/ jueves 7 de diciembre de 2017

Pensamiento Universitario

 

En general, el concepto de sindicato permite identificar una agrupación integrada por trabajadores, con la finalidad de defender y promocionar sus intereses laborales, con respecto a un determinado centro de producción, con el cual están relacionados mediante un contrato colectivo de trabajo. Por lo tanto, el objetivo principal de los liderazgos es buscar el bienestar de los afiliados, y ello implica tener la suficiente capacidad de negociación al tomar en cuenta las condiciones del momento, procurando siempre asegurar condiciones dignas para sus representados.

Por desgracia, cuando un sistema tiende a invertir los valores de estos dirigentes, las características esenciales de independencia y lealtad se van perdiendo, dando lugar a administraciones ineficientes, deshonestas y serviles con empresas y autoridades, hasta convertirse en instrumentos de control político al servicio del patrón. En México, a los individuos así subordinados se les califica con el término despectivo de “charros”, y son una forma de corporativismo que ha permitido la acumulación de grandes beneficios personales, además de mantener y reproducir regímenes autoritarios y corruptos, a cambio de negar la atención a las justas demandas de los agremiados.

En este tema, un ejemplo de quienes no están haciendo bien la tarea, de no mostrar la capacidad para responder a los requerimientos actuales, se encuentra en la cúpula de la llamada Federación de Asociaciones Autónomas del Personal Académico de la UAEM (FAAPAUAEM), al encontrarse en varios aspectos rezagada y con un deterioro acumulado en los últimos años. Así, los contrastes se presentan cada vez con más frecuencia, dando lugar a un buen número de protestas, obviamente vinculadas con la deficiente calidad del servicio otorgado a los sindicados.

Muestra de ello se ha visto en los días recientes, a propósito del incumplimiento por parte de las autoridades de lo establecido en la cláusula 57 del Contrato Colectivo de Trabajo UAEM – FAAPAUAEM, con la plena aceptación del lado opuesto, relativo a la entrega de implementos de labor a las y los docentes. Lo insuficiente de la cantidad de objetos otorgada en esta ocasión, ha derivado en expresiones de rechazo, en las reuniones llevadas a cabo en los distintos espacios universitarios. Con justificada razón, el personal exige el puntual respeto a sus logros, pues la situación financiera que vive la Universidad no va a mejorar con la violación y el desprecio a las conquistas legítimas de este sector, mientras se continúen alentando complicidades e impunidad.

En algunas de estas asambleas el reclamo ha subido el tono, al recordar, entre otras cosas, lo ocurrido en los planteles del nivel medio superior, con motivo de la defectuosa reforma impuesta por la burocracia en 2015. En aquel tiempo, al modificarse horarios y contenidos, resultaron gravemente afectados los derechos adquiridos durante años por muchos académicos, ante el absoluto desinterés de los ineptos representantes de las asociaciones.

Por ello, es indispensable adoptar una conciencia de cambio en las relaciones de la base y el liderazgo, con el fin de erradicar la política clientelista y las formas pasivas y simuladoras, como principales obstáculos para el libre ejercicio de lo alcanzado en periodos anteriores. La correcta articulación con los principios y valores universitarios requiere de un sindicalismo responsable, independiente y efectivo, capaz de honrar en los hechos las elevadas aspiraciones de pluralismo, solidaridad y justicia.

 

En general, el concepto de sindicato permite identificar una agrupación integrada por trabajadores, con la finalidad de defender y promocionar sus intereses laborales, con respecto a un determinado centro de producción, con el cual están relacionados mediante un contrato colectivo de trabajo. Por lo tanto, el objetivo principal de los liderazgos es buscar el bienestar de los afiliados, y ello implica tener la suficiente capacidad de negociación al tomar en cuenta las condiciones del momento, procurando siempre asegurar condiciones dignas para sus representados.

Por desgracia, cuando un sistema tiende a invertir los valores de estos dirigentes, las características esenciales de independencia y lealtad se van perdiendo, dando lugar a administraciones ineficientes, deshonestas y serviles con empresas y autoridades, hasta convertirse en instrumentos de control político al servicio del patrón. En México, a los individuos así subordinados se les califica con el término despectivo de “charros”, y son una forma de corporativismo que ha permitido la acumulación de grandes beneficios personales, además de mantener y reproducir regímenes autoritarios y corruptos, a cambio de negar la atención a las justas demandas de los agremiados.

En este tema, un ejemplo de quienes no están haciendo bien la tarea, de no mostrar la capacidad para responder a los requerimientos actuales, se encuentra en la cúpula de la llamada Federación de Asociaciones Autónomas del Personal Académico de la UAEM (FAAPAUAEM), al encontrarse en varios aspectos rezagada y con un deterioro acumulado en los últimos años. Así, los contrastes se presentan cada vez con más frecuencia, dando lugar a un buen número de protestas, obviamente vinculadas con la deficiente calidad del servicio otorgado a los sindicados.

Muestra de ello se ha visto en los días recientes, a propósito del incumplimiento por parte de las autoridades de lo establecido en la cláusula 57 del Contrato Colectivo de Trabajo UAEM – FAAPAUAEM, con la plena aceptación del lado opuesto, relativo a la entrega de implementos de labor a las y los docentes. Lo insuficiente de la cantidad de objetos otorgada en esta ocasión, ha derivado en expresiones de rechazo, en las reuniones llevadas a cabo en los distintos espacios universitarios. Con justificada razón, el personal exige el puntual respeto a sus logros, pues la situación financiera que vive la Universidad no va a mejorar con la violación y el desprecio a las conquistas legítimas de este sector, mientras se continúen alentando complicidades e impunidad.

En algunas de estas asambleas el reclamo ha subido el tono, al recordar, entre otras cosas, lo ocurrido en los planteles del nivel medio superior, con motivo de la defectuosa reforma impuesta por la burocracia en 2015. En aquel tiempo, al modificarse horarios y contenidos, resultaron gravemente afectados los derechos adquiridos durante años por muchos académicos, ante el absoluto desinterés de los ineptos representantes de las asociaciones.

Por ello, es indispensable adoptar una conciencia de cambio en las relaciones de la base y el liderazgo, con el fin de erradicar la política clientelista y las formas pasivas y simuladoras, como principales obstáculos para el libre ejercicio de lo alcanzado en periodos anteriores. La correcta articulación con los principios y valores universitarios requiere de un sindicalismo responsable, independiente y efectivo, capaz de honrar en los hechos las elevadas aspiraciones de pluralismo, solidaridad y justicia.

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