/ jueves 20 de octubre de 2022

Comentarios y algo más | Toro de cinco, torero de veinticinco

En el argot taurino es muy común esa expresión. Es la edad del toro, toro. Del que excepcionalmente se lidia actualmente en algunas las plazas de primera. Hay ganaderos que los tienen y los venden. Empadres con sangre de toro español, existen. Son toros que, por su tamaño se dice, tienen “caja”.

Es uno que, al decir de los taurófilos, por los años, bravura, trapío, presencia, kilos, y pitones, “sabe el catecismo”. Va a la defensiva. Pronto desarrolla sentido. Solo una muleta poderosa, lo hará embestir bajando la cabeza. El toro de Piedras Negras, es de esos. Propio para corridas duras.

La del matador, por su veinteañera juventud, se piensa apropiada para hacerle faena. Con dos, o tres años de alternativa, se juega la vida. Tiene hambre de triunfo.

Hay en la historia taurófila, jóvenes matadores, que por inexperiencia pegan petardos o, que se entregan a la lidia, con valor y, con poder, lo meten a la muleta. Escuchan olé de quienes aplauden. Si matan como mandan los cánones, cortan apéndice si son dos, abren la puerta grande.

Toreros consagrados, con técnica y sin remilgos los torean. Para muchos aficionados, cronistas, empresarios, por su manera de lidiarlos, los llaman “toreros corrientes”. Pero, no los rechazan, como los matadores, que prefieren el torito de dulce. El que sigue, y sigue, dócilmente la muleta.

Bueno, pensé en ese aforismo cuando supe que el tlaxcalteca Uriel Moreno “El Zapata”, se encerraría el pasado 15 del presente, con 6 toros 6, de la ganadería Piedras Negras, en la Plaza Monumental Rafael Rodríguez, El Pana, de Apizaco, Tlaxcala, para conmemorar veinticinco años de alternativa.

Es un torero, carismático, valiente; extraordinario banderillero. Una semana antes, con el ganadero Marco Antonio González Villa, en una tertulia llamada “Rumbo a la Hazaña Monumental”, anunciaron el festejo, con el que también conmemoraba 150 años, la ganadería “piedranegrina”.

Después de más de dos años de ayuno taurino, este villamelón, acompañado de don Nicandro Pontón Pérez, amigo y aficionado, fuimos a esa ciudad, ilusionados de ver al toro de cinco y, al torero de veinticinco, de doctorado.

“Corrida de expectación, corrida de decepción”, es otra sentencia en el habla taurino. Así fue la conmemorativa. El Zapata, no lidió toro cinqueño, en fecha tan importante para él.


De la puerta de toriles, salieron seis novillos de pelaje distinto. Atendiendo a su linaje mostraron genio mediano. No fue necesario castigarlos con doblones, para moldearles la embestida.

Se vio fuera de sitio. A grado tal, que en un segundo tercio dejó en el morrillo una banderilla, quedando prendidas solo cinco. Hizo forzadamente el violín, pero “El Monumental”, que tanto prestigio le ha dado, ni siquiera lo intentó.

Indecorosa fue la corrida. Deshonesta la actuación de Uriel, e insolente la conducta del juez, al otorgarle cuatro orejas. Y qué decir, de la grosera salida en hombros del Zapata y el ganadero González Villa, de la plaza. Callo.

Lo único valioso del festejo fue un pañuelo, con la cabeza de un burel, el hierro y los colores de la dehesa. 150 años de bravura. Dentro de un círculo una letra Z. 25 años de Valentía. En la parte superior esta leyenda, “Hazaña Monumental”. Diría que la anunciada epopeya, fue insignificante.

A tres días de esa desangelada corrida, El Zapata está en el hule. En plaza de toros, de Tarago, Perú, ayer recibió el cate en la cara.


En el argot taurino es muy común esa expresión. Es la edad del toro, toro. Del que excepcionalmente se lidia actualmente en algunas las plazas de primera. Hay ganaderos que los tienen y los venden. Empadres con sangre de toro español, existen. Son toros que, por su tamaño se dice, tienen “caja”.

Es uno que, al decir de los taurófilos, por los años, bravura, trapío, presencia, kilos, y pitones, “sabe el catecismo”. Va a la defensiva. Pronto desarrolla sentido. Solo una muleta poderosa, lo hará embestir bajando la cabeza. El toro de Piedras Negras, es de esos. Propio para corridas duras.

La del matador, por su veinteañera juventud, se piensa apropiada para hacerle faena. Con dos, o tres años de alternativa, se juega la vida. Tiene hambre de triunfo.

Hay en la historia taurófila, jóvenes matadores, que por inexperiencia pegan petardos o, que se entregan a la lidia, con valor y, con poder, lo meten a la muleta. Escuchan olé de quienes aplauden. Si matan como mandan los cánones, cortan apéndice si son dos, abren la puerta grande.

Toreros consagrados, con técnica y sin remilgos los torean. Para muchos aficionados, cronistas, empresarios, por su manera de lidiarlos, los llaman “toreros corrientes”. Pero, no los rechazan, como los matadores, que prefieren el torito de dulce. El que sigue, y sigue, dócilmente la muleta.

Bueno, pensé en ese aforismo cuando supe que el tlaxcalteca Uriel Moreno “El Zapata”, se encerraría el pasado 15 del presente, con 6 toros 6, de la ganadería Piedras Negras, en la Plaza Monumental Rafael Rodríguez, El Pana, de Apizaco, Tlaxcala, para conmemorar veinticinco años de alternativa.

Es un torero, carismático, valiente; extraordinario banderillero. Una semana antes, con el ganadero Marco Antonio González Villa, en una tertulia llamada “Rumbo a la Hazaña Monumental”, anunciaron el festejo, con el que también conmemoraba 150 años, la ganadería “piedranegrina”.

Después de más de dos años de ayuno taurino, este villamelón, acompañado de don Nicandro Pontón Pérez, amigo y aficionado, fuimos a esa ciudad, ilusionados de ver al toro de cinco y, al torero de veinticinco, de doctorado.

“Corrida de expectación, corrida de decepción”, es otra sentencia en el habla taurino. Así fue la conmemorativa. El Zapata, no lidió toro cinqueño, en fecha tan importante para él.


De la puerta de toriles, salieron seis novillos de pelaje distinto. Atendiendo a su linaje mostraron genio mediano. No fue necesario castigarlos con doblones, para moldearles la embestida.

Se vio fuera de sitio. A grado tal, que en un segundo tercio dejó en el morrillo una banderilla, quedando prendidas solo cinco. Hizo forzadamente el violín, pero “El Monumental”, que tanto prestigio le ha dado, ni siquiera lo intentó.

Indecorosa fue la corrida. Deshonesta la actuación de Uriel, e insolente la conducta del juez, al otorgarle cuatro orejas. Y qué decir, de la grosera salida en hombros del Zapata y el ganadero González Villa, de la plaza. Callo.

Lo único valioso del festejo fue un pañuelo, con la cabeza de un burel, el hierro y los colores de la dehesa. 150 años de bravura. Dentro de un círculo una letra Z. 25 años de Valentía. En la parte superior esta leyenda, “Hazaña Monumental”. Diría que la anunciada epopeya, fue insignificante.

A tres días de esa desangelada corrida, El Zapata está en el hule. En plaza de toros, de Tarago, Perú, ayer recibió el cate en la cara.


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