/ miércoles 11 de julio de 2018

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En México es abrumadoramente más alto el número de mujeres de entre 18 y 24 años que ni estudian ni trabajan, que el de hombres que están en la misma edad y circunstancia. El más reciente informe habla de una proporción de 36.7 mujeres por 9.5 varones, pero el panorama se ensombrece cuando ambos porcentajes se suman y aparece una cifra que nadie quisiera ver, 47.2, es decir casi la mitad de ese grupo de edad que teóricamente debería ser uno de los más productivos y dinámicos si dispusiera de la capacitación requerida.

Desde que empezó a manejarse con seriedad la estadística de los “ninis”, no como algo pintoresco, sino más bien como algo desastroso, surgieron en el país programas que pretendían ir al encuentro de la realidad, entre ellos uno que, de momento, ofrece ya resultados iniciales: el llamado Modelo Mexicano de Educación Dual, que comenzó entre 2013 y 2015, con un firme apoyo y asesoría del gobierno de Alemania y que ya cuenta con egresados en escuelas de nivel técnico y algunas de nivel superior.

La educación dual aparece como una de las mejores opciones que están considerando los empresarios del país con el equipo de transición del nuevo gobierno para abatir en poco tiempo el problema de los “ninis” ofreciéndoles capacitación para el trabajo dentro del trabajo mismo, pues el modelo opera con adolescentes que asisten cuatro días a la fábrica y uno a la escuela para aprender de manera práctica y con discreto apoyo teórico –en lugar de muchas horas de teoría y pocas de práctica, como venía sucediendo− una actividad industrial que les permita subsistir y ser productivos mientras se desarrollan y continúan, tal vez, hacia estudios superiores.

El nuevo gobierno, incluso, se muestra dispuesto a pagar los sueldos de los aprendices en la fábrica mientras aprenden y logran subsistir por sus propios medios, con la ventaja de que las fábricas podrán contar en poco tiempo con personal debidamente capacitado para realizar las tareas que en realidad se requieren y no otras, es decir, no se trata de formar desempleados.

El programa ya existe, el nuevo gobierno quiere llevarlo hasta sus últimas consecuencias, la industria alemana –y seguramente la de otros países− está dispuesta a apoyar, los empresarios mexicanos lo ven con interés y simpatía, así que no existe razón para que una buena estrategia que ha funcionado deje de hacerlo, antes bien debe fortalecerse para que, atados los cabos y puestos de acuerdo los involucrados, la educación dual o programa de capacitación para el trabajo o como se le quiera llamar, sea una de las soluciones que se le ofrezcan a ese importante segmento de la población que hasta hoy es rechazado en empleos y escuelas, para que traten de salir de esa indefinida situación de “ninis”.


En México es abrumadoramente más alto el número de mujeres de entre 18 y 24 años que ni estudian ni trabajan, que el de hombres que están en la misma edad y circunstancia. El más reciente informe habla de una proporción de 36.7 mujeres por 9.5 varones, pero el panorama se ensombrece cuando ambos porcentajes se suman y aparece una cifra que nadie quisiera ver, 47.2, es decir casi la mitad de ese grupo de edad que teóricamente debería ser uno de los más productivos y dinámicos si dispusiera de la capacitación requerida.

Desde que empezó a manejarse con seriedad la estadística de los “ninis”, no como algo pintoresco, sino más bien como algo desastroso, surgieron en el país programas que pretendían ir al encuentro de la realidad, entre ellos uno que, de momento, ofrece ya resultados iniciales: el llamado Modelo Mexicano de Educación Dual, que comenzó entre 2013 y 2015, con un firme apoyo y asesoría del gobierno de Alemania y que ya cuenta con egresados en escuelas de nivel técnico y algunas de nivel superior.

La educación dual aparece como una de las mejores opciones que están considerando los empresarios del país con el equipo de transición del nuevo gobierno para abatir en poco tiempo el problema de los “ninis” ofreciéndoles capacitación para el trabajo dentro del trabajo mismo, pues el modelo opera con adolescentes que asisten cuatro días a la fábrica y uno a la escuela para aprender de manera práctica y con discreto apoyo teórico –en lugar de muchas horas de teoría y pocas de práctica, como venía sucediendo− una actividad industrial que les permita subsistir y ser productivos mientras se desarrollan y continúan, tal vez, hacia estudios superiores.

El nuevo gobierno, incluso, se muestra dispuesto a pagar los sueldos de los aprendices en la fábrica mientras aprenden y logran subsistir por sus propios medios, con la ventaja de que las fábricas podrán contar en poco tiempo con personal debidamente capacitado para realizar las tareas que en realidad se requieren y no otras, es decir, no se trata de formar desempleados.

El programa ya existe, el nuevo gobierno quiere llevarlo hasta sus últimas consecuencias, la industria alemana –y seguramente la de otros países− está dispuesta a apoyar, los empresarios mexicanos lo ven con interés y simpatía, así que no existe razón para que una buena estrategia que ha funcionado deje de hacerlo, antes bien debe fortalecerse para que, atados los cabos y puestos de acuerdo los involucrados, la educación dual o programa de capacitación para el trabajo o como se le quiera llamar, sea una de las soluciones que se le ofrezcan a ese importante segmento de la población que hasta hoy es rechazado en empleos y escuelas, para que traten de salir de esa indefinida situación de “ninis”.

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