/ jueves 7 de diciembre de 2017

Pesebres artesanales, una tradición de la zona norte de Toluca

Ernesto y su esposa Matilde desde hace 18 años suben al Xinantécatl a cortar su materia prima

Toluca, México.- La temporada buena para Ernesto Gómez y su esposa Matilde Ávila, comienza a mediados de diciembre. Pero los artesanos se afanan en su labor desde el mes de agosto, cuando suben a la cima del Xinantécatl a realizar el corte del musgo y el zacatón o “palo de monte”, que les sirve para elaborar sus pesebres de los nacimientos.

La labor de la recolección de la materia prima dura de dos a tres días, con caminatas de por lo menos ocho horas por día en la punta del volcán.

“Lo llegamos a recolectar en lo más alto del volcán, donde la gente no lo quema, y son horas de subir, andamos bajando hasta en la noche”, explica Matilde, esposa de Ernesto.

Esa labor de subir al volcán es exclusiva de la pareja, sus hijos lo ayudan en el taller de carpintería. Lo más duro les toca a Matilde y Ernesto.

“Lo primero que hacemos es pedir los permisos, ya sea en San Juan de las Huertas (Zinacantepec), vamos al Capulín o a Raíces”, agrega Ernesto.

La labor que luego se hizo oficio para la familia Gómez, originaria de San Pablo Autopan, en la zona norte de Toluca, es parte importante en el sostén económico de los toluqueños. El oficio fue heredado por los padres de Ernesto, aclara.

Foto Daniel Camacho

 

Sobre la Avenida Miguel Hidalgo, justo en el centro de la delegación de San Cristóbal Huichochitlán, la familia se instala a vender desde el 2 de diciembre. Allí tienen su espacio de venta sobre un pedazo de banqueta, en medio de la informalidad y bajo el temor que lleguen los operativos de Gobernación.

Se dicen contentos con la entrevista, y mientras posan para las fotografías no demoran en presumir todos sus modelos, que aseguran cambian cada año por la demanda de los clientes.

Aún así, ya cumplieron 18 años en su oficio artesanal, asegura Ernesto, quien aprendió de su padre la construcción de pesebres de nacimiento.

“Mis padres y abuelos iban al monte a cortar el musgo y zacatón y se sentaban por meses a hacer las casitas de madera con serrucho y martillo”, recuerda el artesano.

Actualmente la familia Gómez produce 200 pesebres de madera por cada tamaño que trabaja para adornar la Navidad, que van desde los 20 centímetros, hasta los de 90 centímetros de alto, según la demanda de sus clientes.

“Las tiritas de madera se va y se encargan con tiempo en las carpinterías para que nos las aparten”, explica Matilde.

La labor de hacer las casitas es de toda la familia, a Ernesto y Matilde se unen Nohemí, Ernesto y Ezequiel, los tres hijos de la pareja, quienes tienen la tarea de cortar madera y clavar las estructuras.

Cada uno de los procesos que conlleva su artesanía, requiere de tener práctica y paciencia, apunta Matilde, la mujer lleva entre sus dedos los chichones que le dejan los martillazos.

“Para cortar el musgo se debe hincar uno todo el tiempo y se recoge como si fuera una alfombra grande, pero hay que tener cuidado porque te salen ciempiés y víboras”, advierte Ernesto.

Desde principios del mes de noviembre los Gómez se encierran por horas en su pequeño taller, donde con ayuda de serruchos, clavos y una sierra que adquirieron hace poco, construyen los más de mil pesebres en sus diferentes tamaños.

“Traemos por medida, hacemos nacimientos (pesebres) para bebés (Niños Dios) que caben en la mano”, luce Matilde.

La familia de Ernesto y Matilde, son de las que se enlistan en el país, que sobreviven de lo que pocos pueden, entre carencias palpables, pero con el emprendimiento a cuestas.

— ¡Mire, aquí traigo un machucón, pero yo al cerro no fallo cada año! —indica Matilde, con una sonrisa en el rostro y cierta en que su labor es parte de las tradiciones del México de los sincretismos culturales y religiosos.

Toluca, México.- La temporada buena para Ernesto Gómez y su esposa Matilde Ávila, comienza a mediados de diciembre. Pero los artesanos se afanan en su labor desde el mes de agosto, cuando suben a la cima del Xinantécatl a realizar el corte del musgo y el zacatón o “palo de monte”, que les sirve para elaborar sus pesebres de los nacimientos.

La labor de la recolección de la materia prima dura de dos a tres días, con caminatas de por lo menos ocho horas por día en la punta del volcán.

“Lo llegamos a recolectar en lo más alto del volcán, donde la gente no lo quema, y son horas de subir, andamos bajando hasta en la noche”, explica Matilde, esposa de Ernesto.

Esa labor de subir al volcán es exclusiva de la pareja, sus hijos lo ayudan en el taller de carpintería. Lo más duro les toca a Matilde y Ernesto.

“Lo primero que hacemos es pedir los permisos, ya sea en San Juan de las Huertas (Zinacantepec), vamos al Capulín o a Raíces”, agrega Ernesto.

La labor que luego se hizo oficio para la familia Gómez, originaria de San Pablo Autopan, en la zona norte de Toluca, es parte importante en el sostén económico de los toluqueños. El oficio fue heredado por los padres de Ernesto, aclara.

Foto Daniel Camacho

 

Sobre la Avenida Miguel Hidalgo, justo en el centro de la delegación de San Cristóbal Huichochitlán, la familia se instala a vender desde el 2 de diciembre. Allí tienen su espacio de venta sobre un pedazo de banqueta, en medio de la informalidad y bajo el temor que lleguen los operativos de Gobernación.

Se dicen contentos con la entrevista, y mientras posan para las fotografías no demoran en presumir todos sus modelos, que aseguran cambian cada año por la demanda de los clientes.

Aún así, ya cumplieron 18 años en su oficio artesanal, asegura Ernesto, quien aprendió de su padre la construcción de pesebres de nacimiento.

“Mis padres y abuelos iban al monte a cortar el musgo y zacatón y se sentaban por meses a hacer las casitas de madera con serrucho y martillo”, recuerda el artesano.

Actualmente la familia Gómez produce 200 pesebres de madera por cada tamaño que trabaja para adornar la Navidad, que van desde los 20 centímetros, hasta los de 90 centímetros de alto, según la demanda de sus clientes.

“Las tiritas de madera se va y se encargan con tiempo en las carpinterías para que nos las aparten”, explica Matilde.

La labor de hacer las casitas es de toda la familia, a Ernesto y Matilde se unen Nohemí, Ernesto y Ezequiel, los tres hijos de la pareja, quienes tienen la tarea de cortar madera y clavar las estructuras.

Cada uno de los procesos que conlleva su artesanía, requiere de tener práctica y paciencia, apunta Matilde, la mujer lleva entre sus dedos los chichones que le dejan los martillazos.

“Para cortar el musgo se debe hincar uno todo el tiempo y se recoge como si fuera una alfombra grande, pero hay que tener cuidado porque te salen ciempiés y víboras”, advierte Ernesto.

Desde principios del mes de noviembre los Gómez se encierran por horas en su pequeño taller, donde con ayuda de serruchos, clavos y una sierra que adquirieron hace poco, construyen los más de mil pesebres en sus diferentes tamaños.

“Traemos por medida, hacemos nacimientos (pesebres) para bebés (Niños Dios) que caben en la mano”, luce Matilde.

La familia de Ernesto y Matilde, son de las que se enlistan en el país, que sobreviven de lo que pocos pueden, entre carencias palpables, pero con el emprendimiento a cuestas.

— ¡Mire, aquí traigo un machucón, pero yo al cerro no fallo cada año! —indica Matilde, con una sonrisa en el rostro y cierta en que su labor es parte de las tradiciones del México de los sincretismos culturales y religiosos.