/ lunes 23 de septiembre de 2019

Contexto / Las tres economías mexicanas

La realidad mexicana es compleja.

Muchas veces indescifrable tanto para los académicos, los analistas y la comentocracia.

De los políticos ni se diga: no logran ni siquiera comprender su realidad más inmediata. Siempre controlados por números, por encuestas, por estadísticas construyen en su imaginación y en su discurso el país que desean ver. Eso les pasa a todos.

Mientras la realidad va por otros caminos.

Caminos propios cuyo objetivo final es la supervivencia dentro de un sistema que se caracteriza por su infinito número de pobres, por las desigualdades ahora más visibles que nunca, por el desorden en prácticamente todos los aspectos de la vida pública y social.

La sociedad se hace más compleja frente al Estado, frente a los gobiernos pues es la única manera de sobrevivir frente al discurso que ve un país que no existe. Se da en todos los órdenes de gobierno.

En la base de todo está la economía y la manera en que los hombres y mujeres sobreviven.

México tiene una estructura económica muy compleja pero visible. Sus economías, es decir, la manera en que la sociedad obtiene sus satisfactores tienen diferentes formas de organización.

De hecho son tres sistemas los que conviven y se excluyen pero se complementan para darle cierta estabilidad a la situación social: la economía informal, la economía formal y la economía del crimen organizado.

Cada una de ellas corresponde a estructuras sociales y de poder propias que dominan territorios, organizaciones y hasta pueblos y espacios.

La debilidad del Estado mexicano y sus instituciones las han hecho posible, decir lo contrario es desconocer la realidad más próxima.

La economía formal es la economía que controla el Estado en sus distintos ámbitos. Es la economía que recaba impuestos, que se encarga de la creación de obras de infraestructura, de la que se encarga de mantener el aparato burocrático que hace funcionar a las instituciones del Estado. Esta es la economía más estudiada en México, la que se analiza en las escuelas, de las que depende el PIB con el que se hacen las cuentas macroeconómicas.

Las otras han sido poco estudiadas pero cuya existencia es evidente.

La economía informal es aquella que se desarrolla dependiendo de las actividades de la economía formal pero que no se registran pero que subsisten dentro de su mismo ciclo. Tal es el caso de lo que se llama trabajo negro, es decir, todas aquellas actividades que no forman parte de la cuentas nacionales. Cubre actividades muy bastas: la plomería, la carpintería, la electricidad, la construcción, la agricultura, la reparación de automóviles que generan ingresos y consumo que no pagan impuestos salvo aquellos derivados del consumo. Se reduce a la típica frase que encuentra cualquier consumidor: “quiere con factura o sin factura” y con ello se ahorra el pago del IVA. La economía informal muchas veces responde al sentimiento del “para que pago si todo se lo roban los del gobierno”.

Por último y una economía que tiene grandes impactos regionales y que domina territorios, actividades y desarrolla una estructura de poder, de control pero también de beneficios y satisfactores a la población es la economía que se desarrolla en torno al crimen organizado, es decir, el narcotráfico, el robo de gasolinas, el huachicol, el robo de vehículos, la trata de personas. Los ejemplos sobran: el sur del Estado de México, Sinaloa, Tlaxcala, Guanajuato.

Sin entender esos aspectos es muy difícil no solo controlar sino transformar la realidad mexicana para que deje se ser solo un país, estados, municipios o ciudades que solo existen en la imagen de sus propios gobernantes.

La realidad mexicana es compleja.

Muchas veces indescifrable tanto para los académicos, los analistas y la comentocracia.

De los políticos ni se diga: no logran ni siquiera comprender su realidad más inmediata. Siempre controlados por números, por encuestas, por estadísticas construyen en su imaginación y en su discurso el país que desean ver. Eso les pasa a todos.

Mientras la realidad va por otros caminos.

Caminos propios cuyo objetivo final es la supervivencia dentro de un sistema que se caracteriza por su infinito número de pobres, por las desigualdades ahora más visibles que nunca, por el desorden en prácticamente todos los aspectos de la vida pública y social.

La sociedad se hace más compleja frente al Estado, frente a los gobiernos pues es la única manera de sobrevivir frente al discurso que ve un país que no existe. Se da en todos los órdenes de gobierno.

En la base de todo está la economía y la manera en que los hombres y mujeres sobreviven.

México tiene una estructura económica muy compleja pero visible. Sus economías, es decir, la manera en que la sociedad obtiene sus satisfactores tienen diferentes formas de organización.

De hecho son tres sistemas los que conviven y se excluyen pero se complementan para darle cierta estabilidad a la situación social: la economía informal, la economía formal y la economía del crimen organizado.

Cada una de ellas corresponde a estructuras sociales y de poder propias que dominan territorios, organizaciones y hasta pueblos y espacios.

La debilidad del Estado mexicano y sus instituciones las han hecho posible, decir lo contrario es desconocer la realidad más próxima.

La economía formal es la economía que controla el Estado en sus distintos ámbitos. Es la economía que recaba impuestos, que se encarga de la creación de obras de infraestructura, de la que se encarga de mantener el aparato burocrático que hace funcionar a las instituciones del Estado. Esta es la economía más estudiada en México, la que se analiza en las escuelas, de las que depende el PIB con el que se hacen las cuentas macroeconómicas.

Las otras han sido poco estudiadas pero cuya existencia es evidente.

La economía informal es aquella que se desarrolla dependiendo de las actividades de la economía formal pero que no se registran pero que subsisten dentro de su mismo ciclo. Tal es el caso de lo que se llama trabajo negro, es decir, todas aquellas actividades que no forman parte de la cuentas nacionales. Cubre actividades muy bastas: la plomería, la carpintería, la electricidad, la construcción, la agricultura, la reparación de automóviles que generan ingresos y consumo que no pagan impuestos salvo aquellos derivados del consumo. Se reduce a la típica frase que encuentra cualquier consumidor: “quiere con factura o sin factura” y con ello se ahorra el pago del IVA. La economía informal muchas veces responde al sentimiento del “para que pago si todo se lo roban los del gobierno”.

Por último y una economía que tiene grandes impactos regionales y que domina territorios, actividades y desarrolla una estructura de poder, de control pero también de beneficios y satisfactores a la población es la economía que se desarrolla en torno al crimen organizado, es decir, el narcotráfico, el robo de gasolinas, el huachicol, el robo de vehículos, la trata de personas. Los ejemplos sobran: el sur del Estado de México, Sinaloa, Tlaxcala, Guanajuato.

Sin entender esos aspectos es muy difícil no solo controlar sino transformar la realidad mexicana para que deje se ser solo un país, estados, municipios o ciudades que solo existen en la imagen de sus propios gobernantes.

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