/ viernes 5 de enero de 2018

Imagogenia

El mundo vive una de sus peores crisis de líderes. Este 2017 muchos mandatarios recibieron las peores calificaciones en su popularidad. En México, el tema no es de alarmarse –lamentablemente- lo interesante es como estas crisis de imagen se replican a nivel mundial y en países como: Reino Unido, Rusia y Canadá.

Jürgen Klaric, un reconocido experto en neuroventas, escribió recientemente que enfocará sus esfuerzos en propiciar el desarrollo de líderes sociales que tanta falta hacen en nuestra tierra y está en lo cierto, tenemos una carencia de líderes genuinos, con estrategia y enfoque público no personal; aunque también tenemos una crisis de sociedades interesadas en el bien común, vaya es una loable labor pero ¿realmente podrá?

Así tal como lo representan las encuestas de cada nación, los líderes actuales distan mucho de cumplir con las expectativas de una sociedad que hoy por hoy cuenta con un sistema de comunicación mucho más abierto: las redes sociales, a través de las cuales se exponen y replican sus desaciertos, porque seamos honestos difícilmente replicamos las buenas acciones.

Así entre los múltiples desaciertos de los políticos en el poder y la mofa digital, la reputación del político parece no tener espacio para el cambio perceptual y ya no se diga el repunte; y es que el panorama para nuestro presidente, Enrique Peña, es cada día más sombrío, pues como lo dije en la columna pasada, sus errores de contexto, pronunciación, gramática y dicción, sin contar los de gestión pública y estratégica, parecen no darle tregua y lo mantendrán en la lona durante el resto de su sexenio.

Sin embargo, aún existe alguien cuya popularidad tuvo una caída mucho más dramática que la de Peña, quien solo sumó dos puntos en su desaprobación respecto del 2016 –en efecto existen mandatarios cuya popularidad decayó aún más que la de él-. El presidente de Brasil Michel Temer sumó 28 puntos a su nivel de desaprobación pasando de 46% en 2016 a 74% en 2017 –aunque en septiembre de este año llegó a su máximo con un 77% de desaprobación- recordemos que Temer sustituyó a Dilma Russef, quien fue destituida en 2016; o la primer ministra del Reino Unido, Theresa May, quien pasó del 35% al 59% de insatisfacción con su desempeño en un año, a lo que además se suma la percepción negativa más baja en un 58% desde el 2011 en referencia a proyección de la economía británica para 2018 derivado de la pobre labor de liderazgo de la ministra.

De quien era de esperarse una baja fuerte en su popularidad es del estadounidense Donald Trump, quien -según el Pew Research Center- cuenta solo con el 32% de la aprobación del público en cuanto a cómo ha realizado su trabajo, mientras que el 63% no lo aprueba; vamos, con los escándalos de la intervención de Rusia en las elecciones, sus discursos y mensajes agresivos y fuera de lugar, o el más reciente tuit en el que literalmente agrede al líder norcoreano, Kim Jong, diciendo que él también tiene un botón nuclear, pero que es mucho más grande y poderoso, no es de extrañarse la desaprobación que se refleja en las encuestas.

 

Sin embargo, quienes dieron la sorpresa fueron el presidente ruso, Vladimir Putin y el primer ministro canadiense Justin Tradeau. El primero casi alcanzó el 20% de desaprobación, un aumento de 7% a diferencia del 2016 que fue del 13.86%, y aunque no es un aumento significativo o que le represente perder la presidencia -ya que la misma encuesta de VTSIOM señala que el 57% de los rusos quieren ver a Putin reelecto como presidente en 2018- es un fuerte golpe a su ego. Por su parte Tradeau tuvo su posición de desaprobación más baja desde que es primer ministro con un 49% para este 2017, lo que significa que su rating de aprobación ha bajado al menos 10 puntos porcentuales en todas las regiones y grupos desde que se hizo presidente, algo debe estar haciendo mal el primer ministro como para que su “pulcra” imagen se esté viendo tan afectada.

Y aunque no sea el consuelo que buscamos, al final del día podemos ver que en otros países los mandatarios también padecen la desaprobación social, el tema es: qué es lo que hace o hará el líder para remediar esa crisis de imagen y satisfacer las expectativas de la mayoría, ahí es donde radica la diferencia: en la estrategia.(M)

 

Twitter: @Mar_Naa

El mundo vive una de sus peores crisis de líderes. Este 2017 muchos mandatarios recibieron las peores calificaciones en su popularidad. En México, el tema no es de alarmarse –lamentablemente- lo interesante es como estas crisis de imagen se replican a nivel mundial y en países como: Reino Unido, Rusia y Canadá.

Jürgen Klaric, un reconocido experto en neuroventas, escribió recientemente que enfocará sus esfuerzos en propiciar el desarrollo de líderes sociales que tanta falta hacen en nuestra tierra y está en lo cierto, tenemos una carencia de líderes genuinos, con estrategia y enfoque público no personal; aunque también tenemos una crisis de sociedades interesadas en el bien común, vaya es una loable labor pero ¿realmente podrá?

Así tal como lo representan las encuestas de cada nación, los líderes actuales distan mucho de cumplir con las expectativas de una sociedad que hoy por hoy cuenta con un sistema de comunicación mucho más abierto: las redes sociales, a través de las cuales se exponen y replican sus desaciertos, porque seamos honestos difícilmente replicamos las buenas acciones.

Así entre los múltiples desaciertos de los políticos en el poder y la mofa digital, la reputación del político parece no tener espacio para el cambio perceptual y ya no se diga el repunte; y es que el panorama para nuestro presidente, Enrique Peña, es cada día más sombrío, pues como lo dije en la columna pasada, sus errores de contexto, pronunciación, gramática y dicción, sin contar los de gestión pública y estratégica, parecen no darle tregua y lo mantendrán en la lona durante el resto de su sexenio.

Sin embargo, aún existe alguien cuya popularidad tuvo una caída mucho más dramática que la de Peña, quien solo sumó dos puntos en su desaprobación respecto del 2016 –en efecto existen mandatarios cuya popularidad decayó aún más que la de él-. El presidente de Brasil Michel Temer sumó 28 puntos a su nivel de desaprobación pasando de 46% en 2016 a 74% en 2017 –aunque en septiembre de este año llegó a su máximo con un 77% de desaprobación- recordemos que Temer sustituyó a Dilma Russef, quien fue destituida en 2016; o la primer ministra del Reino Unido, Theresa May, quien pasó del 35% al 59% de insatisfacción con su desempeño en un año, a lo que además se suma la percepción negativa más baja en un 58% desde el 2011 en referencia a proyección de la economía británica para 2018 derivado de la pobre labor de liderazgo de la ministra.

De quien era de esperarse una baja fuerte en su popularidad es del estadounidense Donald Trump, quien -según el Pew Research Center- cuenta solo con el 32% de la aprobación del público en cuanto a cómo ha realizado su trabajo, mientras que el 63% no lo aprueba; vamos, con los escándalos de la intervención de Rusia en las elecciones, sus discursos y mensajes agresivos y fuera de lugar, o el más reciente tuit en el que literalmente agrede al líder norcoreano, Kim Jong, diciendo que él también tiene un botón nuclear, pero que es mucho más grande y poderoso, no es de extrañarse la desaprobación que se refleja en las encuestas.

 

Sin embargo, quienes dieron la sorpresa fueron el presidente ruso, Vladimir Putin y el primer ministro canadiense Justin Tradeau. El primero casi alcanzó el 20% de desaprobación, un aumento de 7% a diferencia del 2016 que fue del 13.86%, y aunque no es un aumento significativo o que le represente perder la presidencia -ya que la misma encuesta de VTSIOM señala que el 57% de los rusos quieren ver a Putin reelecto como presidente en 2018- es un fuerte golpe a su ego. Por su parte Tradeau tuvo su posición de desaprobación más baja desde que es primer ministro con un 49% para este 2017, lo que significa que su rating de aprobación ha bajado al menos 10 puntos porcentuales en todas las regiones y grupos desde que se hizo presidente, algo debe estar haciendo mal el primer ministro como para que su “pulcra” imagen se esté viendo tan afectada.

Y aunque no sea el consuelo que buscamos, al final del día podemos ver que en otros países los mandatarios también padecen la desaprobación social, el tema es: qué es lo que hace o hará el líder para remediar esa crisis de imagen y satisfacer las expectativas de la mayoría, ahí es donde radica la diferencia: en la estrategia.(M)

 

Twitter: @Mar_Naa

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