/ lunes 18 de abril de 2022

Otra Mirada | ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

Esta fue la frase que acuño Rosario Ibarra de Piedra una mujer que se convirtió en activista y luchadora social a quien se le ha considerado como pionera en la defensa de los derechos humanos en nuestro país.

Rosario Ibarra comenzó su lucha con la desaparición de su hijo Jesús Piedra Ibarra a quien se le acuso de pertenecer a un grupo armado comunista denominado La Liga Comunista. Jesús fue detenido y desaparecido en 1974.

A partir de entonces su madre comenzó su búsqueda incansable, acudió a todas las autoridades gubernamentales sin tener respuesta sobre el paradero de su hijo. Todo esto aconteció en lo que se ha denominado la Guerra Sucia en México que va de los años 1960´s a los 1980´s.


En esos años los presidentes que gobernaron nuestro país fueron Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría y José López Portillo todos ellos emanados del partido hegemónico en el poder el PRI. Fueron años difíciles sobre todo para todos aquellos grupos de personas que pensaban diferente al partido que controlaba el país, social, económica y políticamente.


Las desapariciones forzadas son un tema que duele a miles de familias mexicanas desde esa época cuando se generó una fuerte violencia represiva del Estado contra activistas y disidentes políticos, la desaparición, la tortura y la muerte fueron las constantes en la estrategia que esos gobiernos crearon para eliminar a sus opositores.


Rosario Ibarra fue ejemplo de una madre que no solo lucho por esclarecer la desaparición de su hijo con ella se sumaron un gran numero de madres y familias que pasaban por el mismo dolor, así formo Eureka un comité Pro defensa de presos, perseguidos, desaparecidos y exiliados políticos.


Se convirtió en una mujer que reclamo a los gobiernos su gran déficit de la justicia para las grandes violaciones de derechos humanos que se dieron en la época del PRI y posteriores nunca se rindió, cuestiono y exigió a través de huelgas de hambre amnistía para presos políticos de los años setenta.


El tema de las desapariciones forzadas es un pendiente que se tiene al que se han sumado también como víctimas las mujeres y niñas, la misma Rosario se sumo a la lucha de las mujeres indígenas de Chiapas y también pugno por el esclarecimiento de las muertas de Ciudad Juárez.


Ella partió sin que se esclareciera el caso de su hijo, hoy niñas y mujeres desaparecen ya no solo por temas políticos, los feminicidios son un claro ejemplo de ello en donde quienes cometen estos delitos de acuerdo con estudios de Segato y Solís de Alba lo hacen para demostrar control territorial, dominio, virilidad violenta en estados de impunidad y ausencia de poder soberano que pueda controlarlos, el Estado de México ocupa el primer lugar en estos casos, sin duda hay que trabajar en ello.


Esta fue la frase que acuño Rosario Ibarra de Piedra una mujer que se convirtió en activista y luchadora social a quien se le ha considerado como pionera en la defensa de los derechos humanos en nuestro país.

Rosario Ibarra comenzó su lucha con la desaparición de su hijo Jesús Piedra Ibarra a quien se le acuso de pertenecer a un grupo armado comunista denominado La Liga Comunista. Jesús fue detenido y desaparecido en 1974.

A partir de entonces su madre comenzó su búsqueda incansable, acudió a todas las autoridades gubernamentales sin tener respuesta sobre el paradero de su hijo. Todo esto aconteció en lo que se ha denominado la Guerra Sucia en México que va de los años 1960´s a los 1980´s.


En esos años los presidentes que gobernaron nuestro país fueron Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría y José López Portillo todos ellos emanados del partido hegemónico en el poder el PRI. Fueron años difíciles sobre todo para todos aquellos grupos de personas que pensaban diferente al partido que controlaba el país, social, económica y políticamente.


Las desapariciones forzadas son un tema que duele a miles de familias mexicanas desde esa época cuando se generó una fuerte violencia represiva del Estado contra activistas y disidentes políticos, la desaparición, la tortura y la muerte fueron las constantes en la estrategia que esos gobiernos crearon para eliminar a sus opositores.


Rosario Ibarra fue ejemplo de una madre que no solo lucho por esclarecer la desaparición de su hijo con ella se sumaron un gran numero de madres y familias que pasaban por el mismo dolor, así formo Eureka un comité Pro defensa de presos, perseguidos, desaparecidos y exiliados políticos.


Se convirtió en una mujer que reclamo a los gobiernos su gran déficit de la justicia para las grandes violaciones de derechos humanos que se dieron en la época del PRI y posteriores nunca se rindió, cuestiono y exigió a través de huelgas de hambre amnistía para presos políticos de los años setenta.


El tema de las desapariciones forzadas es un pendiente que se tiene al que se han sumado también como víctimas las mujeres y niñas, la misma Rosario se sumo a la lucha de las mujeres indígenas de Chiapas y también pugno por el esclarecimiento de las muertas de Ciudad Juárez.


Ella partió sin que se esclareciera el caso de su hijo, hoy niñas y mujeres desaparecen ya no solo por temas políticos, los feminicidios son un claro ejemplo de ello en donde quienes cometen estos delitos de acuerdo con estudios de Segato y Solís de Alba lo hacen para demostrar control territorial, dominio, virilidad violenta en estados de impunidad y ausencia de poder soberano que pueda controlarlos, el Estado de México ocupa el primer lugar en estos casos, sin duda hay que trabajar en ello.


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