/ martes 30 de junio de 2020

Reflexiones y Alucinaciones | Los pensionados, los más fregados con el Covid-19 (XIII)

Reza un dicho popular que ‘la cuerda se revienta por lo más delgado’, lo que en otras palabras quiere decir que, ante un dilema o conflicto, quien toma la decisión para resolverlo, siempre optará por aquella que más le convenga o la que menos resistencia le ofrezca, sin importar los efectos que cause.

Con la llegada del COVID-19, que ha cuatro meses nos agobia, el gobierno federal y los gobiernos locales han tomado decisiones afectando a aquellos, con quienes menos conflictos pudieran tener: en el gobierno federal, el presidente López Obrador cortó la cuerda por lo más delgado: dictó drásticas medidas de austeridad, suspendió el pago de aguinaldos y disminuyó los sueldos en un 20% de los mandos medios y superiores de su gobierno, sin considerar la legalidad o ilegalidad de la medida. Los gobiernos locales, sin tocar las prestaciones laborales de sus colaboradores, también hicieron ajustes a su gasto corriente para atender la emergencia de la pandemia.

En el caso del Estado de México, los organismos autónomos y descentralizados hicieron lo propio para estar en consonancia con la línea del gobierno central. El ISSEMyM reventó la cuerda también por la parte más delgada, afectando a sus más de 66 mil pensionados y pensionistas. Pareciera que, como a López Obrador, a la Directora del organismo le vino el COVID-19 como "anillo al dedo", para incumplir con este sector que ha sido su dolor de cabeza, y al que, por su vulnerabilidad, debiera protegerse, perjudicando de esta manera su bienestar y salud, y poniendo en riesgo, incluso, su vida. Refiero como ejemplo, algunas de esas medidas:

Desde hace seis meses, el ISSEMyM no ha pagado el incremento de las pensiones a que tenemos derecho los pensionados, a sabiendas de que es nuestra única fuente de ingreso. ¿Acaso pensará pagarlos hasta que se aplane la curva caprichosa de López Gatell?

Por haber sido declarados “hospitales Covid”, tres hospitales del ISSEMyM de segundo y tercer nivel, no pueden prestar a los pensionados y pensionistas los servicios médicos que éstos, por su avanza edad, necesariamente requieren.

Por la misma razón del COVID-19, las agendas de los hospitales están cerradas, es decir, ni el pensionado ni el pensionista pueden solicitar una consulta o la práctica de algún estudio o análisis que les apremie, hasta en tanto no se normalicen los servicios, que al decir del controvertido sub Secretario López Gatell, puede durar dos o tres años más.

El surtimiento de las recetas se ha vuelto, en tiempos del COVID-19, un verdadero viacrucis para los pensionados y pensionistas que llevan un tratamiento médico, ya que éstas tienen una vigencia, y que al perderla deben renovarla con su médico, lo que se vuelve, en estos tiempos, algo imposible. Ante esta situación perversa, los pensionados y pensionistas, o las compran por su cuenta o las dejan de tomar en menoscabo de su estado de salud.

En fin, los pensionados y pensionistas del ISSEMyM, quienes debieran ser los más protegidos durante la contingencia, como lo reiteran, tanto la OMS como los gobernantes en sus discursos, se han convertido, en la práctica diaria, en la parte más endeble de la cadena social: confinados en sus casas, sin medicamentos, sin asistencia médica y por añadidura, sin el incremento a su pensión por una irracional justificación: la presencia del COVID-19, cuando debiera ser lo contrario.

La situación de los pensionados y pensionistas se agrava aún más en esta época, al carecer éstos de representantes auténticos y legítimos que los representen y los defiendan.

Misael Romero Andrade









En tiempos del COVID-19 que nos agobia, desde hace más de cuatro meses, muchos han sido los afectados, por no decir que todos de alguna manera; pero unos han sido más y otros menos: los miles de trabajadores que perdieron su empleo o los miles de pequeños empresarios que no podrán reabrir su pequeña negociación, son unos de

Reza un dicho popular que ‘la cuerda se revienta por lo más delgado’, lo que en otras palabras quiere decir que, ante un dilema o conflicto, quien toma la decisión para resolverlo, siempre optará por aquella que más le convenga o la que menos resistencia le ofrezca, sin importar los efectos que cause.

Con la llegada del COVID-19, que ha cuatro meses nos agobia, el gobierno federal y los gobiernos locales han tomado decisiones afectando a aquellos, con quienes menos conflictos pudieran tener: en el gobierno federal, el presidente López Obrador cortó la cuerda por lo más delgado: dictó drásticas medidas de austeridad, suspendió el pago de aguinaldos y disminuyó los sueldos en un 20% de los mandos medios y superiores de su gobierno, sin considerar la legalidad o ilegalidad de la medida. Los gobiernos locales, sin tocar las prestaciones laborales de sus colaboradores, también hicieron ajustes a su gasto corriente para atender la emergencia de la pandemia.

En el caso del Estado de México, los organismos autónomos y descentralizados hicieron lo propio para estar en consonancia con la línea del gobierno central. El ISSEMyM reventó la cuerda también por la parte más delgada, afectando a sus más de 66 mil pensionados y pensionistas. Pareciera que, como a López Obrador, a la Directora del organismo le vino el COVID-19 como "anillo al dedo", para incumplir con este sector que ha sido su dolor de cabeza, y al que, por su vulnerabilidad, debiera protegerse, perjudicando de esta manera su bienestar y salud, y poniendo en riesgo, incluso, su vida. Refiero como ejemplo, algunas de esas medidas:

Desde hace seis meses, el ISSEMyM no ha pagado el incremento de las pensiones a que tenemos derecho los pensionados, a sabiendas de que es nuestra única fuente de ingreso. ¿Acaso pensará pagarlos hasta que se aplane la curva caprichosa de López Gatell?

Por haber sido declarados “hospitales Covid”, tres hospitales del ISSEMyM de segundo y tercer nivel, no pueden prestar a los pensionados y pensionistas los servicios médicos que éstos, por su avanza edad, necesariamente requieren.

Por la misma razón del COVID-19, las agendas de los hospitales están cerradas, es decir, ni el pensionado ni el pensionista pueden solicitar una consulta o la práctica de algún estudio o análisis que les apremie, hasta en tanto no se normalicen los servicios, que al decir del controvertido sub Secretario López Gatell, puede durar dos o tres años más.

El surtimiento de las recetas se ha vuelto, en tiempos del COVID-19, un verdadero viacrucis para los pensionados y pensionistas que llevan un tratamiento médico, ya que éstas tienen una vigencia, y que al perderla deben renovarla con su médico, lo que se vuelve, en estos tiempos, algo imposible. Ante esta situación perversa, los pensionados y pensionistas, o las compran por su cuenta o las dejan de tomar en menoscabo de su estado de salud.

En fin, los pensionados y pensionistas del ISSEMyM, quienes debieran ser los más protegidos durante la contingencia, como lo reiteran, tanto la OMS como los gobernantes en sus discursos, se han convertido, en la práctica diaria, en la parte más endeble de la cadena social: confinados en sus casas, sin medicamentos, sin asistencia médica y por añadidura, sin el incremento a su pensión por una irracional justificación: la presencia del COVID-19, cuando debiera ser lo contrario.

La situación de los pensionados y pensionistas se agrava aún más en esta época, al carecer éstos de representantes auténticos y legítimos que los representen y los defiendan.

Misael Romero Andrade









En tiempos del COVID-19 que nos agobia, desde hace más de cuatro meses, muchos han sido los afectados, por no decir que todos de alguna manera; pero unos han sido más y otros menos: los miles de trabajadores que perdieron su empleo o los miles de pequeños empresarios que no podrán reabrir su pequeña negociación, son unos de

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