/ miércoles 27 de mayo de 2020

Repique inocente | Credibilidad

Esta semana termina la Jornada Nacional de Sana Distancia. Una “cuarentena” que se ha prolongado por más de 60 días.

Durante este periodo que comenzó el 23 de marzo, hace ya 10 semanas, el gobierno federal asegura que se ha “domado” la epidemia, mientras los detractores de la cuatro té no paran de decir que hay más casos que los reportados. Y mientras unos defienden sus curvas epidémicas, los otros se empeñan en decir que no las ven aplanadas por ningún lado. Entre tanto, se pierde un tiempo precioso para saber qué haremos los mexicanos de a pie los próximos 12, 18 o hasta 24 meses, mientras el coronavirus causante de la COVID-19 no tenga cura ni vacuna. Porque mientras no haya una vacuna efectiva, accesible y universal, seguiremos en riesgo.

El arriba firmante se pregunta entonces qué lecciones habrán aprendido tirios y troyanos para hacer frente a la segunda oleada que la Organización Mundial de la Salud asegura que se presentará tarde o temprano. Y en estas deliciosas conversaciones que mantengo conmigo mismo también me pregunto si los gobiernos de este país tienen un plan que no venga de los “otros datos” ni de la tozudez de un liderazgo mesiánico o de una posición ideológica per se.

Para nuestra mala fortuna, uno de los componentes de la respuesta social reciente a las medidas de mitigación de la epidemia de COVID-19 proviene de la aceptación o rechazo hacia el gobierno, de quien emanan las medidas sanitarias. Es decir, el hecho de que la gente se apropie, asuma y ejecuta las acciones de protección sanitaria depende del concepto que tiene de las entidades gubernamentales o políticas.

En el caso del estado de México, las mediciones demoscópicas califican negativamente el desempeño gubernamental, salvo contadas excepciones. En consecuencia, la credibilidad —o su ausencia—, de los actores políticos se traduce en la acción de la sociedad ante el problema de salud. No es de extrañarse que mucha gente haya hecho oídos sordos a los llamados a quedarse en casa o a mantener cerrado su negocio o a utilizar el cubrebocas. En este mismo marco, tampoco es sorprendente que las masas hayan expresado su descontento con disturbios en una docena de localidades del valle de Toluca.

En breve sabremos la respuesta al semáforo que delimitará las fases para la “nueva normalidad”, pero si de credibilidad gubernamental se trata, cabe esperar la indisciplina. Como dicen en mi pueblo: “los hijos y los maridos, por sus obras son queridos”. O simplemente, obras son amores y no buenas razones.

No es un asunto menor. Gobiernos como en Ángela Merkel en Alemania o Jacinda Ardern en Nueva Zelanda, con altas tasas de aprobación y menores de confrontación, han logrado más que los escenarios rotos en España o Estados Unidos.

El rechazo o la aceptación de las medidas que están por venir estará vinculado con el entramado de significaciones, conocimientos y criterios de cada realidad social. Pero, sin duda, también con la confianza que se le concede a quienes definen y ejecutan los planes, así como a sus resultados. Aceptar otra semana o más de aislamiento pasa por cuánto crees en quien te lo pide.

Director del noticiario Así Sucede de Grupo Acir Toluca.

Mail: felgonre@gmail.com. Twitter: @Felip

Esta semana termina la Jornada Nacional de Sana Distancia. Una “cuarentena” que se ha prolongado por más de 60 días.

Durante este periodo que comenzó el 23 de marzo, hace ya 10 semanas, el gobierno federal asegura que se ha “domado” la epidemia, mientras los detractores de la cuatro té no paran de decir que hay más casos que los reportados. Y mientras unos defienden sus curvas epidémicas, los otros se empeñan en decir que no las ven aplanadas por ningún lado. Entre tanto, se pierde un tiempo precioso para saber qué haremos los mexicanos de a pie los próximos 12, 18 o hasta 24 meses, mientras el coronavirus causante de la COVID-19 no tenga cura ni vacuna. Porque mientras no haya una vacuna efectiva, accesible y universal, seguiremos en riesgo.

El arriba firmante se pregunta entonces qué lecciones habrán aprendido tirios y troyanos para hacer frente a la segunda oleada que la Organización Mundial de la Salud asegura que se presentará tarde o temprano. Y en estas deliciosas conversaciones que mantengo conmigo mismo también me pregunto si los gobiernos de este país tienen un plan que no venga de los “otros datos” ni de la tozudez de un liderazgo mesiánico o de una posición ideológica per se.

Para nuestra mala fortuna, uno de los componentes de la respuesta social reciente a las medidas de mitigación de la epidemia de COVID-19 proviene de la aceptación o rechazo hacia el gobierno, de quien emanan las medidas sanitarias. Es decir, el hecho de que la gente se apropie, asuma y ejecuta las acciones de protección sanitaria depende del concepto que tiene de las entidades gubernamentales o políticas.

En el caso del estado de México, las mediciones demoscópicas califican negativamente el desempeño gubernamental, salvo contadas excepciones. En consecuencia, la credibilidad —o su ausencia—, de los actores políticos se traduce en la acción de la sociedad ante el problema de salud. No es de extrañarse que mucha gente haya hecho oídos sordos a los llamados a quedarse en casa o a mantener cerrado su negocio o a utilizar el cubrebocas. En este mismo marco, tampoco es sorprendente que las masas hayan expresado su descontento con disturbios en una docena de localidades del valle de Toluca.

En breve sabremos la respuesta al semáforo que delimitará las fases para la “nueva normalidad”, pero si de credibilidad gubernamental se trata, cabe esperar la indisciplina. Como dicen en mi pueblo: “los hijos y los maridos, por sus obras son queridos”. O simplemente, obras son amores y no buenas razones.

No es un asunto menor. Gobiernos como en Ángela Merkel en Alemania o Jacinda Ardern en Nueva Zelanda, con altas tasas de aprobación y menores de confrontación, han logrado más que los escenarios rotos en España o Estados Unidos.

El rechazo o la aceptación de las medidas que están por venir estará vinculado con el entramado de significaciones, conocimientos y criterios de cada realidad social. Pero, sin duda, también con la confianza que se le concede a quienes definen y ejecutan los planes, así como a sus resultados. Aceptar otra semana o más de aislamiento pasa por cuánto crees en quien te lo pide.

Director del noticiario Así Sucede de Grupo Acir Toluca.

Mail: felgonre@gmail.com. Twitter: @Felip

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