psicológica, la ruptura familiar fue inminente.

“Al no haber una autorregulación de las emociones, se propició que los índices de violencia crecieran, que hubiera incompatibilidad y finalmente las rupturas de las parejas”, señaló el entrevistado.

Matrimonios y divorcios

Con base en las estadísticas de nupcialidad de 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el Estado de México estuvo por debajo de la media nacional en tasa de matrimonios por entidad federativa de registro por cada mil habitantes de 18 años o más, con un 3.4% (3.8% media nacional).

En 2020, el Estado de México registró 40 mil 940 matrimonios, mientras que en 2019 fueron 63 mil 323, es decir, 35.35% más.

De los más de 40 mil matrimonios registrados en la entidad, 40 mil 939 fueron hombre-mujer y uno hombre-hombre.

Hace dos años, la entidad registró 8 mil 920 divorcios, de los cuales, 952 fueron administrativos y 8 mil 068 por la vía judicial. La totalidad de los divorcios registrados en 2020 fueron de parejas hombre-mujer.

En los dos años de la pandemia de Covid-19, los divorcios aumentaron 36.1% en el Estado de México.

De acuerdo con estadísticas del Tribunal Superior de Justicia de la entidad, entre 2020 y 2021, los juicios de divorcio aumentaron de 33 mil 767 a 45 mil 959. Cabe mencionar que estos datos no incluyen los juicios en línea.

Deterioro de las relaciones de pareja

Las relaciones de pareja se deterioraron en el confinamiento de Covid-19 por la falta de espacios individuales, el pasar demasiado tiempo juntos y aspectos sexuales, según un estudio realizado por la Clínica Multidisciplinaria de Salud de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM).

El estudio realizado con base en las consultas de psicología de la citada clínica por el psicólogo Diego Noel Pineda Juárez, reveló que las parejas que vieron interrumpida su relación de pareja a causa de la emergencia sanitaria, “expresaron mayor estrés, ya que las personas también valoran su tiempo en el trabajo, en actividades recreativas personales, o simplemente un tiempo a solas, pero el encierro complicó tener esos momentos”.

Uno de los principales conflictos de pareja se derivó en la ausencia de interés en actividades afines, es decir, mientras que uno quería ver películas, por ejemplo, el otro quería leer.

Lo anterior se resume en la ausencia de espacio individual, pues al tener convivencia las 24 horas los siete días de la semana, las parejas se vieron obligadas a compartir el mismo espacio con su pareja de manera constante y a toda hora.

Otra razón de conflicto detectado en las parejas durante el confinamiento de Covid-19 fue la “sobreconvivencia”, pues al pasar “demasiado” tiempo juntos, sus integrantes fueron susceptibles a estrés, ansiedad y en algunos casos hasta rechazo y, ante la falta de espacios propios para despejarse y controlar sus emociones, el divorcio o separación fue inminente.

“Este escenario es parecido al regreso de las vacaciones, periodo en el que hay un incremento en las terapias de pareja y los divorcios. Las personas suelen enfrentar la cotidianidad por un tiempo corto, pero los comportamientos molestos son más notorios entre más conviven”, detalla el estudio de la UAEM.

En el caso de las parejas que debido a la emergencia sanitaria tuvieron que permanecer alejadas, el conflicto fue la ausencia de relaciones íntimas, sin embargo, también se registró disminución en la intimidad de las parejas que vivían bajo el mismo techo.

Con base en el estudio “Deterioro de las relaciones de pareja debido al confinamiento”, actividades como la masturbación y la visita a sitios web para adultos de contenido sexual también presentaron una disminución, no así el “sexting”, es decir, el envío de contenido erótico a través de dispositivos digitales.

Aunado a que, ante la falta de convivencia social presencial, el uso de aplicaciones digitales de citas registró un incremento durante el encierro por la emergencia sanitaria.

Historia

Jorge Alberto y Eréndira estuvieron al borde de la separación durante el confinamiento de la pandemia de Covid-19.

"Llevamos seis años de pareja y ya tenemos una hija, a pesar de que estamos seguros de lo que sentimos por el otro, la convivencia se tornó difícil por estar como 'muéganos' todo el tiempo del confinamiento".

De acuerdo con Eréndira, la parte más difícil fue compartir casa con sus suegros debido a la disminución de ingresos económicos que le permitiera a la pareja rentar su propia vivienda.

“Él se quedó sin empleo y mis ingresos fueron los únicos con los que nos quedamos y por esa razón nos tuvimos que ir a vivir a casa de mis suegros. Yo desde el principio no estuve de acuerdo, pero no tuvimos otra opción, al principio todo bien, pero como dice el dicho, el muerto y el arrimado a los tres días apestan”, menciona la madre de familia.

Mencionó que en la misma vivienda vivían cinco adultos y su hija de apenas dos años, situación que se fue tensando poco a poco debido a los gastos corrientes, preparación de alimentos, etcétera.

“Ellos son personas que se van a dormir temprano, no les gusta el ruido, nosotros somos muy ruidosos, nos gusta levantarnos tarde y con la niña había más desorden debido a los juguetes y así. Yo ayudaba a limpiar la casa y a preparar los alimentos, pero de alguna forma u otra parecía que todo le molestaba a mi suegra y hasta se encerraba, llegamos al punto de que ya ni nos llegamos a hablar por varios días justamente para evitar discusiones”, agregó Eréndira.

Por su parte, Jorge Alberto considera que la tensión en la relación de pareja incrementó ante la falta de actividad sexual, mal manejo de las emociones, sobreconvivencia y falta de empatía mutua, pues mientras él quería ver televisión, ella quería dormir.

“Fue un periodo bastante complicado, porque como la convivencia de pareja no era más de que dos o tres horas máximo por día, todo estaba súper bien, pero cuando realmente tuvimos que convivir el uno con el otro todos los días y a todas horas, a veces no sabíamos lidiar con nosotros mismos y terminábamos peleando. Eso nos orilló a un punto en el que consideramos seriamente la separación”, aseguró el padre de familia.

La sobreconvivencia, el estrés del trabajo en casa, el que las parejas hayan pasado demasiado tiempo juntos y, en algunos casos, la falta de liquidez económica y hasta aspectos sexuales, afectaron la estabilidad de las relaciones durante el confinamiento por la pandemia de Covid-19.

Lo cual acrecentó los enfrentamientos y, en peor de los casos, la separación o violencia doméstica. Situaciones que determinó un estudio de la Clínica Multidisciplinaria de Salud de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM).

De acuerdo con estadísticas del Tribunal Superior de Justicia de la entidad, entre 2020 y 2021, los juicios de divorcio aumentaron de 33 mil 767 a 45 mil 959. Cabe mencionar que estos datos no incluyen los juicios en línea.

FOTO | PIXABAY

Para el psicólogo clínico y director general de Enlace Emocional, la falta de control de las emociones ocasionó que incrementaran los enfrentamientos de pareja.

Sin embargo, la pandemia de Covid-19 también vino a evidenciar (todavía más) la violencia doméstica que se sigue ejerciendo en las familias mexicanas.

“Con la pandemia, el fenómeno de la violencia se dio a conocer más, precisamente porque se desencadenaron muchas situaciones de violencia, lamentablemente por la falta de empleo e ingresos económicos, por discusiones y falta de incompatibilidad en la convivencia 24/7”, expresó el especialista en salud mental.

Al referir que la emergencia sanitaria generó una “sobreconvivencia” familiar impidió que todos y cada uno de los integrantes tuvieran un espacio para despejar la mente y socializar con otras personas, Escandón Pérez detalló que, ante la falta de atención psicológica, la ruptura familiar fue inminente.

“Al no haber una autorregulación de las emociones, se propició que los índices de violencia crecieran, que hubiera incompatibilidad y finalmente las rupturas de las parejas”, señaló el entrevistado.

Matrimonios y divorcios

Con base en las estadísticas de nupcialidad de 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el Estado de México estuvo por debajo de la media nacional en tasa de matrimonios por entidad federativa de registro por cada mil habitantes de 18 años o más, con un 3.4% (3.8% media nacional).

En 2020, el Estado de México registró 40 mil 940 matrimonios, mientras que en 2019 fueron 63 mil 323, es decir, 35.35% más.

De los más de 40 mil matrimonios registrados en la entidad, 40 mil 939 fueron hombre-mujer y uno hombre-hombre.

Hace dos años, la entidad registró 8 mil 920 divorcios, de los cuales, 952 fueron administrativos y 8 mil 068 por la vía judicial. La totalidad de los divorcios registrados en 2020 fueron de parejas hombre-mujer.

En los dos años de la pandemia de Covid-19, los divorcios aumentaron 36.1% en el Estado de México.

De acuerdo con estadísticas del Tribunal Superior de Justicia de la entidad, entre 2020 y 2021, los juicios de divorcio aumentaron de 33 mil 767 a 45 mil 959. Cabe mencionar que estos datos no incluyen los juicios en línea.

Deterioro de las relaciones de pareja

Las relaciones de pareja se deterioraron en el confinamiento de Covid-19 por la falta de espacios individuales, el pasar demasiado tiempo juntos y aspectos sexuales, según un estudio realizado por la Clínica Multidisciplinaria de Salud de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM).

El estudio realizado con base en las consultas de psicología de la citada clínica por el psicólogo Diego Noel Pineda Juárez, reveló que las parejas que vieron interrumpida su relación de pareja a causa de la emergencia sanitaria, “expresaron mayor estrés, ya que las personas también valoran su tiempo en el trabajo, en actividades recreativas personales, o simplemente un tiempo a solas, pero el encierro complicó tener esos momentos”.

Uno de los principales conflictos de pareja se derivó en la ausencia de interés en actividades afines, es decir, mientras que uno quería ver películas, por ejemplo, el otro quería leer.

Lo anterior se resume en la ausencia de espacio individual, pues al tener convivencia las 24 horas los siete días de la semana, las parejas se vieron obligadas a compartir el mismo espacio con su pareja de manera constante y a toda hora.

Otra razón de conflicto detectado en las parejas durante el confinamiento de Covid-19 fue la “sobreconvivencia”, pues al pasar “demasiado” tiempo juntos, sus integrantes fueron susceptibles a estrés, ansiedad y en algunos casos hasta rechazo y, ante la falta de espacios propios para despejarse y controlar sus emociones, el divorcio o separación fue inminente.

“Este escenario es parecido al regreso de las vacaciones, periodo en el que hay un incremento en las terapias de pareja y los divorcios. Las personas suelen enfrentar la cotidianidad por un tiempo corto, pero los comportamientos molestos son más notorios entre más conviven”, detalla el estudio de la UAEM.

En el caso de las parejas que debido a la emergencia sanitaria tuvieron que permanecer alejadas, el conflicto fue la ausencia de relaciones íntimas, sin embargo, también se registró disminución en la intimidad de las parejas que vivían bajo el mismo techo.

Con base en el estudio “Deterioro de las relaciones de pareja debido al confinamiento”, actividades como la masturbación y la visita a sitios web para adultos de contenido sexual también presentaron una disminución, no así el “sexting”, es decir, el envío de contenido erótico a través de dispositivos digitales.

Aunado a que, ante la falta de convivencia social presencial, el uso de aplicaciones digitales de citas registró un incremento durante el encierro por la emergencia sanitaria.

Historia

Jorge Alberto y Eréndira estuvieron al borde de la separación durante el confinamiento de la pandemia de Covid-19.

"Llevamos seis años de pareja y ya tenemos una hija, a pesar de que estamos seguros de lo que sentimos por el otro, la convivencia se tornó difícil por estar como 'muéganos' todo el tiempo del confinamiento".

De acuerdo con Eréndira, la parte más difícil fue compartir casa con sus suegros debido a la disminución de ingresos económicos que le permitiera a la pareja rentar su propia vivienda.

“Él se quedó sin empleo y mis ingresos fueron los únicos con los que nos quedamos y por esa razón nos tuvimos que ir a vivir a casa de mis suegros. Yo desde el principio no estuve de acuerdo, pero no tuvimos otra opción, al principio todo bien, pero como dice el dicho, el muerto y el arrimado a los tres días apestan”, menciona la madre de familia.

Mencionó que en la misma vivienda vivían cinco adultos y su hija de apenas dos años, situación que se fue tensando poco a poco debido a los gastos corrientes, preparación de alimentos, etcétera.

“Ellos son personas que se van a dormir temprano, no les gusta el ruido, nosotros somos muy ruidosos, nos gusta levantarnos tarde y con la niña había más desorden debido a los juguetes y así. Yo ayudaba a limpiar la casa y a preparar los alimentos, pero de alguna forma u otra parecía que todo le molestaba a mi suegra y hasta se encerraba, llegamos al punto de que ya ni nos llegamos a hablar por varios días justamente para evitar discusiones”, agregó Eréndira.

Por su parte, Jorge Alberto considera que la tensión en la relación de pareja incrementó ante la falta de actividad sexual, mal manejo de las emociones, sobreconvivencia y falta de empatía mutua, pues mientras él quería ver televisión, ella quería dormir.

“Fue un periodo bastante complicado, porque como la convivencia de pareja no era más de que dos o tres horas máximo por día, todo estaba súper bien, pero cuando realmente tuvimos que convivir el uno con el otro todos los días y a todas horas, a veces no sabíamos lidiar con nosotros mismos y terminábamos peleando. Eso nos orilló a un punto en el que consideramos seriamente la separación”, aseguró el padre de familia.

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